SOMOSMASS99
Roberto Gómez Palacios / SomosMass99
Guanajuato, Gto. / Domingo 15 de mayo de 2016
Una vez que el viernes pasado salió de su lugar habitual de trabajo para festejar sus 64 años con un concierto en el Teatro Juárez de la capital del estado, la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) regresó el viernes a su sede habitual, el Teatro Principal, de la mano de su director titular Roberto Beltrán y con un programa demandante, exigente e interesante integrado por Los Preludios, poema sinfónico no. 3, S. 97, de Franz Liszt; el concierto para contrabajo Adiós a San Petersburgo, de Gavin Bryars, y el Concierto para Orquesta, de Witold Lutoslawski.
Como en los buenos días del mes de mayo, habiéndose festejado a las mamás a la mitad de semana en miércoles, sin amenaza de lluvia, con buen clima y el Jardín Unión lleno de jóvenes adolescentes, el público cautivo de la OSUG (que lo tiene) y el que se está formando alrededor del maestro Beltrán se dejó llegar a las escaleras del teatro desde las ocho de la tarde-noche del viernes. Aunque no fue en la cantidad del que se apersonó la semana anterior, la del aniversario, pues no vimos muchos estudiantes en general y hubo muy pocos alumnos de la Escuela de Música de la universidad. No obstante la concurrencia fue de alrededor de tres cuartas partes del Teatro Principal.
En cuanto dieron las 20.30, o si acaso apenas unos minutos más tarde, dieron la tercera llamada y la gente se acomodó en sus asientos para el inicio del concierto. La orquesta abrió programa con Los Preludios, el poema sinfónico de Franz Liszt. El compositor húngaro nació en 1811 y murió en 1886, junto a excelentes ejecutantes como Remenyi, Joachim, Auer, Haubay, Szigeti. Se le considera una de las contribuciones más importantes de Hungría a la música del siglo XIX y un arquetipo del artista romántico. Desde el punto de vista musical es uno de los creadores de la moderna técnica de interpretación pianística y creador del «poema sinfónico», forma típica del romanticismo.
En el programa de mano se nos dice que el término se refiere en un sentido general a una composición que tiene relación con la tradición sinfónica renovada desde sus cimientos, gracias a la adopción de una “idea poética” central. Luego afirma que el poema sinfónico Les Préludes fue escrito como una introducción a la pieza coral Les quatre élements, la cual no fue publicada. La obra está basada en el poema de Alphonse de Lamartine, Les préludes, méditation poétique, una obra en la que los elementos pastorales y belicosos conviven de forma cercana. La primera parte concluyó con el Concierto para contrabajo Adiós a San Petersburgo, de un solo movimiento y escrito en 2002, que fue un estreno en el continente americano e interpretado por el maestro Arjen Leendertz, contrabajista acompañado por una orquesta reducida, sin violines y maderas a dos, sin oboes. La pieza fue escrita por el contrabajista Gavin Bryars por encargo de la BBC de Londres para el contrabajista Duncan McTier, y está dedicada a él. Gavin Bryars dice que es la segunda obra que ha escrito para contrabajo y orquesta y que cada una de las obras se relaciona con su propia experiencia como contrabajista.
Witold Lutoslawski con su Concierto para Orquesta llenó la segunda parte del programa. ¿Qué idea se tiene en México de la música de Polonia? La de los compositores polacos es una música con vitalidad. Entre ellos podemos mencionar a Kazimierz Serocki, Tomasz Sikorski, Tadeusz Baird, Zygmunt Krauze, Krzyztof Penderecki y a nuestro héroe musical de la semana, Witold Lutoslawzki, que es uno de los que cuenta con la más alta calidad en la música que afortunadamente nos ha dejado.
Algunas de las cosas que dicen los expertos acerca de las obras del maestro Lutoslawski es que no obstante su aleatoriedad y que se puede oír o escuchar como controlada o limitada, es que forman parte de las más llamativas e interesantes del siglo XX. Logró darle a sus composiciones una gran flexibilidad sin perder el control sobre ellas. Su música tiene rasgos específicos y una fuerte originalidad. De rango internacional, aunque sin perder la escuela polaca, se le puede ubicar como una de las más importantes del siglo pasado.
Lutoslawski estudió música y matemáticas. El programa de mano, además, nos instruye: fue prisionero de los alemanes en 1939 durante la Segunda Guerra Mundial. Subsistió como pianista de diversos cafés en Varsovia, en compañía de otro ilustre compositor de su nacionalidad, Andrezj Panufnik. El Concierto para Orquesta, que empezó a componer en 1950 y lo terminó en 1954, es una pieza inspirada en la composición homónima de Bela Bartók, aunque es muy distinta. El maestro Lutoslawski tomó melodías de la recopilación de música popular polaca de la región de Mozovian realizada por Oskar Kolberg y las modificó considerablemente. La obra está estructurada en tres movimientos: Intraita, Capriccio notturno e Arioso y Passacaglia, Toccatta e Corale. El movimiento final es el más largo y punto culminante del Concierto, sin dejar de lado que sus tres partes evocan las formas típicas del barroco de Passacalle, Toccata y Corale.
Para el público diletante o aficionado a la música sinfónica es una obra que no puede ver con despreocupación e indiferencia. Si la ha escuchado, es bueno aprovechar otra oportunidad, si no, no es bueno verla anunciada y dejarla pasar. Para las orquestas sinfónicas puede constituir un reto, toda vez que el Concierto para Orquesta de Lutoslawski es pieza considerada virtuosa y difícil de abordar, en lo individual y en lo colectivo. De tal suerte que las instituciones con aspiraciones desean tenerla en su repertorio, como la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato que es la segunda ocasión que la enfrenta, está vez con mejores resultados.



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