SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Viernes 3 de marzo de 2016
Para redondear el tema de las últimas semanas: el divorcio y sus implicaciones.
“Las relaciones terminan mal, de lo contrario no terminaría”, escuché decir a la protagonista de la película “Vientos de esperanza”. Con frecuencia las parejas se divorcian con la creencia de que sus problemas terminarán con el solo hecho de firmar el acta respectiva; también existe la expectativa de jamás volverse a ver, perdiendo de vista que cuando hay hijos/hijas de por medio, es ante el divorcio cuando mejor coordinados deberán estar, porque viviendo juntos era relativamente fácil coordinar las tareas de crianza y domésticas, pero ahora, viviendo en diferentes domicilios sólo la buena comunicación y el acoplamiento de los padres podrá sostener a los hijos.
Para coordinarse lo suficiente, los padres primero deben responsabilizarse de sus propios sentimientos generados por la ruptura: la traición producto de la infidelidad que llevó al rompimiento, el enojo por la violencia padecida, la desilusión ante el cambio de actitudes de la pareja, la soledad “por el hueco que su ausencia deja en casa”, la tristeza ente la falta de compromiso y constancia del que se fue de casa respecto a las visitas y a la convivencia con los hijos…, sentimientos intensos sobre todo al inicio de la separación y que deben manejarse con la asertividad suficiente como para que estos no sean desplazados hacia los hijos.
Cuando el divorcio es el único camino lo mejor es que los padres, echando mano de su parte sensata, adulta y responsable, informen a los hijos la decisión tomada, evitando desbordarse ante estos y evitando salpicar culpas. Resulta útil dejarles claro por lo menos tres cosas: 1) Que esta es una decisión de ellos, de los adultos, por lo tanto, los hijos no tienen vela en el entierro de esta relación; 2) Que ellos seguirán siendo sus padres para siempre; 3) Que no necesitan elegir ni ponerse del lado de un padre u otro, sino que pueden llevar a los dos en su corazón.
Cuando los padres pueden actuar con sensatez, los niños y las niñas superan el momento y después hasta ventajas le ven a la ruptura: “Ahora estamos mejor porque ya no vemos pelear a nuestros padres”, “La casa está más tranquila”, “Cuando salgo con papá hasta juega conmigo y antes no lo hacía, se la pasaba viendo televisión”, “Ahora fui dos veces a la feria: una con mi papá y otra con mi mamá”, “Los Reyes Magos me trajeron regalos en las dos casas”…
Cuando los hijos/hijas logran vivir en paz y bien tratados, termina por no afectarles negativamente el hecho de que papá o mamá viva en otra casa y hasta con una nueva pareja y nuevos hijos. De hecho, la convivencia con esta gente nueva les permite una socialización más amplia, que bien manejada, promueve la adquisición de mayores habilidades sociales. No olvidemos que lo doloroso y realmente catastrófico es el desamor, el descuido o el mal tratoque los papás/mamás den a sus hijos estando juntos o separados.
Algunas mamás optan por hacer un manejo paulatino de la situación cuando los hijos/hijas son muy pequeños: “Al principio del divorcio, cuando mi ex esposo ya no dormía en casa, mi hija me preguntaba por él en las mañanas y yo le decía que se había ido a trabajar, y en las noches cuando preguntaba por él le contestaba que había llegado tarde y ella ya estaba dormida. Hasta que se fue acostumbrando a la nueva dinámica le dije la verdad”.
Ocultar la realidad resulta insostenible y hasta perjudicial. Muchas veces los adultos tenemos más miedo a la verdad que los propios niños. De estos temores debemos hacernos responsables, también.
* Psicólogo / [email protected]
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