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La maté porque era mía

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 20/11/2014

©Gaudencio Rodríguez Juárez

Psicólogo / [email protected]

Las causas del feminicidio son múltiples. Una de fondo, del orden individual-psicológico la describe con coraje el pensador contemporáneo, Eduardo Galeano, en la introducción a la canción “Nunca más a mi lado” que la banda uruguaya de música “No te va a gustar”, compuso para denunciar la también dura realidad que viven miles de mujeres de su país: la violencia de género. Dice Galeano:

“Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.

Asesinar a las mujeres por el sólo hecho de serlo es la manifestación extrema de la misoginia.

Recientemente, la Organización de las Naciones Unidas, al lanzar la campaña “Únete” para poner fin a la violencia contra las mujeres dio a conocer que en México se registran diariamente siete homicidios contra mujeres en promedio. La dimensión del problema debería provocar una reacción del mismo tamaño por parte de las autoridades responsables de garantizar la seguridad. Sin embargo, no es así.

La falta de reacción efectiva por parte de las instituciones públicas ha generado que diversas organizaciones de la sociedad soliciten la activación de la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres en algunos estados de la República, entre ellos Guanajuato, donde en un par de meses sabremos si se activará. ¿De qué depende? Del cumplimiento de 13 recomendaciones que el Sistema Nacional para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres emitió el pasado mes de julio con un plazo de seis meses para su cumplimiento.

“La golpeó, puso un fierro en su pecho, / mato la esperanza de un hecho / inventó un futuro desecho / Salió así su bravura cobarde infernal / tristemente aceptada, normal / hizo de eso un defecto / Generó movimiento en su ser / nunca más pudo ella volver / fue el silencio en esencia…”, canta la banda uruguaya.

Sí, la misoginia es peligrosa, implacable… letal. Obedece a un defecto en la identidad masculina que se torna más-culera ante la desconsideración, falta de empatía, miedo a las mujeres (culero significa miedoso en México, según el diccionario de la Real Academia Española), así como ante la creencia de que las mujeres son objetos propiedad de los hombres, en una sociedad donde aún impera la desigualdad entre unas y otros.

Para revertir la masculinidad destructiva se requieren muchas cosas, por ejemplo, educar a las niñas, pero sobre todo a los niños, en un espíritu de igualdad de sexos, tolerancia, paz, amistad, dignidad, solidaridad y libertad, tal y como mandata la Convención sobre los Derechos del Niño.

El gobierno es el garante de los derechos humanos, por lo tanto, el derecho a una vida libre de violencia es su responsabilidad, y los feminicidios, su grieta.

Ante el empoderamiento y potencial para la autonomía adquirido por numerosas mujeres en las últimas décadas, muchos hombres han intensificado el uso de la fuerza y sofisticado sus violencias. O sea, el miedo a las mujeres sin miedo (que cada vez son más) está irritando a no pocos hombres, de ahí la urgencia de la implementación de múltiples acciones de seguridad.

La escalada de feminicidios (2013 tuvo una cifra inédita en Guanajuato, con alrededor de 70) es un problema de seguridad, salud pública y derechos humanos, un problema de hombres, por cierto, de cuya solución existe serio alejamiento.

“El valor y el amor / los dos juntos pudieron ganar”. Hombres cambiemos el “pudieron” por el “pueden” cantando: “Chau, adiós agresor…”

25 de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.






Luis López




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