SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 25 de marzo de 2016
La visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a Cuba, fue objeto de la mayor cobertura por parte de los medios impresos y electrónicos y los más variados comentarios difundidos por las grandes cadenas informativas.
Nadie puede objetar el nivel cultural y la capacidad discursiva del presidente Obama, del mismo modo que nadie puede negar que es una persona producto del sistema, por tanto comprometido con los intereses y la reproducción del mismo.
Si atendemos a la cobertura previa a su viaje, Obama comentó que en Estados Unidos desearían ver en Cuba una democracia como la de Argentina, Colombia o México, lo que muestra los alcances de su concepción de democracia; durante la visita, cadenas como CNN en español dieron más tiempo a la difusión de las opiniones de connotados contrarrevolucionarios, como José Basulto; de organizaciones como la Fundación Nacional Cubano Americana, que tuviera en sus filas a terroristas como Orlando Bosch Ávila y Luis Posada Carriles, o algunos “disidentes” radicados en Cuba, cuyas opiniones contrastan con las emitidas por ciudadanos cubanos.
Obama tuvo, dentro de los límites de la diplomacia, toda la libertad para expresar sus opiniones y su visión del mundo en los actos en los que participó y pudo también darse cuenta que los cubanos tienen las suyas, las que en muchos temas no son coincidentes.
En el mismo escenario que en 1928 el entonces presidente de Estados Unidos; Calvin Coolidge, dijera: “Hoy Cuba es soberana, su pueblo es independiente, libre, próspero, pacífico y está gozando de un gobierno propio”, cuando en realidad lo que hacía era respaldar al dictador Gerardo Machado; Obama, 88 años después, llamó a los cubanos a cubanos a “olvidarnos del pasado”, “mirar hacia el futuro” y enfatizó que “el futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano”.
Si hay un pueblo que tiene en sus manos su futuro, ese es el cubano; pues desde el primero de enero de 1959, con el triunfo de la Revolución, recuperó su dignidad y tomó las riendas de su destino. Y “olvidar el pasado” es una invitación a ignorar las pretensiones que desde los tiempos de las trece colonias se tienen respecto de la mayor de las Antillas y preparar el terreno para regresar a la democracia al estilo norteamericano, que es el “futuro” que el imperio desea para la heroica isla.
Y el pueblo cubano es conciente de lo que su Revolución significa, sus avances, sus carencias, sus retos y sus riesgos; muestra de ello son los cambios en materia económica que han ocurrido en la isla. Y si hablamos de democracia, es significativo que los candidatos a puestos de gobierno no los postule el Partido Comunista de Cuba sino el pueblo y es al pueblo a quien los elegidos rinden cuentas.
Lo que a juicio de quien esto escribe es importante, es el hecho de la continuación de un proceso de acercamiento entre dos países geográficamente vecinos pero con grandes diferencias y problemas aún no resueltos, quienes han decidido transitar por la vía del diálogo y la diplomacia para intentar, con el mayor respeto a la soberanía y autodeterminación, una relación que contribuya a promover la paz en nuestro continente y en el mundo. Y en este contexto Cuba tiene mucho que aportar.
Los amigos de Cuba podemos estar seguros que en este proceso no habrá concesiones en materia de principios ni de soberanía y Cuba seguirá con la construcción de una sociedad en la que se demuestre que otro mundo es posible.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.
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