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El reportero del pabellón de la muerte

Diálogo Global / Top News / 13/11/2017

SOMOSMASS99

 

TAL CUAL

Luis Carlos Rodríguez González

Ciudad de México / Lunes 12 de noviembre de 2017

 

Ramón Rodríguez Reyna, regiomontano, estudió para profesor. Tal vez nunca impartió clases a niños pero fue uno de los mejores corresponsales de Notimex en el extranjero. Siempre sonriente, desenfadado, inició su carrera en el Diario de Monterrey como corrector en los años 80´s.

Yo lo conocí en una Reunión Interparlamentaria México-Estados Unidos en Savannah, Georgia, en 1998. Ambos enviados de Notimex a cubrir el evento. Delgado, alto, con una gabardina negra que le quedaba unas dos tallas grandes, pantalón de mezclilla, botas vaqueras y una camiseta sin mangas era su atuendo ese día en el sureño estadunidense. “Vamos por un six”, me dijo a manera de romper el hielo.

Junto con un grupo de enviados, entre otros Martín Ortiz, en ese entonces reportero del UnomásUno, charlamos hasta entrada la madrugada. Ramón nos platicó su vida como corresponsal en Texas y en específico en el llamado “Pabellón de la Muerte” donde reporteó y presenció la pena capital contra varios mexicanos y centroamericanos en la Cárcel de Huntsville.

Recuerdo que nos narró cómo se involucraba con el proceso legal, con el sentenciado a muerte en turno, con la familia y luego, el día de la aplicación de la inyección letal, cómo le tocaba presenciarlo y después ofrecer una especie de conferencia de prensa para dar los detalles del ajusticiamiento a otros periodistas que no tenían acceso al pabellón de la muerte de Huntsville.

A Ramón Rodríguez le correspondió ser testigo de la pena capital aplicada en  1993 a Ramón Montoya Facundo, acusado  de asesinar a un policía. Otro más fue el de Irineo Tristán Montoya, ejecutado el 18 de junio de 1996. Por ser el único corresponsal mexicano en esos días le correspondió ver la muerte de varios centroamericanos y sudamericanos en esa especie de espectáculo estadounidense donde los actores principales siempre son latinos y afroamericanos.

El fue reasignado a Washington y después a Miami. Yo fui enviado a Caracas como corresponsal. A mi regreso nos vimos un par de ocasiones en la Ciudad de México. Por el 2008 me enteré por un amigo en común –Héctor Álvarez– que estaba muy enfermo. En julio de 2009 falleció en Miami.

Siempre que hay un caso como la reciente pena de muerte, hace unos días en contra del mexicano Rubén Cárdenas Ramírez, en que recuerdo las anécdotas y enseñanzas del periodista Ramón Rodríguez Reyna, el periodista del pabellón de la muerte.

Asimismo del riesgo de la migración de millones de mexicanos hacia los Estados Unidos. Implica no sólo ser deportado, sino violar alguna ley, estar en el lugar y momento equivocados, sin saber inglés y carecer de una adecuada defensa de abogados o de autoridades consulares, como ocurre actualmente con medio centenar de mexicanos que están en espera en el pabellón de la muerte.

Más allá de la inocencia o no de estos casos, como en el caso del indefendible Rubén Cárdenas Ramírez, en casi todos hay irregularidades o violaciones a sus garantías durante su detención y proceso judicial, todo ello con una pasividad o abandono de la red consular mexicana en Estados Unidos. Tal Cual.


www.theexodo.com

Foto de portada: Pixabay






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