Emma Aguado / SomosMass99
Acámbaro, Gto. / 11 de noviembre de 2014
La pregunta estaba en el aire: ¿qué hacemos con esta indignación, con este enojo ante lo que le sucede a nuestro país?, ¿qué hacemos para apagar la rabia, el descontento? Raúl Vera López contestó contundente: “necesitamos una Constituyente Popular”.
El obispo de Saltillo vino a Acámbaro, lugar en donde ofició un par de misas, presentó un libro, criticó a los poderosos, puso un dedo en varias llagas, hizo saltar corazones, incomodó a más de uno, tuvo un encuentro con activistas, todo en un mismo día. Causó sorpresa su agudeza y buen humor, su vigor, pero lo que la mayoría esperaba de él era sobre todo que diera respuestas: ¿qué hacemos con este dolor por Ayotzinapa, por México entero, hacia dónde canalizamos el coraje? Camino al Aeropuerto Internacional del Bajío, en Silao, el acambarense respondió otra vez: “Trabajemos en una Constituyente Popular”.
Vera López, premio nacional de derechos humanos en 2010, explicó que el proceso para conformar la Constituyente Popular podría ser la respuesta a la incertidumbre que prevalece en el país en este momento. Se trata de “un eje aglutinador conducido por etapas, con visión prospectiva. Su desarrollo va produciendo un modelo de ciudadanía”. El objetivo es formar ciudadanos que persiguen una verdadera democracia en sus pueblos, barrios, colonias, parajes, rancherías; se quiere “un nuevo sujeto comunitario con articulación social compacta, que delegue con toda libertad a quienes representan en las cámaras los deseos y aspiraciones del pueblo”.
Sería el punto de encuentro entre las y los ciudadanos que se van formando en el desarrollo del mismo. Se busca, en pocas palabras, reformar la Constitución, la Carta Magna, rehacerla completamente con la participación del grueso de la población, porque hasta ahora “toda persona conoce lo que está pasando en el Congreso (de la Unión) con la Constitución. Las leyes se han reformado para favorecer a unos cuantos grupos y personas”.
Por eso, dice Raúl Vera, “se debe diseñar una metodología adecuada para poner en manos de nuestro pueblo la Constitución. Los actores son académicos y especialistas en derecho constitucional, participación ciudadana y educación popular”.
De acuerdo a lo expuesto por el obispo de Saltillo nominado al Nobel de la paz en 2012, esta labor tendría que desarrollarse en un periodo de siete meses aproximadamente y se haría por etapas. La primera es precisamente la redacción de una nueva constitución, muy al estilo de lo que ocurrió en 1917, para integrar en ella la realidad del pueblo mexicano. “Se diseña un nuevo país que abre las puertas a una democracia participativa, al introducir en la constitución las figuras del plebiscito, referéndum y revocación de mandato”. Pero para lograrlo es necesaria la participación de mucha gente; para llegar al objetivo se necesita sobre todo que la información se multiplique, que se enriquezca, que se comparta, para que una vez integradas las inquietudes de la mayoría en la nueva constitución, un grupo de expertos la redacte y la regrese al pueblo que daría un primer veredicto; después el grupo de expertos haría las correcciones necesarias para que en un último paso, el pueblo apruebe la nueva carta magna, este proceso pretende además fortalecer el carácter ciudadano de los participantes.
Una vez terminada la nueva constitución, sin la participación de partidos políticos ni de institutos electorales, se procedería a elegir a los nuevos representantes populares en congresos federales y locales, con los distritos electorales vigentes y con la credencial de elector en uso. El nuevo congreso tendría un carácter verdaderamente popular y procedería a legitimar la nueva constitución que deberá imponerse al Estado actual.

- “Se diseña un nuevo país que abre las puertas a una democracia participativa, al introducir en la constitución las figuras del plebiscito, referéndum y revocación de mandato”.
De esta manera, según lo expuesto por Raúl Vera, también director del centro de Derechos Humanos fray Bartolomé de las Casas, la respuesta a la pregunta que se hace la mayoría parece estar precisamente en la mayoría, al menos en el panorama que plantea.
Esta semana, el dominico participará en la Ciudad de México como juez en el Tribunal Permanente de los Pueblos capítulo México durante la audiencia final del “Libre comercio, violencia, impunidad y derechos de los pueblos en donde se presentan más de 500 casos de violaciones de derechos humanos a través de las organizaciones sociales”. El resultado deberá ser un diagnóstico de lo que sucede en el país y un juicio popular al Estado mexicano. A partir de allí la pregunta que se seguirá haciendo mucha gente sobre cómo construir un nuevo país tiene ya por lo menos una respuesta: una Constituyente Popular.


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