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NO TODO ESTÁ PERDIDO
Agustín Galo Samario
Aunque es posible advertir que buena parte de los medios de comunicación en el país están sumidos en el mercantilismo y al servicio del poder, Carmen Aristegui había sido hasta este fin de semana ejemplo de aquellos que habían podido levantarse contra las pretensiones empresariales y gubernamentales de acallar la voz de los periodistas independientes.
Sabemos desde hace rato que la ruta de la clase política en general y las aspiraciones democráticas de los mexicanos van por caminos paralelos. El PAN, primero con Vicente Fox en 2000-2006 y luego con Felipe Calderón de 2006 a 2012, incumplió su promesa de acabar con el autoritarismo que tanto le criticó al PRI desde mediados del siglo pasado. No sólo no acabó con esa forma de gobierno, sino que lo renovó. Tanto que terminó por devolverle a ese partido la presidencia de la República en 2012, cuando perdido el pudor Fox apoyó abiertamente la candidatura de Enrique Peña Nieto.
Es a ese régimen priista al que hoy favorece la empresa de Joaquín Vargas. MVS alega que no acepta ultimátum alguno de Carnen Aristegui, quien exigió la reinstalación de sus compañeros Irving Huerta y Daniel Lizárraga, despedidos de forma fulminante por supuestamente haber utilizado sin autorización recursos de la compañía para aliarse con otros medios de comunicación en la plataforma México Leaks. Detrás, pero no olvidadas, están las informaciones reveladas por la unidad de investigaciones especiales sobre la Casa Blanca de la esposa de Peña Nieto, la ex actriz de Televisa Angélica Rivera, y muchas historias más que durante los dos últimos años no han sido del agrado de Los Pinos. Ahí quedan los largos segmentos al aire dedicados a dar cuenta críticamente de las reformas educativa, laboral, hacendaria, energética y de telecomunicaciones; de la licitación del tren rápido México-Querétaro y de los contratos concedidos al Grupo Higa en tiempos de Peña Nieto en el Estado de México y ahora en la presidencia de la República; del presunto delito de trata de personas del ex dirigente del PRI en el DF; del caso Tlatlaya, la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa y de la violencia generalizada en el país, que lastima particularmente a los que tratan de ejercer un periodismo más libre y comprometido con la sociedad.
Estamos ante el desenlace esperado, pero no deseado. Anunciado desde los tiempos de Felipe Calderón y ahora llevado a cabo hasta sus últimas consecuencias contra una periodista que en sus emisiones propugna por la toma de conciencia sobre lo que sucede en este país. En este sentido, no es aventurado presumir que la participación de Carmen Aristegui en México Leaks, plataforma para la filtración segura de documentos, pudo ser considerada peligrosa por quienes en el régimen tienen algo o mucho que ocultar.
La salida de Carmen Aristegui y su equipo de MVS representa un golpe que quizá pueda ser comparado al de Excélsior en 1976. Pero igual que sucedió entonces con don Julio Scherer, Vicente Leñero y Miguel Ángel Granados Chapa, seguramente Aristegui y sus colaboradores encontrarán nuevos espacios donde podrán expresarse libremente. Ello depende en buena medida de los ciudadanos, de todos aquellos que coincidan en que México necesita información libre y de medios de comunicación independientes.
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