Contra la violencia
Agustín Galo Samario
Hoy jueves, en un escenario en el que cada vez hay más autoridades nerviosas, cientos o quizá miles de ciudadanos volverán a tomar las calles en Guanajuato. Al igual que las marchas que inundarán la Ciudad de México, aquí se repetirá la exigencia de que sean presentados con vida los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero, desde el 26 de septiembre.
No serán ya solamente expresiones de solidaridad con los estudiantes guerrerenses y sus familias. Previsiblemente serán nuevas muestras de hartazgo ante la falta de respuestas convincentes de las autoridades federales ante un hecho de tal gravedad que sólo es comparable a la matanza de Tlatelolco en 1968.
Si bien las protestas de hace unas semanas fueron convocadas principalmente por jóvenes estudiantes, ahora se sumarán aquí en Guanajuato las voces de maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y miembros del sindicato de telefonistas, que pararán labores al menos en la ciudad de Acámbaro.
Precisamente en ese municipio y en la capital del estado ocurrieron la víspera algunos hechos en los que se debe poner atención. En Acámbaro, a través de las redes sociales, empezaron a circular extraños llamados para que durante la jornada de hoy se agrediera a algún mando policiaco. Y en Guanajuato, a eso de la media noche, al menos un soldado y policías municipales trataron de amedrentar y desalojar a jóvenes estudiantes que iniciaron la protesta en el primer minuto del día, y que instalaron casas de campaña a un costado de las escalinatas de la Universidad de Guanajuato para pasar la noche.
La libertad de expresión y de manifestación de estudiantes, trabajadores y ciudadanos en general debe ser respetada a cabalidad. No hay pretextos. Las protestas tienen un sólo propósito: exigir justicia para los normalistas desaparecidos y sus familias, y demandar un México y un Guanajuato justos y democráticos. Las autoridades deben actuar con gran responsabilidad, nadie quiere que la pradera también se incendie en Guanajuato. En un ambiente tan tenso como el que hay en el país, no cabe otra cosa.
Comparte en Facebook
Twittéalo








