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El tiro de gracia

Diálogo Estado / Top News / 11/11/2016

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 11 de noviembre de 2016

 

Hace 25 años, en marzo de 1991, en una muy modesta publicación llamada Guanajuato en marcha, se decía: “La privatización, hasta ahora, es la acción con la que culmina el proceso de modernización que se aplica a las empresas propiedad o con participación del Estado. Por la forma en que se ha venido dando, parecería que el actual grupo gobernante está midiendo el terreno para su aplicación total en áreas como los ferrocarriles, la electricidad y el petróleo, que tradicionalmente han estado en la mira de poderosos monopolios privados nacionales y extranjeros.”

Más adelante se planteaba: “En la industria del petróleo en México, propiedad de la nación como todas las empresas estatales, la aplicación de la política modernizante ha tenido que ser hasta cierto grado cuidadosa, dada la significación histórica, popular y nacionalista de las luchas por la expropiación.”

En el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, cuyo lema fue: Renovación moral y cambio estructural, se dieron los primeros pasos en firme para la desnacionalización de la industria del petróleo: se creó la empresa holding “Petróleos Mexicanos International”, para la comercialización del crudo mexicano y, de un plumazo, modificaron el carácter estratégico de muchos productos petroquímicos para transferirlos al ámbito privado, continuando Pemex, en la mayoría de los casos, como proveedor de la materia prima para su elaboración.

Tal política continuó con la reducción de materia de trabajo con la introducción de empresas privadas en labores de mantenimiento y construcción, y con la voraz aplicación de un régimen fiscal, por parte de la Secretaría de Hacienda, que poco a poco fue descapitalizando y, prácticamente, sangrando a Pemex hasta un grado de insolvencia que le obliga a recurrir a préstamos para cubrir sus obligaciones fiscales que son mayores a sus ingresos; todo ello en medio de una campaña de descrédito de la empresa y sus trabajadores, para vendernos la idea de que la paraestatal era inviable y requería de la participación del capital privado.

Pues bien, parece que el tiro de gracia es el nuevo Plan de Negocios 2016-2021 en el que se apuesta a la recuperación de esa industria con la participación del capital privado, extranjero en gran proporción, en prácticamente todas las áreas de la industria petrolera.

Y no puede ponerse en duda que la industria del petróleo en México se recuperará. El gran capital solamente busca participación en actividades que le reditúan una ganancia sustancial y como los dueños y representantes de ese capital son quienes detentan el poder, hacen lo que sea necesario para mantenerlo y para incrementar sus ganancias.

Para ello han modificado la Constitución, leyes y reglamentos con el fin de legalizar el despojo a la nación, situación que viene ocurriendo desde hace más de tres décadas, tiempo en el que la modernización solamente ha alcanzado a un reducido número de empresas y empresarios que pertenecen a la oligarquía y a la alta burguesía, mientras el grueso del pueblo ve cada vez más lejano el horizonte de un primer mundo que le han prometido durante este período de despojo.

Y en ese proceso en el que las riquezas y bienes de la nación se privatizan para beneficio de unos cuantos, del otro lado, el del pueblo, se socializan los efectos adversos al capital, lo que ha dado lugar a incrementos de precios en el sector energético (para que no disminuyan las ganancias de los nuevos dueños ni los ingresos al fisco), crecimiento de la inflación, disminución de los salarios reales, recortes a la seguridad social, la educación, la investigación, a los apoyos al campo y los campesinos y, en general, una constante caída de las condiciones de vida de quienes habitamos este país.

Y retornando a Guanajuato en marcha de marzo de 1991, se decía: “Creemos que la modernización de país no debe ser la privatización de los bienes propiedad de la nación. Debe ser el alcance de mejores y mayores niveles de vida y desarrollo para la sociedad mexicana en su totalidad. Para lograrlo será necesario, sin duda, la privatización de algunas áreas de la economía, pero también será indispensable recuperar el control de la nación sobre otras que, atendiendo a intereses ajenos a ella, han sido transferidas a poderosos grupos económicos.”

Y concluía con algo que permanece vigente: “Eso sólo podrá lograrlo un pueblo que a través de organizaciones democráticas ejerza sin cortapisas su soberanía.”

* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Observatorio Ciudadano Biósfera de Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Diego Simón Sánchez / Cuartoscuro.






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