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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Tery*
Lunes 3 de julio de 2017
Querido diario:
Hace mucho que no te escribo, pero es que esto de casarse es agotador.
Tuve que hacer tantas cosas, no sabes… Lo del vestido claro, la lista de invitados, la mía verdad, porque la suya ya la tenía como muy preparada, el pastel, la música… ¡Los zapatos!, eso sí fue horrible porque con los bonitos no iba a poder bailar, pero eso de ponerse tenis a mí no me parece correcto, como una falta de respeto, sabes, hacia la ocasión. Después de todo, tu boda es una vez en la vida, ¿no?
Bueno… ¿qué te digo?
Casarse es de lo más romántico, no te imaginas.
Claro si te casas bien.
No hablo de esas pobres que se casan panzonas. O de la prima de mi papá, ¿recuerdas?, que se casó que porque ya tenía más de treinta.
Ni de las que se casan por interés, eso es muy feo. O de algunas mujeres machorras que no quieren que se les note, ja, ja, ilusas.
No no no…Te digo de cuando te casas enamorada, ilusionada. De cuando tu amor te baja las estrellas y te habla al oído, así, bien bonito.
Y mira que mi Eru sí me cumplió.

Primero nos casamos en una hacienda de la época de alguien muy importante, bien viejita, pero muy arreglada, no creas. Un patio con piso de piedra, con sus columnas antiguas y un balcón bien romántico que le da toda la vuelta al piso de arriba. Eso sí, sillas monas y baños modernos, no creas que me llevó a casarme a un viejo caserón de esos que luego abundan. Es más, hasta me aconsejó para que mi vestido combinara con el lugar, piensa en todo mi Eru.
Y luego, bien atento, pidió que cerraran los negocios de la calle de afuerita. Y desde la mañanita, no fuera a ser que luego se ensuciara la calle, imagina la cara de los invitados, ves que vinieron todos los importantes, aunque se hubiera corrido la voz de que no.
Ya me dijo mi Eru que eso fue para despistar, no los fueran a molestar, ya ves como es la gente luego.
Eso sí, mi Eru muy atento, les pagó el día a los comerciantes. Si inconsciente no es, sabe que esa pobre gente de algo tiene que comer. Oí que les iban a dar de mil a dos mil pesos. Imagino que se decidió según el giro del comercio, no gana tanto el zapatero como el restaurante de mariscos que hay por ahí o que las estéticas, que son como tres, las alcancé a contar. Y la verdad, estuvo bien cerrar todo, imagínate pasar entre puestos de jugos de naranja o de tacos de trompa, ¡nooo! Y esa gente luego necesita descansar, aunque sea un día en la vida, ¿no?, pobrecitos. También por eso digo yo que les avisaron antes, para que se pudieran organizar una comidita familiar o algo.
Sí, dicen algunos que la cantidad de dinero que se autorizó no llegó a donde tenía que llegar. Pero dice mi Eru que va a ver qué pasó, que no se vale. Que el ejemplo lo debemos de dar nosotros, ¿si no cómo van a aprender los demás? Enfrente de mí no dijo nada pero lo conozco, sé que va a investigar.
Ah, y claro, se les pidió a los vecinos que no salieran a la calle cuando estuviéramos en la iglesia. Igual, para evitar desmanes o situaciones complicadas. Es que, bueno, sin ser mala onda, pero imagina qué se puede esperar de gente que vive arriba de un comercio, ¡no no no!
Tan romántico, tan atento, ¿verdad?
También me enteré de que había operativo de vigilancia. Es que como dice mi Eru, luego en lugares así apartados, no se sabe qué pueda pasar. Vi varios camiones y camionetas de la CFE estacionados por las calles aledañas, y te juro que no estaban trabajando. ¿Sí o no es de hombres elegantes disfrazar a los vigilantes de trabajadores? Es que, como dice mi Eru, no podemos estar llenando los ojos y las cabezas de la gente que vive en esas zonas de ideas raras. Mejor que la vigilancia pase desapercibida. Es que no es atento nada más conmigo, a todos cuida. Claro que los francotiradores en los techos de las casitas vecinas no se podían esconder, ni los soldados. Pero por lo menos, el intento se hizo…
¿La fiesta? Rica, nada más sí nos dio calor. Arriba del patio, pusieron algo así como una lona de triángulos hundidos, ¿me explico?, o sea lonas pero bonitas. Y el aire se quedó medio atorado. Y luego tanta flor, pues como que jala el oxígeno, ¿no? Menos mal que iba yo de cabello recogido, si no para qué te cuento…
Pero bailé bien padre, con muchos, pero sobre todo con él, mi Eru.
Y hablamos con todos, íbamos pasando de mesa en mesa, y todos brindaban, a él lo miraban con tanto amor en los ojos, no sabes. Es que para muchos es como un padre, un hijo, un hermano. Todos felices de verlo tan feliz y tan enamorado.
Terminó la fiesta muy tarde, o muy temprano, como lo quieras ver, ja ja.
Y todo bien.
No nada más la comida, la música, los abrazos y mi vestido, también la misa especial para nosotros dos, las palabras del arzobispo, imagínate, ¡me casó un arzobispo!
Todo bien porque mi Eru pensó en todo y nadie vino a molestar.
Bueno ni los periodistas, ves que luego parecen moscas, ja ja.
Ya estuve hojeando los periódicos, y hay mil fotos hermosas, de mí, de nosotros, de los invitados.
No encontré más que dos tres líneas de lo de las calles cerradas, comercios clausurados y vigilantes escondidos. Te digo, mi Eru hace todo bien, del principio hasta el final.

Por eso es Mi Erue… De todo me protege.
¡¡¡Lo amo tanto!!!
Te dejo, diario querido, que me llaman por la línea interna de la casa.
¡Un beso!
¡Baay!
* Gwenn-Äelle Folage Téry es escritora y pintora.
Fotos: Vigilante.
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