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Cuando Mankell hizo salir de escena a Wallander

Para Ver, Oír y Comer / Top News / 14/10/2015

SOMOSMASS99

 

Antonio Dipollina / lahaine.org

Martes 13 de octubre de 2015

 

Henning Mankell (1948-2015)

El último acto para nosotros, público fiel, serán los últimos, y de verdad últimos, episodios por llegar del Wallander televisivo: suntuoso, con el sello de la BBC, con Kenneth Branagh como protagonista. Acaso la adaptación más alta de las últimas décadas en este género [después de la versión sueca, sin dudas la mejor]. Luego, verdadero telón, con la cortina que había empezado a bajar ese feísimo día en que Henning Mankell anunció su enfermedad y con tonos que hacían comprenderlo todo.

Hacer comprender sus intenciones era por lo demás siempre un deber:  llevaba encima con los años el singular – amén de difundidísimo entre sus colegas – síndrome del personaje perfecto, creado sobre el papel y adorado por millones y millones dispersos por el planeta. Desde fuera nos da siempre por pensar que alguien en condiciones de crear una cosa semejante debería cultivarla como una planta rara y producir cada vez más frutos y no pedirle nada más a la vida, casi celosos de saber que nuestro autor piensa cada tanto también en otra cosa: por el contrario, Mankell después de todos aquellos libros de ventas millonarias, se encontró sufriendo banalmente el personaje al que permanecía encadenado. INTERIORES-WALLANDER-2

Las demás novelas (aparte de ‘El profesor de baile’) no movían a las masas. Él partía para su amado Mozambique, o bien se iba en primera persona a apoyar las causas más ingratas del mundo, como la Flotilla de la Libertad antiisraelí a Gaza.

Para quien se quedaba en casa pegado a los libros de Wallander la única posibilidad era releerlos, o repasar en video la saga con Branagh como protagonista (existe también la larguísima serie de telefilmes breves «tomados de novelas de», pero eran productos de consumo, a lo Derrick, y no podían ni pueden bastar). El síndrome, empero, era duro y él era feroz, si lo recuerdan, hace pocos años, en el Salón del Libro de Turín, impecable y profesional, pero de pésimo humor. Sobre todo en las decisiones drásticas: cuando ya no pudo verdaderamente más con Wallander, eligió una salida de escena mortal. O sea, no hacer morir al personaje -de eso todos son capaces- sino condenarlo al Alzheimer y sobre esto construirnos la última novela (luego apareció un precedente inédito, y ya se sabe cómo son estas cosas, pero esta decisión sigue siendo fortísima e inquietante).

Wallander era el detective perfecto, encarnando una mezcla imposible de ignorar entre tonos tardo-maigretianos y brumas de Suecia, una montaña de debiilidades encerradas en un envoltorio de hierro humano. Él, Mankell, cuando se produjo definitivamente la explosión de la novela negra escandinava gracias a Stieg Larsson, tenía el aire de preguntarse qué había sucedido hasta aquel momento entre él y millones de seguidores: mientras en Ystad, Scania, Suecia meridionalísima, se hacían de oro llevando a los turistas a los lugares de Wallander, Mariagatan 8, la dirección de su casa.

Henning Mankell (1948-2015) célebre escritor sueco y maestro de la novela negra escandinava contemporánea, conocido sobre todo por su serie del inspector Kut Wallander, y comprometido militante anti-imperialista, falleció el pasado 5 de octubre.

La Repubblica, 6 de octubre de 2015

(Traducción: Lucas Antón para Sin Permiso. Extractado por La Haine).






Luis López




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