SOMOSMASS99
Roberto Gómez Palacios
Lunes 15 de mayo de 2017
El martes 9 de mayo, en la capital del estado, la Universidad de Guanajuato citó a una rueda de prensa en el Mesón de San Antonio. El único tema a tratar fue el anuncio de la próxima gira a Europa de su Orquesta Sinfónica, la OSUG. Durante todo momento se respiró optimismo y satisfacción. El maestro Roberto Beltrán, director de la orquesta, los tres músicos asistentes y los funcionarios de universidad que hablaron de los pormenores del compromiso que tienen en puerta. Sólo expresaron cosas positivas de la agrupación y del acontecimiento. Como debe de ser.
Los guanajuatenses compartimos el optimismo y la satisfacción: es nuestra orquesta. Por la gran importancia que tienen para el estado las actividades que realiza nuestro más importante representante artístico resulta adecuado comentar que la orquesta universitaria no ha contado con un sitio con el mínimo de condiciones para preparar las obras. Desde que inició el año, sus ensayos y presentaciones se llevan principalmente a cabo en el Auditorio General de la Universidad, con algunos conciertos en el Teatro Juárez. Una o dos veces se ha presentado en el Teatro Bicentenario de la ciudad de León. Está claro que el Auditorio General de la Universidad no es el mejor lugar para las presentaciones de una orquesta sinfónica, ni para su público.
Pero, ¿cuál sería el mejor lugar para escuchar un concierto? Un concierto como los que se mencionaron en la rueda de prensa. Nosotros, el público, nos merecemos lo mejor, cada uno de nuestros sentidos es una puerta abierta para el gusto, el agrado, el sabor, el deleite y la satisfacción. Es un derecho tener la oportunidad de escuchar la buena música, derecho que debemos atender pues ya los últimos años del Siglo XX, tal vez a partir de los sesentas o posiblemente desde antes la tecnología moderna, se han ido convirtiendo en una amenaza para nuestra capacidad de percibir un sabor agradable, placentero, al sentido del oído.
En 1976 el compositor canadiense R. Murray Schafer mencionaba que se estaba destruyendo la capacidad auditiva, se perturbaba a los ritmos naturales de la vida y se pulverizaba la tranquilidad de las palabras en todos los idiomas. Los ruidos son parte cotidiana del paisaje sonoro de la mayoría de los seres humanos, sin embargo los medios de transporte, aviones, automóviles, metro, autobuses, motocicletas, lo están afectando considerablemente. Más aún, casi todas las industrias son productoras de sonidos con altos decibeles. Tan es así que cada día es más difícil hallar menciones, referencias -en cualquier forma de comunicación- a la calma, a la tranquilidad, al silencio. Y, probablemente a partir de estos elementos que empiezan a escasear en nuestros días en la vida de todos, y en la literatura de los escritores de las últimas generaciones, es que la música intenta crear un paisaje sonoro que nos lleve a una experiencia tan bella como puede ser la calma, la paz, la tranquilidad y la serenidad. Por ello es hora de que la capital de Guanajuato cuente con una sala de conciertos. Los 65 años de la OSUG, los 45 años del FIC y las abundantes referencias hacia la ciudad como sinónimo de educación y cultura, la demandan.
A pesar de que es prácticamente imposible renunciar a las comodidades de la vida moderna y a los ruidos que le acompañan prácticamente desde su nacimiento, el ser humano no puede renunciar a recuperar un paisaje sonoro promisorio, optimista e incluso lúdico y placentero. Sin que hubiera existido anteriormente o sin que se pudiera imaginar siquiera el panorama que se vive respecto al sonido, los músicos han buscado los lugares, los espacios para comunicar las cualidades de su trabajo. En un inicio, cuando comenzaron los conciertos como una actividad aparte, estos tenían lugar en salas, salones lo suficientemente amplios y grandes. Dependiendo siempre del patrocinio, del apoyo de los personajes reales -príncipes, reyes, reinas, la aristocracia o la burguesía- involucrados en el tema.
El Diccionario Enciclopédico de la Música, coordinado por Alison Latham y publicado por el Fondo de Cultura Económica, nos dice que el primer local, el más antiguo de Londres, diseñado como sala de conciertos se encontraba en los York Buildings, cerca del Strand. Construido en 1678 tenía capacidad para 200 asistentes. Más tarde se proporcionaron espacios mayores como los lugares donde se presentaban los hijos de Leopoldo Mozart en 1765. Los Hanover Square Rooms, donde Salomon presentó los doce conciertos de Haydn, en 1791, daban cabida a 900 personas. Así que por toda Europa se empezaron a condicionar sitios con la finalidad de escuchar música. Conforme crecieron los grupos artísticos, se formaron orquestas completas y creció también el público. Luego se comenzaron a diseñar las salas de conciertos. Las primeras en los países europeos se construyeron con forma rectangular, donde la orquesta era situada en uno de los extremos y el público enfrente; se copiaba en parte el diseño de los salones de banquetes: se construyó el Royal Albert Hall en Londres y el Gewandhaus en Leipzip, en la que se remodeló una sala preexistente en un edificio público, pero entonces ya se dio salida a una mejor acústica. A pesar de todos estos esfuerzos la primera construcción diseñada expresamente para este fin fue el Schauspielhaus de Berlín en 1821, reconstruido como Konzerthaus. Al final del Siglo XIX aumenta el tamaño y capacidad de las salas, como lo muestran la Musikverein de Viena, el Concertgebouw de Ámsterdam o el Neus Concerthaus de Leipzip, modelos a seguir en el mundo.
Para el Siglo XX se encontraron diseños más informales. En la nueva Philarmonie de Berlín la orquesta está rodeada por el público, y en los Estados Unidos el Hollywood Bowl se halla al aire libre, con una concha acústica para la orquesta y al público se le ubica en un amplio anfiteatro.
Estamos en el siglo XXI. Los grupos artísticos están obligados a estudiar, tocar e interpretar música de todos los períodos de la historia, no solamente la actual. Todo está dirigido a un público cada vez más actualizado, conocedor y exigente que lleva a la construcción de espacios adecuados para la ejecución musical.
Para los arquitectos encargados de la construcción de las modernas salas de conciertos es un trabajo interesante pero arduo y complejo. Deben proporcionar al lugar donde se acude a escuchar música diferentes especificaciones acústicas. A veces incorporan biombos o paneles acústicos movibles para modificar el tiempo de reverberación, o recurren a recursos electrónicos como la resonancia asistida o la amplificación sonora, y buscan materiales electrónicos y maderas especiales con altas especificaciones. Y, antes de empezar, estudian la proyección del sonido en espacios abiertos o cerrados, pequeños o amplios y grandes. Según el lugar donde una persona se ubique, el sonido se modificará. Son especialistas en el estudio del comportamiento sonoro de la música, pueden calcular con sorprendente exactitud las dimensiones y el grado de riqueza sonora del espacio acústico desde el momento mismo de la emisión del sonido. Consideran la reflexión, los efectos direccionales, la reverberación, la amplificación sonora, la resonancia reforzada, el aislamiento sonoro y los diferente diseños para una buena acústica.
En 1976, el 30 de diciembre, se inauguró la sala Nezahualcóyotl en el Centro Cultural Universitario. Cumplió ya 40 años, es la sede de la afortunada Filarmónica de UNAM. En su momento se afirmaba que era la mejor de Latinoamérica. Si no lo es, los que tocan ahí y los que asisten a escuchar pueden disfrutarla. Tan sólo hace dos años la Orquesta Sinfónica de Xalapa, después de 85 de su nacimiento, abrió las puertas de la Tlaqná (el que interpreta), su nueva sede en esa ciudad del estado de Veracruz. Se habla ahora, como se dijo de la Nezahualcóyotl, que es la mejor de Latinoamérica. Sin duda es un espacio singular para la música. Otro excelente espacio sonoro, pero que no tiene orquesta residente, es el Teatro Bicentenario de la ciudad de León. Se le conoce como “teatro”, pero como sala de conciertos funciona muy bien, tiene una acústica que permite disfrutar los espectáculos musicales que allí se presentan. Afortunados los leoneses. Fue inaugurado el 7 de diciembre de 2010 por la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato en conmemoración del centenario de la Revolución y el bicentenario de la Independencia de México. La OSUG, como ya dijimos, este año cumplió sesenta y cinco años y se va de gira a Europa a tocar en buenas salas de concierto. Hace falta la suya.
Imagen de portada: Sala Nezahualcóyotl. | Foto: Isabel Mateos / Cuartoscuro.
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