SOMOSMASS99
Alfonso Pedraza Pérez
Martes 13 de octubre de 2015
Médico Cirujano, por la UNAM.║ Fundador y coordinador del Taller de Minificciones de Ficticia, que fue tema del artículo “Del papel a la red: lugares de legitimación de la minificción” Laura Pollastri (2004).
Ha publicado en las antrologías: “Cien fictimínimos”, “Minibichario: Libro de los seres no imaginarios”, “Alebrije de palabras”, “Cuentos pequeños, grandes lecturas” y “Futbol en breve. Microrrelatos de jogo bonito”, “Ecos del Nido” en las revistas: El Búho, La risa de la hiena, Pleisosaurio, Los escribas. Los diarios: La Jornada Semanal, El extra de la laguna, Metrópolis, Tal Cual de Venezuela, El nacional de Caracas. Y en muchas páginas electrónicas dedicadas al tema.║Publicó artículos sobre minificción en: Hostos Community College de CUNY, Revista Pleisosaurio, de Perú y Cultura de VeracruZ.
Fue jurado del Premio de Cuento corto Agustín Monsreal 2011 ║Compilador de “Cien Fictimínimos. Microrrelatario de Ficticia” (2012, Ficticia Editorial, Biblioteca de cuento contemporáneo, No. 34) ║Compilador de “Minificcionistas de EL CUENTO, revista de imaginación” (2014, Ficticia Editorial) ║ Crea los blogs: “Arca Ficticia” (www.arcaficticia.com) escaparate de los trabajos de 13 años del taller de minificciones de Ficticia; “Minificciones de “El cuento, revista de imaginación” (www.minisdelcuento.wordpress.com) dedicado a mostrar al mundo, las minificciones que Edmundo Valadés seleccionó para su memorable revista; Y “Plasticidades” (www.plasticidades.wordpress.com) que contiene sus propios textos. Actualmente produce y conduce el programa “Gente de pocas palabras” Espacio radial dedicado a la difusión de microficción universal, por XECARH 1480 A.M.
DEMASIADO TARDE
(Minificción De la serie Del Amor. Del amor XVII)

-Viera qué buena me ha salido la Juanita, casi nunca se enferma y con nuestros cinco chamacos, tan sanos y brincones como ella.
Esto me decía Lencho en una noche de lampareada buscando tlacuaches y liebres en el monte cercano del pueblo.
Mire esa luna, me decía, me recuerda a la Juana cuando era joven. Blanca, redondita y pícara la mocosa, se tapaba la cara con el rebozo a lo mesmo que hacen las nubes cuando le tapan la luminosidad a ratos.
Ni un ojo brillaba entre las matas, sólo los grillos en su monótono chirriar y algún ladrido lejano nos hacía notar el profundo silencio que imperaba.
Siguió su confidencia.
-Una noche de luna como esta jue que había ido a buscarla a su casita, una de sus hermanas que sale y me comenta: Lencho, la Juanita si jue con el Tomás, quesque la iba a llevar a la capital, que ya tenía, y trabajo seguro. A lueguito sentí que se la llevaba a la mala pues siempre le había tenido ganas a la chamaca, y ésta, tan ligera como sus pies. Así, que me apresuré y fui por el caballo para alcanzarlos, no juera que llegara demasiado tarde.
Su cara enrojeció al encender un nuevo cigarrillo y un ligero temblor en su voz me impidió preguntar lo obvio.
-Los encontré tiempo después, no me preguntes cuándo ni cómo jue que la traje, compadre. El caso es que ya con el tiempo comprendí que para un corazón sencillo y enamorado como era el mío, sea la hora que juera, nunca iba a ser demasiado tarde.
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