SOMOSMASS99
Lázaro Uc Mas*
Viernes 17 de noviembre de 2017
De 1929 que se crea el PRI al actual 2017, son 88 años. En nombre del pueblo, para el pueblo y por el pueblo, los grupos que se adueñaron del Estado después del período revolucionario construyeron un sólido edificio electoral que devino en una verdadera partidocracia.
En estos 88 años se decantaron claramente tres grandes grupos políticos en este México nuestro:
- Los grupos en el poder actual formados por los grandes empresarios, la alta jerarquía eclesiástica, los funcionarios del Estado, los partidos políticos y las grandes empresas comunicacionales. Forman ideológicamente un bloque compacto en torno a las posiciones neoliberales, bastante organizados para estos propósitos.
- Un segundo grupo lo forman diversas organizaciones sociales y políticas de la clase media que se agrupan actualmente en la izquierda oficial. También tienen una identificación ideológica definida en torno a la idea de la corrupción como mal principal de la política mexicana y desde 1988 a la fecha se agrupan y reagrupan constantemente hasta derivar en estos años, organizativamente, en el partido Morena.
- Un tercer grupo lo forman infinidad de pequeños círculos de activistas sociales que pretenden generar un movimiento social. Tienen como referente ideológico dos ideas base: uno, lograr una gran movilización social como condición para, dos, cambiar la estructura económica, social y política del Estado Mexicano. No forman un bloque y organizativamente son débiles.
El grupo 1 es el que consolidó un poder partidocrático distinguiéndose en dos periodos:
1.- Primer periodo. De 1929 hasta los años setentas, con el dominio casi absoluto del PRI. En este primer periodo se consolidó el grupo fuerte gobernante, apenas inquietado por la oposición representada por el PAN, que servía muy bien con la idea de democracia. El PRI y el PAN lograron una hazaña sociopolítica única: suplantar la voz del pueblo. Lograron presentar sus aspiraciones como si se tratara de las aspiraciones de todo el pueblo de México y, con ello, anularon la participación política del ciudadano común. Esta suplantación entra en crisis a finales de los cincuenta y se recrudece en el 68 y deviene en la guerra sucia de los años setentas. La clase media letrada pone en jaque al gobierno y empieza a darse cuenta que sus intereses políticos no son los del bloque dominante.
2.- Segundo Período. De los años 80 hasta nuestros días. Este periodo se caracteriza por el ascenso y representación política del segundo bloque formado básicamente por la clase media agrupada en la izquierda oficial. Primero en el PRD, pasando por el Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano, hasta decantar finalmente en Morena. Es el ascenso y la media consolidación de esta clase media inconforme que hace oír su voz y se muestra como tal con el nacimiento del PRD en 1988. Forma sus partidos políticos en parte auspiciados por algunos grupos del bloque dominante, así nacen el PT y el Partido Verde Ecologista de México.
Desde los noventas a la fecha han logrado ganar electoralmente muchos municipios y varias gubernaturas. Su referencia ideológica basada en el reformismo le impide sustraerse de las prácticas y concepciones políticas del bloque dominante, por eso, en general terminan cometiendo casi las mismas prácticas del primer bloque.
En ambos periodos termina por consolidarse una partidocracia que logra suplantar los intereses de la mayoría del pueblo. Esto fue posible porque la suplantación significó la no organización ciudadana, la desorganización de los grupos del bloque 3, y del pueblo en general. A partir de las crisis políticas de 1988, la clase media agrupada en los partidos de la izquierda oficial contribuyen con el bloque 1 a suplantar estos intereses de la ciudadanía, con la desinformación, la no organización del pueblo, la creación de esperanzas. Estos dos bloques logran asimilar a grupos de activistas a sus filas, pero sobre todo logran colocar sus intereses como los intereses de toda la población.
Así, los intereses del pueblo mexicano se pierden, oscurecen, camuflan con los intereses de los dos bloques que participan en la partidocracia. De hecho esa es la finalidad de una partidocracia, anular por diversos caminos la participación política del ciudadano común. En México lo lograron.
En el primer periodo, el grueso de pueblo depositó en el PRI la esperanza de una mejoría de vida. No se duda que se tuvo, pero este no fue en la magnitud ni para el alcance de todos. Ante el desencanto viene la crisis y surge el segundo periodo y se deposita nuevamente en estos partidos ese deseo de mejora económica y social. La práctica política de los partidos de la izquierda oficial demuestra que no se ha hecho. Más de la mitad de la población mexicana sigue viviendo en la pobreza. Pero el manejo ideológico ha sido tan efectivo que aún permanecen severas condiciones de división interna en el pueblo, entre los activistas sociales; su escasa capacidad de aglutinarse y organizarse, y su rendición tácita ante la oferta política de los otros bloques.
Los intereses del primer bloque son claros, pero tienen que disimularse como intereses de toda la nación. Nada más falso. Estos intereses están ligados al movimiento internacional globalizante y se concretan en sacar adelante las reformas estructurales. Quien vota por alguno de estos partidos del bloque 1, vota a favor de esas reformas.
Los intereses del bloque 2 también son nítidos y públicos. Dejando de lado a los simuladores y oportunistas que están en este bloque, los más auténticos desean un cambio pero ese cambio no pasa de ver que lo que hay que cambiar es a los funcionarios deshonestos y por tanto el gran mal de México es la corrupción. Acabando la corrupción se compone el país. Esa es la bandera de la izquierda oficial y de la mayoría de la clase media aglutinadas hoy en Morena. Por eso se les llama reformistas, porque creen que con funcionarios honestos y educados que sepan administrar bien los bienes de la nación se logrará una mejoría social y económica. Les cuesta trabajo aceptar que la mejoría social de toda la población pasa por la transformación de las relaciones de producción, distribución y consumo de los bienes sociales producidos.
Los intereses del bloque 3 son muy generales y difuminados. Salvo pequeños grupos de activistas que sostienen que el verdadero cambio implica la transformación de las relaciones de producción, distribución y consumo de los bienes sociales, la mayoría sólo desea una mejoría económica y social inmediata. Se perdió el sentido de nación, país, patria, pueblo; no hay vínculos con los otros, aunque se comparte una condición general: son trabajadores asalariados. Y son la mayoría poblacional de este país. Más del 80 por ciento sin identidad nacional, sin identidad de clase, sin vínculos, sin organizaciones propias (la mayoría de los sindicatos responden a los intereses del bloque 1 y 2). Por eso son presa fácil de los cantos de sirena de los dos bloques que en tiempos electorales se acuerdan de este bloque poblacional. Por eso aceptan las despensas, las tarjetas, los 500 pesos si bien le va, etcétera. Porque ayudan a paliar de forma inmediata sus necesidades. Por eso ven como benefactores las propuestas de los dos primeros bloques. Por eso han votado por ellos y por eso han abandonado la construcción de su propio camino. La gran mayoría de este bloque poblacional ha preferido las opciones que no representan sus intereses. Por eso este bloque se ha convertido en botín electoral, en lugar de ser constructor de su propio camino.
En el horizonte se asoma una propuesta que emerge del bloque poblacional 3, la del Congreso Nacional Indígena. La primera después de la conquista de México-Tenochtitlan en 1521, 496 años después. Por eso se entiende que es atacada por todos los flancos. Por los partidos del bloque 1 y por los partidos del bloque 2. Y por supuesto, por los intereses inmediatistas de los del grupo poblacional 3, que antes de intentar comprender el alcance histórico del planteamiento prefieren lo conocido. Aunque sea malo, el menos malo, dicen. Sin embargo, como propuesta que emerge desde el bloque 3, bien vale la pena calibrar su importancia estratégica en la construcción de un camino de los trabajadores. Y ya hay muchos círculos de activistas del tercer bloque en este camino.
* Lázaro Uc Mas es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato, y del Movimiento Democrático de Trabajadores de la Educación de Guanajuato (MDTEG).
Foto de portada: Saúl López / Cuartoscuro.
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