SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 10 de marzo de 2017
En saludo al XXII Encuentro Nacional de
Solidaridad con Cuba (18 y 19 de marzo de 2017)
Desde el triunfo del 1 de enero, por el carácter de su revolución y del entorno internacional, Cuba vive en permanente acoso por parte del imperio encabezado por su vecino del norte revuelto y brutal…
La expresión más cruel de ese acoso es el bloqueo, atentado contra los más elementales derechos humanos del pueblo cubano, al grado de que puede calificársele como genocidio, calificativo que se comprueba con el muy difundido memorando que el 6 de abril de 1960 Lester D. Mallory, subsecretario adjunto de Estado para los Asuntos Interamericanos en el gobierno del general Dwihgt D. Eisenhower, envió a Roy R. Rubottom Jr., subsecretario de Estado Para los Asuntos Interamericanos, en el que señalaba el objetivo de las sanciones económicas que preparaban contra Cuba:
La mayoría de los cubanos apoya a Castro. No hay oposición política eficaz […]. El único medio posible para aniquilar el apoyo interno [al régimen] es provocar el desencanto y el desaliento por la insatisfacción económica y la penuria […]. Se deben emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba [¼]. Una medida que podría tener un fuerte impacto sería negar todo financiamiento o envío a Cuba, lo que reduciría los ingresos monetarios y los salarios reales y provocaría el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno.
Y aun cuando el bloqueo oficialmente inició el 7 de febrero de 1962, el acoso económico y financiero y las acciones terroristas contra Cuba revolucionaria iniciaron casi a la par con el triunfo de la revolución.
Con la desaparición de la Unión Soviética y la caída del campo socialista en Europa (1991) Cuba perdió prácticamente de la noche a la mañana el 80 % de sus importaciones y exportaciones, situación que agudizó los problemas de la isla durante más de una década, época a la que denominaron período especial que, además, para intentar derrotar a la revolución se emitieron dos leyes que reforzaron el criminal bloqueo: la Ley Torricelli (1992) y la Ley Helms Burton (1996), leyes que vulneran aún la soberanía de países que intenten algún tipo de relación con Cuba.
Y como como la política de acoso y agresión a Cuba no logró su objetivo y generó un rechazo casi total de la comunidad internacional, el imperio decidió cambiar de táctica, sin renunciar a su estrategia ni al bloqueo.
Es en ese contexto que se llevan a cabo los acercamientos diplomáticos que desembocaron en la declaración de reanudación de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, el 17 de diciembre de 2014.
Un logro importante en esta nueva situación fue el retorno a su patria de los tres héroes que permanecían presos del imperio y el inicio de conversaciones entre los dos países para resolver sus diferencias; otro, fue la derogación, poco antes de finalizar la administración de Obama, de la política de pies secos, pies mojados, que promovía la emigración ilegal de cubanos hacia Estados Unidos
A raíz de la formalización de las relaciones diplomáticas, con la apertura de embajadas en Washington y La Habana, y con la visita del presidente Obama a La Habana, algunos se ilusionaron y pensaron que Cuba daría un giro en su sistema político, económico y social, con lo que verían coronadas sus eternas aspiraciones de ver derrotada a la revolución; otros, amigos de Cuba, se preocuparon porque pensaron que podría ocurrir lo mismo.
Y Cuba ha cambiado y ha estado en permanente cambio desde el primero de enero de 1959. Ha tenido la virtud y capacidad para rectificar y cambiar lo que ameritaba tales acciones y con todas las carencias y dificultades que como país con escasos recursos, subdesarrollado y además bloqueado, han logrado mantener las principales conquistas sociales de la revolución, todo ello con la participación decidida y consciente del pueblo y con la dirección de Fidel, Raúl y la generación de la revolución.
No obstante la generación histórica de la revolución, educada y alimentada con las ideas de José Martí, heredero también de una pléyade de mujeres y hombres que dedicaron su vida a luchar por la libertad de su pueblo, por razones naturales físicamente desaparecerá (como reciente y lamentablemente sucedió con Fidel), deja un legado que es una valiosa guía para futuras generaciones y que éstas seguramente recogerán para seguir adelante con la revolución.
Por ello, ante los desafíos que implican las crisis capitalistas (que por el carácter hegemónico de ese sistema impactan también a Cuba), las dificultades propias del subdesarrollo, la búsqueda de un camino propio, la persistencia del bloqueo y el relevo de los dirigentes históricos de la revolución (habrá elecciones en el 2018), serán superados. Los amigos de Cuba confiamos sobre todo en la conciencia histórica que existe en el pueblo y porque después del 26 de noviembre de 2016 la inmensa mayoría de la juventud cubana, con la responsabilidad que les correspondía como revolucionarios ante la ausencia física del Comandante, asumió ese compromiso con el lema: Yo soy Fidel.
* Alfonso Díaz Rey es miembro del Observatorio Ciudadano Biosfera y de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.
Foto: Alan Ortega / Cuartoscuro.
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