SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez
¿A qué le tiene miedo quien ya está recibiendo los golpes?
A morirse, yo creo.
Xavier Velasco, Éste que ves
El maltrato infantil es un terremoto en un cuerpo en formación. Los golpes dejan marcas en la piel haciendo fácil la detección. Pero el maltrato psicológico es el más invisible de las violencias, lo cual lo vuelve altamente peligroso.
La dimensión del daño está determinada por el ambiente en que se desarrolla el niño, sus características, el perfil del agresor y el tipo, intensidad y frecuencia de los malos tratos. El neuropsiquiatra Jorge Barudy, identifica cuatro áreas que se ven afectadas, a las que añado ejemplos de sus manifestaciones:
1. Trastorno del apego: impide establecer relaciones sanas consigo mismo y con los demás.
2. Trastorno de la socialización: pobre capacidad para establecer vínculos sociales y de amistad, timidez, desconfianza en los otros; miedo, complacencia u oposicionismo hacia los adultos; tendencia a resolver problemas interpersonales de manera violenta…
3. Trastorno del desarrollo: pobres habilidades de lenguaje, conocimiento y motricidad; mala autoimagen, baja autoestima e inteligencia, dificultad en el manejo de los impulsos, problemas escolares…
4. Trastorno de los procesos resilientes: las capacidades resilientes son aquellas que permiten a los/as niños/as un desarrollo sano a pesar de los obstáculos y dificultades que derivan de sus vidas. La incapacidad resiliente trae como consecuencia depresión, suicidio, psicosis, toxicomanías, etcétera.
En la actualidad un gran número de padres/madres que desean evitar lastimar física o psicológicamente a sus hijos/as, terminan incurriendo en otra modalidad que aún no aparece en la taxonomía del maltrato: la sobreprotección y permisividad excesiva.
Si nos apegamos a la definición de maltrato infantil de la OMS, encontraremos que éste abarca todas las formas que originan un daño real o potencial para el desarrollo, la salud o dignidad del niño/a. Y justo eso es lo que provoca la sobreprotección y la permisividad: niños inseguros, con dificultades para desarrollarse, para madurar, para asumir riesgos. O bien, niños tiranos: exigentes, mandones, indolentes, antecedente de los trastornos narcisistas y antisociales de la personalidad adulta.
Es de llamar la atención, la incapacidad que hasta hoy ha mostrado la sociedad para relacionar la existencia de delincuentes, dictadores, secuestradores, terroristas, etcétera, con el abuso infantil: se nos olvida o no nos damos cuenta que detrás de cada uno de ellos se esconde un niño grave y crónicamente humillado, lastimado (lo cual no los exime de culpa).
El día que hagamos conciencia de tal relación, empezaremos a promover una cultura de buenos tratos que redundará en individuos capaces de amar y de participar en la construcción de un mundo más humano, justo y solidario, capaces de vivir y convivir como ciudadanos.
Todas las personas violentas fueron maltratadas en su infancia, pero no todas las que fueron maltratadas serán violentas. Lo que hará la diferencia será la posibilidad de haber tenido por lo menos una relación de calidad con un adulto que desculpabilice al niño agredido, que valide su dolor, que ayude a darle un significado a la experiencia dolorosa y le enseñe que en este mundo existe algo que se llama amor.
La buena noticia es que ese adulto desculpabilizador y solidario puede ser cualquier persona, puedes ser tú: profesor, vecino, amigo, familiar…
Esto significa que todos/as podemos convertir la desesperanza y desolación de los niños magullados y sobreprotegidos, en esperanza e ilusión por la vida, y de esta manera romper la cadena de violencia que destruye a las personas y al mundo.Solidaricémonos con ellos.
Psicólogo / [email protected]
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