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EEUU: Nace un nuevo sindicato de jornaleros

Sociedad Global / Top News / 03/07/2017

SOMOSMASS99

 

David Bacon* / SomosMass99

Estados Unidos / Lunes 3 de mayo de 2017

 

La Hamburguesería y Cervecería de Bob, en la salida de la autopista Cook Road a la Interestatal 5, a dos horas aproximadamente al norte de Seattle, no parecería ser un lugar del pacífico noroeste donde los trabajadores de las granjas pueden cambiar sus vidas, mucho menos hacer historia. Sin embargo, el 16 de junio una docena de hombres con ropa de trabajo juntaron las mesas en la zona al aire de Bob. Ahí Danny Weeden, gerente general de Sakuma Brothers Farms, se reunió a ellos.

Después de intercambiar saludos de cortesía, Weeden abrió cuatro carpetas y entregó copias de un contrato de trabajo que había tomado 16 sesiones de negociaciones para concretar. Las hojas pasaron a las mesas, cada persona firmó. Weeden recogió su ejemplar y se marchó. Los obreros permanecieron el tiempo suficiente para brindar y tomarse fotos con los puños al aire. Después se marcharon.

Fue un fin tranquilo para cuatro años de huelgas y boicots, en los cuales estos trabajadores habían organizado el primer sindicato de jornaleros en los Estados Unidos en un cuarto de siglo: Familias Unidas por la Justicia (FUJ).

La unión en sí misma no sería como la mayoría de las demás. En la reunión de ratificación celebrada la noche anterior, muchas de las personas que llenaron el salón de la Iglesia Unitaria del Monte Vernon hablaron en mixteco o triqui. Los miembros de Familias Unidas por la Justicia vienen originalmente de las ciudades de Oaxaca y el sur de México, donde la gente habla lenguas indígenas que tenían siglos de antigüedad cuando los españoles colonizaron las Américas.

Danny Weeden firma el contrato sindical bajo la mirada de Ramón Torres.

«Somos parte de un movimiento de pueblos indígenas», dice Felimon Pineda, vicepresidente de FUJ. Un inmigrante de El Jicaral, municipio de Coicoyán de las Flores en Oaxaca, que dice que organizar el sindicato es parte de una lucha contra la discriminación que sufren los indígenas en México y Estados Unidos: «A veces la gente nos ve como si fuésemos inferiores. Ellos creen que no tenemos derechos. Ellos se equivocan, el derecho a ser humano es el mismo».

Según Rosalinda Guillén, directora de Community2Community, una organización que ayudó a los trabajadores a organizarse, dijo: «La cultura indígena juega un papel importante, especialmente en  el proceso colectivo de toma de decisiones por el que pasa la gente. Los fuertes lazos culturales y lingüísticos dan al sindicato una gran fuerza».

Sakuma Brothers Farms contrata a cerca de 450 trabajadores cada año para recoger sus fresas y arándanos de junio a octubre en sus campos de Burlington Mt. Vernon y Washington. Alrededor de la mitad vive en el área local, y la otra mitad llega para la temporada de recolección desde Santa María, Madera, Livingston y otros pueblos agrícolas de California. Los migrantes del sur viven en los campos de trabajo de la compañía mientras dura el trabajo.

Casi todos los trabajadores de Sakuma llegaron de México hace años y han estado viviendo en los Estados Unidos desde entonces. Ellos dependen de la temporada de pisca de bayas, pues representa una gran parte de sus ingresos anuales.

En 2013, los trabajadores se enojaron por una baja tasa de piezas y malas condiciones de trabajo en los campos, y protestaron con los gerentes de la empresa. Uno de ellos fue despedido y se le dijo que abandonara el campamento donde vivía su familia. El resto de los trabajadores de la empresa detuvo la cosecha para que recuperara su trabajo y su vivienda. En las semanas que siguieron comenzaron a negociar con los propietarios de la granja, la familia Sakuma. Eligieron un comité para hablar por ellos, que se convirtió en el núcleo del que surgió Familias Unidas por la Justicia.

En el transcurso de las negociaciones, los trabajadores descubrieron que la compañía había reclutado a 78 trabajadores en México y los trajo a Estados Unidos bajo el programa de visas H2A. Estos trabajadores contratados sólo podían trabajar para el empleador que los reclutaba y solamente podían quedarse por el tiempo establecido en un contrato de trabajo limitado a varios meses, después de lo cual tenían que regresar a México.

«En 2013, los salarios de los trabajadores de H2A eran de 12 dolares por hora, y nuestros salarios eran de $9.37», dice Ramón Torres, uno de los huelguistas originales. «Cuando descubrimos eso, nuestra primera demanda fue que recibiéramos el mismo sueldo».

Bajo las reglas del programa H2A, los empleadores tienen que demostrar que no pueden encontrar trabajadores en los Estados Unidos antes de que puedan contratar en el extranjero. Después de la temporada de recolección 2013, Sakuma Farms envió cartas a los trabajadores involucrados en los paros de trabajo diciéndoles que se les había terminado por falta de trabajo. La granja entonces pidió al Departamento de Trabajo que trajeran 479 trabajadores con visado, los suficientes para reemplazar a toda su fuerza de trabajo.

Torres llama a esto un momento decisivo para los trabajadores, cuya respuesta a la solicitud de Sakuma fue brillantemente efectiva. «Escribimos cartas para demostrarle al gobierno que estábamos listos para trabajar. Cuando la gente oyó que la compañía estaba diciendo que no podían encontrar trabajadores, todos firmaron la carta. Llenamos 489 cartas».

Después de que los miembros del sindicato y los partidarios entregaron las cartas en las oficinas del Departamento de Trabajo en San Francisco, Seattle, Washington, D.C. y Chicago, la compañía retiró su solicitud. Sin los trabajadores H2A para la pisca de bayas, se vio obligado a volver a contratar a los huelguistas para la temporada 2014. «Eso hizo que nuestros miembros fortalecieran aún más su apoyo al sindicato», dice Torres. «Todo el mundo comprendió entonces que la compañía quería reemplazarnos, y que necesitábamos un sindicato para protegernos a nosotros mismos. Eso facilitó nuestra lucha».

Un trabajador vota por la ratificación del contrato sindical.

Porque Torres, que viene de Guadalajara habla español, sus compañeros de trabajo -muchos de los cuales sólo hablan mixteco- le pidieron ser su portavoz durante las negociaciones iniciales. Luego lo eligieron presidente de Familias Unidas por la Justicia. Hoy lo llaman «Homie», una forma de decir en broma que comparte su vida aunque no sea de cultura indígena. Cuando la compañía le despidió en 2013, permanecieron ferozmente leales; Pineda incluso renunció a su propio trabajo en solidaridad.

En esas negociaciones de 2013, Torres y el comité de FUJ propusieron una manera de calcular la tarifa a destajo que era más simple que el sistema de la compañía, y que resultaría en un salario promedio de $ 12 por hora para la mayoría de los trabajadores. La empresa comenzó a utilizarlo, pero lo descartó cuando las percepciones de los trabajadores aumentaron. Durante los cuatro años siguientes los trabajadores realizaron paros laborales para forzar aumentos en la tarifa por pieza.

«Las huelgas fueron la forma más fácil de atraer la atención de la empresa», dice Torres. «No teníamos otra, y las huelgas ayudaron a la gente a entender que si tuviéramos un contrato sindical seríamos más fuertes. Porque si ganábamos un aumento en la tarifa por pieza un día, la compañía podría bajarla de nuevo al día siguiente. Era una manera de ganarnos a la gente «.

Cuando las negociaciones se rompieron en 2013, FUJ -resucitando una táctica de los esfuerzos de César Chávez para organizar a los trabajadores agrícolas de California- organizó un boicot a las bayas de la compañía. «Al principio, el boicot era contra Sakuma», recuerda Torres, «y pudimos sacar sus bayas de los estantes de los supermercados. Luego vimos desde los campos que las cajas de bayas ya no tenían la etiqueta de Sakuma. En su lugar tenían la de Driscoll’s Berries «.

Cuando el sindicato comenzó a boicotear a Driscoll’s, estableció comités de seguidores en ciudades de Washington, Oregon y California. Algunos comités dependían de los estudiantes para hacer manifestaciones en las tiendas, mientras que otros confiaban en el apoyo de otros sindicatos. Los miembros y partidarios de FUJ organizaron también una serie de marchas (invariablemente pasando por la Hamburguesería y Cervecería de Bob) a las oficinas de Sakuma, exigiendo que Driscoll reconociera su derecho a mejores salarios y un contrato sindical.

En muchas de esas marchas, Jeff Johnson, secretario de la Federación de Trabajadores del Estado de Washington, AFL-CIO, habló en apoyo de los trabajadores agrícolas. Otros sindicatos ayudaron. «Un día, el sindicato de los puertos se negó incluso a cargar la fruta de Driscoll en un barco, y la dejó varada en el muelle», recuerda Torres.

Driscoll se convirtió en blanco de los trabajadores agrícolas en México. En 2015, miles de personas se manifestaron en los campos de Baja California donde está la subsidiaria de Driscoll: BerryMex, el mayor productor de bayas. Esos trabajadores también provienen de pueblos indígenas de Oaxaca. Muchos de los que laboran en Sakuma tienen familiares que trabajan en el Valle de San Quintín, Baja California, y aun ellos mismos se emplearon allí antes de venir a los Estados Unidos. Los manifestantes exigieron salarios más altos y mejores condiciones para los trabajadores en ambos países.

Las alianzas de apoyo a los trabajadores también incluyeron a una antigua organización de migrantes indígenas en Oaxaca, Baja California y California: el Frente Binacional de Organizaciones Indígenas (FIOB, por sus siglas en inglés). Tan pronto como la huelga comenzó en 2013, el coordinador binacional de FIOB, Bernardo Ramírez, voló desde Oaxaca para ayudar. Su presencia dramatizó la importancia de la huelga en las comunidades mixtecas y triqui. Después de una reunión en la oficina de FIOB en Fresno, California, la organización ayudó a recoger cartas de los trabajadores de Sakuma que viven en California, y a viajar a Washington para la cosecha cada año. Eso ayudó a frustrar el intento de la granja de traer reemplazos H2A.

En el otoño de 2016, Sakuma Brothers Farms finalmente anunció que estaba dispuesto a dialogar con Familias Unidas por la Justicia, si los trabajadores demostraban en una elección que apoyaban al sindicato. No hay ley en el estado de Washington como la de California que establece un proceso electoral sindical para los trabajadores agrícolas. FUJ y sus abogados tuvieron que negociar un memorando de entendimiento con Sakuma, estableciendo un sistema de votación.

Torres y Guillén están seguros de que la razón por la que Sakuma decidió negociar fue presión de Driscoll.

El 12 de septiembre, 195 trabajadores votaron por el sindicato y 58 en contra. La compañía se negó a permitir que los votos fueran contados en su propiedad porque Torres estaba presente, y el conteo fue hecho en cambio en la parte trasera de una camioneta en un patio cercano. Al comentar el alcance de las comunidades que apoyaron los esfuerzos de los trabajadores, Johnson, de la AFL-CIO, lo llamó «tanto una victoria pública como una victoria sindical».

Las negociaciones de contrato comenzaron entre los gerentes de FUJ y Sakuma. El nuevo sindicato se basó en otro grupo de trabajo, Jason Holland, de la Asociación de Empleados Públicos de Washington, una unidad local de los Trabajadores Unidos de la Alimentación y el Comercio. «Nunca habíamos hecho esto y no sabíamos cómo negociar un contrato», dice Torres. «Pero nuestros miembros aprendieron realmente quiénes somos en relación con la empresa. Y al final conseguimos mucho de lo que queríamos».

Danny Weeden y Ramón Torres estrechan sus manos.

Entre los primeros logros del sindicato en este nuevo contrato está el restablecimiento, en efecto, del sistema de tarifa por pieza que Torres diseñó cuatro años antes. Tres trabajadores elegidos por el sindicato irán a un campo para hacer una «prueba de selección» antes de que comience el trabajo. Dependiendo de la cantidad de frutas y condiciones de campo, un precio a destajo se establece entonces para que un trabajador promedio pueda hacer el equivalente de por lo menos $ 15 por hora. Todos los trabajadores están garantizados un mínimo de $ 12 por hora.

Cuando se explicó el sistema en la reunión antes del voto de ratificación, había muchas preguntas. «Es un sistema complicado y quiero entenderlo mejor», dijo la seleccionadora Josefina Ortiz. «Soy una recolectora lenta, y no hago mucho. Siempre queremos que la empresa pague más y la empresa siempre está tratando de bajar el precio para hacernos trabajar duro. Esperamos que logremos mejores (salarios) con este nuevo sistema «.

«Lo más importante para nosotros fue el salario», respondió Torres. «Nuestra principal visión para el contrato era lograr un salario justo de $ 15 que usted podría ganar sin matarse, y eso fue lo que ganamos».

La implementación de cualquier nuevo contrato es un proceso difícil, que obliga a la empresa a cambiar los métodos antiguos y a reconocer la autoridad del sindicato. Después de la primera prueba después de la firma del acuerdo, el sindicato tuvo que presentar su primera queja, diciendo que el proceso no estaba siendo implementado de manera justa. Ahora, sin embargo, hay un procedimiento de queja en su lugar, remplazando la práctica anterior de los trabajadores de protestar contra las tasas que no les gustaban.

Además, el contrato contiene otras protecciones para los trabajadores. Una disposición requiere una causa justa para cualquier medida disciplinaria, una cuestión delicada dados los despidos que tuvieron lugar durante la campaña de cuatro años. Ocho representantes sindicales podrán representar a los miembros en sus quejas. Un sistema de antigüedad garantizará que los trabajadores que hacen el trabajo este año podrán regresar en los años siguientes. El contrato tendrá una duración de dos años, y un comité de trabajo y gestión tratará de elaborar un plan de jubilación para los trabajadores al final de ese período.

Los miembros de FUJ, mientras tanto, están llenos de ideales, comenzando con su propia organización. Los principios de la organización se parecen a los de los sindicatos más radicales de la historia en Estados Unidos. Los dirigentes sindicales deben ser trabajadores, y la base debe tomar todas las decisiones. Ningún líder o miembro del personal debe tener un salario más alto que un trabajador en los campos. El sindicato no debe acumular propiedades y grandes cuentas bancarias. «Si hay dinero en la cuenta bancaria del sindicato después de diez años, se le devolverá a los miembros», promete Torres. «No queremos sindicatos ricos y trabajadores pobres».

La visión de los miembros de FUJ se extiende más allá de los límites de su contrato y de la estructura de su sindicato. También están planeando adquirir tierras y establecer una granja cooperativa. Ellos ven a su sindicato como parte de una comunidad más grande, y mientras sus miembros son inmigrantes, no son sólo residentes temporales. Durante los últimos cuatro años, Guillén ha luchado especialmente contra el estereotipo de los trabajadores agrícolas inmigrantes como trabajadores transitorios y no calificados. «Siempre hemos sentido que somos personas invisibles, nos tratan como desechables y es hora de poner fin a eso», afirma. «Somos seres humanos y somos parte de la comunidad».

Desde el principio, los trabajadores de otras granjas en la costa del Pacífico de Washington con la misma insatisfacción con los bajos salarios han hablado tranquilamente con los trabajadores de Sakuma. Muchos comparten la cultura indígena de los miembros de FUJ. Las granjas de Sakuma Brothers ahora tendrán un nivel de salario sustancialmente por encima de los productores de los alrededores, y FUJ planea usar eso para inspirar a otros trabajadores a establecer sus propios sindicatos independientes, dice Torres.

«Esa es la prioridad: elevar nuestro nivel de vida. Sabemos que el contrato va a cambiar nuestras vidas. Ahora, si hacemos un poco más, nuestros hijos tendrán otras posibilidades. No es que queramos sacarlos de los campos, pero queremos que también tengan las oportunidades de otros niños».

Tomás Ramón, un miembro del comité negociador del sindicato, avisoró: «Las cosas ya no serán las mismas que antes, ahora somos un sindicato reconocido y todo será diferente». Para hacer esa diferencia real, en los próximos dos años FUJ tendrá que entrenar a los trabajadores para hacer cumplir su propio contrato en Sakuma Brothers Farms. Y para sobrevivir, también tendrá que ayudar a los trabajadores de otros  a organizarse. Eso requerirá confrontar el creciente uso de los trabajadores H2A en el estado de Washington, cuyo número ha aumentado de 2.000 a más de 13.000 en los últimos cinco años.

Hace cincuenta años, el United Farm Workers fue construido por miles de trabajadores agrícolas en campos de todo California, quienes creían que el sindicato era el portavoz de sus necesidades, trabajaran o no bajo un contrato sindical. Hoy en día en la costa de Washington, un número creciente de trabajadores de campo ven a FUJ de la misma manera. Es un pequeño sindicato, con recursos muy limitados. Pero si habla de las necesidades de los trabajadores agrícolas de Washington, y de los que emigran al norte de California cada temporada, el FUJ, también, puede inspirar un movimiento mucho más allá de sus propios números.



David Bacon es un periodista y fotógrafo que da cobertura a temas laborales, de inmigración y el impacto de la economía global en los trabajadores. Es autor de varios libros, como Personas Ilegales: Cómo la Globalización crea la Migración y Criminaliza a los Inmigrantes (Beacon Press, 2009). Su nuevo libro se titula In the Fields of the North / En los Campos del Norte (University of California Press / El Colegio de la Frontera Norte, 2017).



Fotos de interiores: David Bacon.

Foto de portada: Tercero Díaz / Cuartoscuro.






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