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Niños estresados

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 16/07/2015

SOMOSMASS99

 

©Gaudencio Rodríguez Juárez / Psicólogo

 

“El estrés infantil ha aumentado de manera peligrosa, incrementando las enfermedades psicológicas y los suicidios en niños debido a la presión social para que sean perfectos y siempre felices”, afirma el periodista Carl Honoré.

Actualmente muchos niños (la palabra se refiere también a las niñas) de clase media y alta viven bajo presión y vigilancia constante y excesiva.

Al disminuir el número de hijos, las expectativas y atenciones de padres a hijos aumentaron.

Ahora se les inscribe en sistemas educativos caracterizados por el fomento de la competencia, la exigencia en el dominio de conocimientos y acumulación de información.

En dichos sistemas no cabe un niño realmente niño, es decir, aquel cuya naturaleza y vitalidad lo empuja hacia el movimiento, la actividad, la exploración, y en ocasiones hacia la desobediencia. Aquel que no tiene la habilidad de memorizar o cuyo temperamento activo le dificulta pasar horas sentado en una silla aprendiendo pasivamente se le etiqueta como “hiperactivo” y se le controla con medicamentos.

El exceso de cursos y talleres extraescolares a los que se les inscribe, aunado a la falta de espacios seguros para jugar en la ciudad, para encontrarse con otros niños, así como la existencia de algunos sistemas educativos que diariamente les dejan tareas que consumen hasta cuatro horas de su tiempo —que se traducen en ¡cuatro horas menos para descansar, para jugar, para estar con amigos o familiares!, ¿no te parece mucho?— están generando dinámicas que  imposibilita que los niños sigan su crecimiento natural y espontáneo.

Durante la edad escolar, las principales metas del desarrollo del niño son: establecer las bases de conducta para la adolescencia, relacionarse de un modo armonioso con sus padres, desarrollar actividades físicas, aumentar el círculo de amistades, sentirse parte de la familia, desarrollar un raciocino lógico y adquirir mayor independencia. Aquí el papel de los padres y maestros debería ser el de ofrecerles oportunidades para que tales metas se cumplan.

No será el exceso de escuela, tareas, cursos y talleres, lo que lo facilitará, sino la posibilidad de encontrarse en la convivencia con otros niños y con sus padres en un ambiente de tranquilidad, seguridad y recreación, no de presión y resultados.

Nunca como ahora, los niños habían presentado tal cantidad de cuadros que anteriormente eran solo de adultos: depresión, ansiedad, colitis, gastritis, trastornos del sueño y de la alimentación, suicidio, etcétera, los cuales tienen mucho que ver con la sobre exigencia, con la prisa en que han de crecer, con los resultados que deben dar. La presión los aplasta y unos explotan hacia afuera (se tornan violentos, delinquen, destruyen) y otros explotan hacia adentro (enfermando, destruyendo o desorganizando su cuerpo).

Cuanta razón tiene Honoré al afirmar que se puede lograr mucho más haciendo menos y con menos presión, para que los niños no tengan miedo a equivocarse, a jugar o a aburrirse.

No olvidemos que todo tiene su tiempo y su lugar. El del niño es el jugar. Confiemos en que jugando se aprende. Por lo tanto, jugar no significa perder el tiempo, jugar es vital, por eso es uno de los derechos más importante de los niños.

 

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Luis López




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