SOMOSMASS99
Agustín Galo Samario / SomosMass99
Guanajuato, Gto. / Jueves 10 de noviembre de 2016
«Es con una profunda pena que informamos que el legendario poeta, compositor y artista Leonard Cohen ha trascendido». Con estas palabras, músicos, amigos y la familia anunciaron este día la muerte del músico de 82 años. Su partida, acaso en su casa de Los Ángeles, Estados Unidos, fue como se lo había propuesto, al pie de la letra de las instrucciones que aprendió al descubrir su propia voz: «dentro de los estrictos límites de la dignidad y la belleza».
En un tris la noticia dio la vuelta al mundo. En tres líneas difundidas a través de su página oficial en internet que no decían más que lo estrictamente necesario: «Hemos perdido a uno de los visionarios más venerados y prolíficos de la música. Un memorial se llevará a cabo en Los Ángeles en fecha posterior». Sin olvidar que la familia necesita tiempo para sobrellevar el dolor y aceptar la pérdida.
Apenas a finales del mes pasado, la revista estadounidense The New Yorker publicó un perfil en el que Cohen se refería a unas declaraciones previas en las que había asegurado estar listo para morir. Ahora se corregía y decía divertido que estaba preparado para vivir por siempre, o al menos 120 años.
En realidad su relación con la muerte data de tiempo atrás. Nacido el 21 de septiembre de 1934 en Montreal, Canadá, en el seno de una familia de inmigrantes judíos de ascendencia lituana y polaca, vivió la muerte de su padre a los 9 años de edad. Se cuenta que, como si fuese parte de una tradición judía, eligió una corbata de su progenitor y con un papel en el que le dedicó algunos pensamientos los enterró al pie de un árbol en el jardín de su casa.
Luego, ya en su carrera profesional como músico, poeta y artísta plástico, no dejó de deplorar las guerras, a celebrar la vida y a tener al amor como uno de sus referentes. Incluso se llegó a hablar de sus amoríos, los frecuentes y los supuestos, uno de ellos reconocido públicamente: el que sostuvo con la mítica Janis Joplin, a quien dedica su célebre Chelsea Hotel. Otro es el que, ya convertido en monje budista, supuestamente tuvo con una mujer que fue su representante, tan breve como intenso que le valió para que ella, despechada, huyera con buena parte de las regalías de sus creaciones. Se trataba de Kelley Lynch, que trabajó con él 17 años y que en un abrir y cerrar de ojos, cuando vio que el amor de Cohen se iba a todas partes, la emprendió en su contra con demandas y miles e interminables mensajes que la llevaron a prisión por acoso.
Cohen quizá fue el que dio pie para que recientemente Bob Dylan fuera reconocido con el Nobel de Literatura. Sea como sea, por las letras plasmadas en sus libros y canciones obtuvo en 2011 el Premio Príncipe de Asturias. Ahí volvió a hablar de la muerte: «Ustedes saben de mi profunda asociación y confraternidad con el poeta Federico García Lorca. Podría decirles que cuando era joven, un adolescente que ansiaba tener una voz, estudié a los poetas ingleses y me familiaricé con su obra y copié su estilo, pero no pude encontrar una voz. Fue al leer los textos de Lorca cuando comprendí que había una voz. No es que copiara su voz, no me atrevería, sino que él me dio permiso para encontrar mi voz. Esto es, encontrarme a mí mismo, a un yo que no es estático, que lucha por su propia existencia. Con el paso de los años entendí que esa voz incluía algunas instrucciones. ¿Cuáles eran esas instrucciones?: nunca plañir con displicencia, y que si alguien va a expresar la gran e inevitable caída que nos espera a todos, debe hacerlo dentro de los estrictos límites de la dignidad y la belleza».
Hace cosa de dos semanas Cohen presentó su última producción: Lo quieres más oscuro (You want it darker). Tres meses atrás había fallecido el amor de su vida, Marianne Ihlen, y al parecer en ese momento empezó a preparar las maletas para ir tras sus pasos. El título del disco es el de la canción de despedida. Ahí hay prisioneros en fila, guardianes, luchas contra demonios de clase media y domesticados, una canción de cuna por el sufrimiento, velas que arden por la ayuda que nunca llegó. Y junto, el mensaje: «Si tuya es la gloria, entonces la mía debe ser la vergüenza». «Aquí estoy. Estoy listo, mi señor». Era, es, Leonard Cohen con su grave voz, un coro de sinagoga y la profundidad de un órgano.
Lo quieres más oscuro (You want it darker)
Si usted es el negociante,
estoy fuera del juego.
Si eres el sanador,
significa que estoy roto y cojo.
Si tuya es la gloria,
entonces la mía debe ser la vergüenza.
Lo quieres más oscuro.
Nosotros matamos la llama.
Ampliado.
Santificado.
Bethy, santo nombre.
Vilipendiado.
Crucificado en el cuadro humano.
Un millón de velas ardiendo
por la ayuda
que nunca llegó.
Lo quieres más oscuro
Hineni
Hineni
Estoy listo, mi señor.
Foto de portada: Web Leonard Cohen.



Comparte en Facebook
Twittéalo








