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No todo está perdido

Agustín Galo Samario / Diálogo Estado / No Todo Está Perdido / Top News / 02/12/2014

Protesta contenida

 

Agustín Galo Samario

 

El temor parece haber surtido efecto. Las manifestaciones realizadas ayer en por lo menos diez estados del país por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero, tuvieron menor asistencia que las que se llevaron a cabo el 20 de noviembre. En particular la que se realizó en la Ciudad de México, donde no tuvo efecto el hecho de que Enrique Peña Nieto cumpliera dos años al frente del gobierno federal.

Las protestas en la capital del país se vieron otra vez manchadas por la violencia. Todo había transcurrido en calma, pero al concluir la manifestación varios jóvenes arremetieron contra comercios y causaron destrozos a su paso. No se contuvieron ni con la presencia de decenas de visitadores de la Comisión Nacional de Derechos Humanos que terminaron por proteger, cuerpo a cuerpo, a las personas que protestaban pacíficamente.

Esta fórmula ha tenido sus consecuencias. Que las manifestaciones se desarrollen en calma y terminen violentamente ha provocado que muchísimos ciudadanos prefieran no participar. Hay un temor fundado de que las autoridades del Distrito Federal y del gobierno de la República no procederán para detener a quienes alteran la marcha cívica, sino a jóvenes y mujeres, principalmente, que nada tienen que ver en los desmanes. Los 11 detenidos arbitrariamente el día de la Revolución habrían servido de escarmiento.

En la manifestación de Guanajuato capital ocurrió algo similar. No acudió a la marcha el mismo número de personas que diez días atrás. Es evidente que el temor también se siente aquí. Algunos jóvenes, al terminar la protesta, tomaron el micrófono para pedir a sus compañeros que en la próxima temporada de vacaciones no pierdan comunicación y que estén atentos al llamado de solidaridad de quienes puedan necesitarla.

La inconformidad permanece, está ahí, difícilmente contenida. Por una misma razón: la masacre de estudiantes en Iguala, Guerrero, a quienes junto con sus familiares no se sabe cuándo se les hará justicia. Pero también por las tragedias particulares de cada lugar, por la inseguridad que no cesa, por la persistente corrupción, porque hay mucha decepción con la clase política que parece no representar a nadie más que a ella misma. No tanto porque el presidente Enrique Peña Nieto inicie su tercer año de gobierno en el punto más bajo de popularidad que se le haya conocido. Es que los problemas ahí están y no hay indicios de que pronto vayan a tener solución, ni siquiera con un decálogo.

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