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NO TODO ESTÁ PERDIDO
Agustín Galo Samario
Como pocas veces, la ausencia de un candidato resonó tan fuerte como la de José Ángel Córdova Villalobos ayer en la firma de la Declaratoria de Compromisos del Candidato. Aunque eso, en sí mismo, signifique un reconocimiento a la figura de un personaje sin carisma, carente de un discurso congruente con su condición de aspirante a la alcaldía leonesa por el PRI y que sólo porque ese partido lo postuló tiene posibilidades de obtener el cargo.
Cierto es que también es candidato del PVEM y Panal, pero le basta con el apoyo de las siglas priistas y, sobre todo, de su poderío económico para que sea considerado uno de los principales contendientes. Atenido a eso es que quizá decidió desdeñar la invitación del Observatorio Ciudadano de León y privarse de escuchar el diagnóstico sobre las dolencias que aquejan al municipio que pretende gobernar.
En la memoria de un sinfín de ciudadanos atentos a la política permanece la tormentosa aventura que protagonizó en 2012 y que hizo recordar su verdadera dimensión: un político mediano en el ámbito estatal. Premiado por el PAN por su paso en el Consejo General del IEEG, al convertirse en diputado federal en 2003 sustituyó su inexperiencia política por la amistad con Margarita Zavala, de cuya mano se sirvió para extender la relación hasta el esposo, Felipe Calderón, el que a su vez lo condujo a la Secretaría de Salud del gobierno de la República en 2006.
Como médico de profesión, su probada capacidad lo llevó a ser considerado uno de los mejores secretarios del ramo en el mundo al enfrentar con éxito la epidemia de influenza A-H1N1 en 2009. El logro obtenido como profesional de la salud creyó poder trasladarlo a la arena política al decidir regresar a Guanajuato para pelear la candidatura panista al gobierno del estado. Su fracaso, atribuido por él no a su precariedad en el conocimiento de las artes de la política sino a las triquiñuelas de su contrincante Miguel Márquez, de las que dijo tener pruebas pero que declinó presentar, lo llevó al despecho y de ahí a la decisión de renunciar al PAN. Buscó ser postulado por el PRI, pero se topó con un político: Juan Ignacio Torres Landa, que con un manotazo en la mesa ganó para sí la candidatura.
Escaso de memoria para recordar estos episodios, Córdova Villalobos presume de su trayectoria. Sin embargo, su negativa a aceptar la convocatoria del Observatorio Ciudadano de León no es solamente una falta de respeto a quienes lo invitaron sino una nueva muestra de lo que en realidad está hecho. Ni siquiera tenía la obligación de firmar la Declaratoria de Compromisos del Candidato; bien pudo presentarse y explicar de frente a sus interlocutores las razones por las cuales decidió no sumarse a la iniciativa del observatorio. No sólo habría demostrado entereza para enfrentar los retos que le son naturales a cualquier candidato, también desaprovechó la oportunidad de extender su prestigio de médico a su condición de político. Prefirió no dar la cara y mostrarse como un aspirante a la alcaldía de León poco confiable, evasivo y que teme someterse al escrutinio de los ciudadanos.
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