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Atentos a la defensa de nuestra soberanía

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SOMOSMASS99

 

Por un México libre, justo y soberano*

Lunes 11 de agosto de 2025

 

Contexto

La permanencia de la crisis estructural del sistema capitalista ─que data, al menos, desde el último tercio del pasado siglo─ y el proceso de decadencia en el que se encuentra inmersa la mayor potencia imperialista, Estados Unidos, son dos aspectos importantes que inciden en la política que ese país despliega para paliar la crisis e intentar, si no recuperarse, al menos ralentizar su declive.
Tal política no es nueva. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento del armamentismo y la proliferación de conflictos y guerras en las que el imperialismo ha estado involucrado han sido constantes, como respuesta a una forma diferente de concebir el mundo y la realidad: el socialismo. Sin embargo, tras la caída de la Unión Soviética y la desaparición del campo socialista en Europa oriental, se incrementaron de manera notable el armamentismo, los conflictos y las guerras provocadas y promovidas por los imperialistas ─ahora con un enemigo nuevo: el terrorismo─ con el objetivo de controlar y dominar al mundo, bajo el mando único de Estados Unidos como la potencia hegemónica indiscutible, al grado de crear situaciones de grave peligro para la humanidad.

Pero la crisis en la que está inmerso el capitalismo es implacable y es la principal causa de la decadencia del sistema y de su potencia hegemónica. Esta situación lo vuelve cada vez más agresivo y peligroso, ya que para sustentar y mantener su poder y dominio el imperialismo necesita del despojo de las riquezas naturales y la explotación del trabajo de los pueblos; y la primera condición para lograrlo es la violación de su soberanía.

El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y su plan de hacer grande nuevamente a su país, sus ansias expansionistas y anexionistas, acompañadas con su ofensiva arancelaria contra todo el mundo ─incluso a sus aliados─, ha vuelto más complicada la situación internacional, porque intenta someter a otros países y alinearlos a sus intereses en su diferendo con China y contra aquéllos a quienes considera sus enemigos.

El peligro para México

Diversas circunstancias políticas y económicas, algunas de alcance global y otras regional, han propiciado una mayor intensidad en la agresión injerencista del imperialismo, sobresaliendo las acciones de todo tipo puestas en práctica por su representante hegemónico, es decir, la gran oligarquía estadounidense encabezada en estos momentos por Donald Trump y el puñado de poderosos multimillonarios que lo impulsaron para colocarlo como presidente de Estados Unidos.
Nuestro país se ha convertido en uno de los principales blancos elegidos para dirigir la acometida imperialista. Esto obedece a dos situaciones bien definidas. Por una parte están los avances que ha alcanzado México en diversos ámbitos a raíz de la llegada de López Obrador a la presidencia de la república en 2018, gracias a un amplio apoyo popular que surge a partir de un programa sustentado en acciones de corte antineoliberal y profundamente nacionalistas, todo lo cual representa un ejemplo para otras naciones, lo que es inaceptable para el imperio. Por la otra, está la posición geoestratégica de nuestro país en el marco de la reconfiguración económica con la que las grandes empresas estadounidenses pretenden incrementar sus ganancias.

Son varios los temas que el gobierno estadounidense, sus agencias y los organismos internacionales que se pliegan cada vez más a sus intereses utilizan para intervenir en asuntos que debieran ser discutidos, analizados y resueltos exclusivamente por los mexicanos en función del interés popular y nacional y, en todo caso, si en realidad tuvieran relevancia para los dos países, debieran ser tratados en un marco de respeto y colaboración y no imponiendo condiciones favorables a Estados Unidos mediante medidas coercitivas e injerencistas, como lo hace ahora el gobierno encabezado por Donald Trump. En los siguientes apartados mencionaremos brevemente los asuntos que más atención han tenido en los años recientes. Cabe resaltar que en la mayoría de ellos Estados Unidos es el principal responsable de su origen y agudización, todo lo contrario a la narrativa imperial que pretende asignar a México su responsabilidad y, por tanto, someterlo mediante sanciones e impuestos de todo tipo.

1. La migración

Ante la reiterada invitación del gobierno de México, Estados Unidos se ha negado a invertir en fondos destinados a financiar programas productivos en los países centroamericanos y del Caribe, cuyo propósito sería el de reducir las causas que motivan la migración. Por el contrario, su respuesta ha consistido en utilizar el fenómeno migratorio para ejercer presiones sobre México, no solamente lesionando nuestra soberanía sino también violando los derechos de las personas migrantes, todo mediante medidas como las siguientes:

  • Amenazas económicas (aranceles).
  • Coerción en los acuerdos bilaterales.
  • Imposición de programas como “Quédate en México”.
  • Exigencia de medidas de contención migratoria en nuestra frontera sur.
  • Obligado despliegue militar y uso intensivo de la Guardia Nacional.
  • Aceptación de recibir a migrantes de otros países expulsados desde EE. UU.
  • Deportación de indocumentados a cárceles en El Salvador, especialmente al Centro de
  • Confinamiento del Terrorismo (CECOT).
  • Construcción y próxima puesta en operación del centro de detención para migrantes denominado Alligator Alcatraz.
  • Política migratoria de mano dura, con redadas masivas con efecto disuasorio mediante acciones de gran visibilidad mediática, como el vandalismo tras la bandera de México.

2. El narcotráfico

Según informes de la ONU y otras organizaciones internacionales, el narcotráfico es una de las actividades ilícitas más lucrativas del mundo, con un valor estimado que supera los 400 mil millones de dólares anuales, monto mayor que el PIB anual de 17 de los 38 miembros integrantes de la OCDE. Estas cifras dan cuenta de la vasta demanda global de drogas ilegales, así como de la complejidad de las redes de producción, transporte, distribución y lavado de dinero. El negocio abarca desde pequeñas operaciones locales hasta cárteles transnacionales que controlan rutas marítimas, aéreas y terrestres, con vínculos estrechos con estructuras financieras legales y actores políticos corruptos. Su tamaño económico no sólo distorsiona mercados y gobiernos, sino que también financia y promueve la violencia, desestabiliza regiones enteras y debilita instituciones judiciales y de seguridad en múltiples países.

En particular, el narcotráfico con destino a Estados Unidos tiene un valor que se estima entre 100 mil y 150 mil millones de dólares anuales, es decir, más del 25% del comercio mundial de drogas ilícitas se utiliza para proveer la demanda de estupefacientes de los estadounidenses. Estas cifras incluyen el comercio de cocaína, metanfetaminas, heroína, fentanilo y marihuana, e involucra complejas redes que se extienden desde los países productores hasta los mercados en las calles de Estados Unidos, donde se concentra la demanda. La magnitud de este flujo económico ilícito además de financiar a cárteles y bandas criminales también corrompe organismos financieros, políticos y de seguridad, erosionando a las instituciones tanto en los países de tránsito como en el consumidor.

En lugar de tomar como punto de partido para elaborar un plan, el hecho irrefutable de que la demanda de drogas en Estados Unidos es la principal promotora de la producción, tráfico y distribución de narcóticos y todas las consecuencias negativas que conlleva, comenzando, desde luego, por los centenares de casos de muerte a la que conduce el consumo y la participación en las actividades ilícitas, el narcotráfico es utilizado por el gobierno yanqui para inmiscuirse en los asuntos de los demás con el pretexto de combatirlo. Es así que ese enorme mercado desde hace mucho tiempo se convirtió en un ariete para golpear a los países a los que se acusa de no colaborar suficientemente para perseguir y aniquilar a las bandas dedicadas a esas actividades, convirtiéndose en una de las formas más acentuadas para estrechar la posibilidad de ejercer su soberanía.

En los últimos años, sobre todo con el aumento en el comercio ilegal del fentanilo y las graves consecuencias de devastación física y muerte para los cientos de miles de jóvenes norteamericanos que lo consumen, el gobierno de Estados Unidos ha intensificado severas y arbitrarias acciones en contra de los países que a su sesgado modo de parecer producen esa droga y la introducen ilegalmente a ese país. Entre esas medidas están las siguientes:

  • Reforzar la militarización de su frontera con México.
  • Amenazar con sanciones económicas para obligar a México a dedicar más destacamentos militares y cuerpos de seguridad para vigilar la frontera.
  • Catalogar a algunos cárteles mexicanos no como delincuencia organizada sino como grupos terroristas, lo cual implica la posibilidad de intervenciones armadas directas (como ataques con drones, redadas o misiones en el extranjero) al amparo de la defensa contra el terrorismo.
  • Señalar, sin pruebas, a instituciones financieras mexicanas de facilitar el lavado de dinero y utilizarlo para la compra de precursores de fentanilo, con el riesgo de desestabilizar el sistema bancario de México.
  • Negociar con grupos criminales mexicanos para apoyarlos en su disputa por las actividades delincuenciales, intensificando la violencia y rompiendo la paz social.

3. Los aranceles y el intercambio comercial

La política de aranceles impuesta por el gobierno federal de Estados Unidos encabezado por Donald Trump, violando sin ningún recato el tratado comercial que tiene con México y Canadá, pretende trastocar varias ramas industriales en nuestro país, de manera destacada la automotriz, la de autopartes y la de la industria del aluminio y el acero.

Ha sido evidente que los aranceles no sólo tienen el propósito de ser utilizados como herramientas coercitivas para lograr otros fines, como el migratorio y el de seguridad nacional. Intentan también debilitar la economía de nuestro país, tanto para frenar el proceso de transformación que se desarrolla como para recuperar su influencia en las decisiones de política industrial y comercial de México.

Hasta el momento, en el terreno económico los aranceles no han tenido los efectos que previeron las calificadoras al servicio del imperialismo. El valor del peso se ha sostenido e incluso recuperado, la inflación permanece bajo control, el crecimiento de la economía continúa siendo positivo, la confianza en la economía nacional por parte de los industriales e inversionistas se ha mantenido sólida, los niveles de desempleo no han aumentado.

Sin embargo, los riesgos son mayores tanto por la intensidad de la agresión imperialista como por la dependencia que la economía mexicana manifiesta con respecto a la de Estados Unidos.

4. Otros argumentos utilizados para atentar contra nuestra soberanía

En la comprensión de los mecanismos utilizados para mermar la capacidad del pueblo y el gobierno de México para ejercer cabalmente su soberanía, es necesario tomar en cuenta la forma en que se atienden y resuelven asuntos de carácter bilateral México-EEUU, entre los que destacan los siguientes, que en estos tiempos están en curso: los recursos hídricos compartidos por los dos países, las plagas y otros asuntos biológicos, la denominación del Golfo de México.

Asimismo, es importante estar atentos ante posibles reacciones en instancias internacionales tendientes a minar la concreción de la reforma judicial, con el relevo de los juzgadores que se llevará a cabo el 1 de septiembre, así como la extinción de los organismos autónomos y la entrada en vigor de las entidades que los sustituirán, incluso en los que esto último ya ha ocurrido.

A manera de conclusión

Podemos decir que a lo largo de su historia nuestro pueblo ha mantenido una constante lucha por su soberanía, en la que se han tenido importantes victorias; entre las más significativas podemos citar: la derrota del intento de imposición de un imperio subordinado a Francia; el derrocamiento de la dictadura de Díaz; los cambios sociales y económicos derivados del cardenismo, entre ellos, la recuperación del petróleo mediante su expropiación y nacionalización y, la más reciente, la derrota electoral de los neoliberales y la decisión mayoritaria de transformar el país. No menos importantes han sido una serie de luchas sociales desplegadas por distintos sectores de nuestro pueblo en busca de mejores condiciones de vida y trabajo.

Por su situación geográfica y por lo que representa, no tanto para la economía de Estados Unidos, sino para los sectores dominantes del capital monopolista industrial y financiero de este país, México ha adquirido una relevante importancia estratégica y geopolítica para el imperialismo yanqui, quien intentará involucrar a nuestro país como un aliado a su favor en la pugna contra China. En este sentido, el nuevo embajador yanqui ha hecho un llamado para «[…] enfrentar juntos [a China] como aliados estratégicos y principales socios comerciales».

Habría que tener presente que desde el inicio del anterior gobierno, en el que comenzó el actual proceso de transformación, nuestro país ─como todos los que tienen gobiernos de tendencia progresista, de izquierda, o los que simplemente en el ejercicio de su soberanía no se subordinen a los designios de Washington─, es objeto de diversas formas de injerencia extranjera ─principalmente por parte de Estados Unidos y la derecha internacional, siempre en alianza con la oligarquía y con la desprestigiada y disminuida derecha electoral local─, para en alguna medida desacreditar interna e internacionalmente al gobierno actual con miras a lograr un cambio de régimen: uno subordinado a Estados Unidos en todos los aspectos.

Si a México, considerado por el embajador Ronald Johnson como «aliado estratégico y principal socio comercial», además de las amenazas y presiones relacionadas con el tráfico de drogas y migración, le imponen aranceles e impuestos ilegales a las remesas de los trabajadores mexicanos y les dan trato de criminales, ¿cómo espera Estados Unidos que nuestro país se alinee y lo apoye en su ofensiva contra China ─y otros países a los que considera enemigos─ y de paso contribuya al verdadero gran sueño yanqui: la realización de su Destino Manifiesto? Por si fuera poco, días después de que el embajador yanqui nos calificara de ese modo, ahora, según la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, somos uno de sus «adversarios extranjeros», lo que nos convierte en blanco de su irracional política.

México no puede ser parte de esa «corte» que el imperio requiere para «legitimar» sus agresivas y peligrosas acciones. Nuestro país ha abogado siempre por la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, como una forma de respeto a la soberanía y de mantenimiento de la paz.

Si para el imperio es inaceptable y le incomoda que los países ejerzan su soberanía, es precisamente el ejercicio pleno de esa facultad, exclusiva de los pueblos, la mejor forma de defensa contra el imperialismo.

Es previsible que la acción del imperialismo y sus aliados locales se enfoque, entre otros, en dos escenarios importantes: el primero, la elección de 2027, en la que intentará debilitar a la coalición de partidos que impulsan el proceso de transformación, para evitar que alcancen la mayoría calificada en las cámaras legislativas, con el objeto de frenar tal proceso; el segundo, apunta a crear las condiciones políticas que le permitan recuperar el gobierno federal en la elección de 2030, para revertirlo; de no lograr esto último, intentarán, al menos, cumplir con el primero.

Nuestro país transita por un proceso de transformación que cuenta con la aprobación de la mayoría de la población. Es importante que las medidas y los cambios que se implementen realmente en favor del pueblo se lleven a sus últimas consecuencias, propósito que podrá lograrse con la participación y apoyo del pueblo, lo que requerirá de mayores niveles de conciencia y organización; de ahí la necesidad de fortalecer la organización popular e impulsar su participación en la defensa de la soberanía y del proceso de transformación. Por otra parte, los errores y desviaciones que se presenten será preciso enfrentarlos con actitud crítica; y, sobre todo, autocrítica, que nos permita su corrección.

Aun con el desprestigio que acarrea, la oposición electoral de derecha ─y sus aliados internos e internacionales─ continuará en su intento por retornar a las condiciones que acentuaron en favor de la burguesía el poder y privilegios que vivió durante los gobiernos neoliberales, por lo que continuará con sus acostumbradas y conocidas prácticas, que, sin comprender los alcances de la transformación en marcha, tienen como principal característica un alejamiento total de la realidad. Además, persistirá en sus anhelos y esfuerzos para que se incremente la injerencia extranjera y se produzca una «salvadora» ─para su causa─ intervención yanqui en nuestro país.
No olvidemos que, aun con todo su desprestigio, detrás de esa derecha electoral están la oligarquía y la alta burguesía ─con fuertes vínculos con el capital transnacional─, grupo que conserva casi intacto su gran poder económico y mantiene relaciones e influencias importantes en diversas instancias del gobierno y el Estado.

Dada la actual situación internacional ─y la inoperancia de la ONU, la OEA y otros organismos internacionales controlados o limitados por los imperialistas─ cabe esperar todo tipo de presiones para que México apoye y se alinee con la política exterior de Estados Unidos (sobre todo en los diferendos con China, Rusia, Irán, Cuba, Venezuela, y Nicaragua) lo cual nos aislaría y quedaríamos expuestos a una mayor dependencia y subordinación, condición de la que sería muy difícil salir. Cabe tener presente que durante la etapa de gobiernos neoliberales se agudizaron formas de dependencia al extremo peligrosas, como la alimentaria, la económica y la financiera, que podrían ser áreas de presión contra nuestro país.

Aun cuando con la reforma al Poder Judicial la derecha perdió a una parte de sus aliados, insistirá en su táctica del golpe blando, más ahora con la nueva titular de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la connotada anticastrista Rosa María Payá. En este aspecto puede aprovecharse de inconformidades internas para lograr su propósito.

Las administraciones federales que han impulsado el proceso de transformación a lo largo de los últimos siete años han venido sorteando, con inteligencia y con base en el apoyo popular, los peligros que encierra la agresiva política internacional del gobierno norteamericano presidido por Donald Trump. Sin embargo, habría que estar atentos al continuado injerencismo de gobiernos y organizaciones extranjeras que en franca violación a nuestra soberanía atentan contra el proyecto de construcción de un país distinto del que impuso el neoliberalismo.

Por otro lado, los pueblos latinoamericanos y caribeños compartimos una identidad histórica y cultural muy similar: padecimos del dominio colonial y cuando obtuvimos nuestra independencia, ésta no fue total, ya que iniciamos esa etapa con fuertes lazos de dependencia y dominación en diversos aspectos e intensidad. Este hecho deja ver la necesidad de conjuntar esfuerzos y solidaridad que complementen nuestras capacidades y ventajas para de esa manera, con pleno respeto a la soberanía de cada país, enfrentar, integrados, los desafíos que surjan del proceso de desarrollo y las amenazas del imperialismo.

 

* Por un México libre, justo y soberano:

Agustín Ramírez Agundis, Manuel de la Torre Rivera, Eduardo Ocampo, Magdalena Galindo, Carmen Galindo, Cecilia Madero, Gastón Martínez Rivera, Ana Francisca Palomera, Sandra Céspedes Cruz, Alfonso Díaz Rey, Rosa Elena López Escalera, Miguel Ocampo, Fernando Ruiz Noriega, Ignacio López Amezcua, Natalí Herrera, Emma Lorena Cifuentes, Sandra Céspedes Cruz, Fernando Baca Amador, Oscar Alzaga Sánchez, Jorge Soto Velázquez


Foto de portada (ilustrativa): Jorge Aguilar-(@jorgeaguilar) / Unsplash.

 




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1 Comentario

el 15/08/2025

drxdzk



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