SOMOSMASS99
Martha Camacho / SomosMass99
Ciudad de México / Viernes 2 de diciembre de 2016
“El Metro es público, mi cuerpo no”.
Mensaje en una pancarta
La primera vez que Lucía sufrió una agresión sexual en la calle estaba en primero de secundaria. “Iba a la escuela y un hombre me enseñó sus genitales”, cuenta. El pasado martes un hombre le tocó el trasero en un andador de la estación del Metro Constitución de 1917. “En cuanto lo agarré de la mochila sabía que tenía que entregarlo a la policía”. Y lo hizo.
Hoy el agresor enfrenta cargos por abuso sexual. En la Ciudad de México la sanción para este delito es de 1 a 6 años de prisión, de acuerdo con el Art. 176 del Código Penal.

Lucía tiene 32 años pero no olvida la agresión de cuando era adolescente, después de eso ha sufrido múltiples violencias callejeras que van desde el acoso verbal hasta la nalgada de un hombre que huyó en una bicicleta. “Denuncié por eso y porque no soy la única mujer a la que le ha pasado».
¿“Estás segura que quieres proceder”?
Hace tres días Lucía regresaba de trabajar y llegó a la estación Constitución de 1917 del Metro como a las 11 de la noche. Al bajar de los torniquetes, en los andenes que llevan al paradero de taxis un hombre se le acercó y la tocó en un glúteo sin su consentimiento.
En los andenes faltan alumbrado y vigilancia, relata la mujer. En cuanto fue agredida reaccionó y le reclamó a su atacante. Lo agarró de la mochila y gritó para pedir ayuda. Dos hombres se acercaron y la ayudaron a llevar al agresor con los agentes de la Policía Bancaria que vigilan el metro.

“Fue un error”. No supe lo que hice, déjeme ir”, dijo el atacante al ser llevado a la policía. “No, no fue un error, tú me apretaste. ¿Te gustaría que le hicieran eso a tu mamá, a tu esposa, a tus hijas?», le respondí yo, dice Lucía.
“¿Estás segura que quieres proceder? Es muy tardado, es todo un proceso. Mira, cuando llegues al Ministerio Público vas a llenar como 80 hojas”. Cuatro policías de la Bancaria se acercaron a Lucía en diferentes momentos para tratar de disuadirla de presentar la denuncia, pero ella no se dejó intimidar.
“Me puse a llorar”, platica la víctima. “Y otros dos agentes se acercaron para decirme que me tranquilizara y siguiera adelante”. Denunciar es mi derecho y mi obligación, reflexiona Lucía, para que ese hombre no lo vuelva a hacer.
Mientras esperaban a ser trasladados, el atacante se acercó varias veces a la mujer para disculparse y pedirle que le otorgara el perdón. “No, no lo voy a hacer”.

Fue hasta las 12:30 de la noche cuando llegó una patrulla y los trasladó a la Fiscalía de Delitos Sexuales ubicada en Cabeza de Juárez, en la delegación Iztapalapa.
En el lugar la agente del Ministerio Público también intentó disuadirla: «¿Estás segura que quieres proceder? Este no es un delito grave y conforme al nuevo sistema penal acusatorio lo van a dejar ir, luego los van a llamar a los dos ante un juez y ahí le puedes otorgar el perdón o seguir con la acusación». “Estoy segura y voy a llegar hasta las últimas consecuencias», le contesté, continúa en su relato Lucía, a quien esa madrugada aún le faltaba escuchar más señalamientos absurdos de la autoridad, como ella misma los califica.
Luego de hablar con el detenido, la agente del MP llamó a Lucía para decirle: “Oye, él dice que trae 600 pesos en su cartera, que si quieres te los puede dar. No es que yo te esté diciendo que los aceptes. Es mi obligación decirte lo que él está diciendo”. «No, no voy a aceptar, voy a proceder», dijo una vez más la mujer agredida.
Lucía es una de las 72 de cada 100 mujeres que conforme a los resultados de la última encuesta levantada por el INEGI a finales de 2011 en la Ciudad de México, ha experimentado al menos un acto de violencia de cualquier tipo: emocional, física, sexual, económica, patrimonial o discriminación laboral. Las estadísticas no dan cuenta de la revictimización ni de las conductas inapropiadas de los servidores públicos en contra de las mujeres agredidas sexualmente, pero basta escuchar los testimonios de quienes han pasado por esa situación para saber que es una práctica común.

Para entonces ya habían dado las dos de la mañana. «Denegué mi derecho de revisión del médico legista, de atención psicológica y también de un asesor jurídico, porque a éste último lo llamarían a esa hora si yo lo requería y la verdad yo estaba cansada y ya me quería ir. Sin embargo aún me faltaba escuchar más absurdos. En su interrogatorio, la agente del MP me preguntó: ‘¿A ver, pero qué glúteo te tocó? ¿Por cuánto tiempo? ¿Con qué mano? ¿La derecha o la izquierda?’. Me quedé pensando si eso es importante, si la pena varía si te toca con la derecha o la izquierda, si lo hace por 5 o por 10 segundos”.

Con todo esto, Lucía piensa en lo terrible que será una violación y luego pasar por todo este procedimiento. Lejos, muy lejos está de lograrse uno de los objetivos del Programa Viajemos Seguras en el Transporte Público de la Ciudad de México en vigor desde 2007 y que señala: “Que las mujeres accedan a la procuración de justicia, mediante procedimientos ágiles, sencillos, efectivos, así como a una atención con calidad y calidez, para lograr que los probables responsables o infractores de violencia sexual, sean sancionados”.
Hasta las 3:30 de la mañana Lucía dejó la Fiscalía, ahora espera ser llamada para proseguir con el proceso. Ella quiere que su historia se conozca. “Tengo que decirles a las mujeres que no hay que quedarse calladas”.
* Lucía no es el nombre real de la víctima. Fue modificado por razones laborales.
Fotos de portada e interiores: Karla Méndez.
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