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El arte de olvidar

Diálogo Estado / Top News / 25/04/2018

SOMOSMASS99

 

Alonso Merino Lubetzky*

Miércoles 25 de abril de 2018

 

Cada tres y seis años México es escenario del olvido. Cada periodo electoral, nosotros, nosotras, nos volvemos amnésicos por elección. Nos colgamos banderas y lemas de partidos que hace mucho tiempo –si no es que nunca– dejaron de representarnos; según el momento, las propuestas y el abanderado/a es el color del que vestimos nuestro ilusorio ejercicio democrático.

No han bastado tantos años de horror y de crisis. No. Cada tres y seis años seguimos creyendo que la participación política es tachar y poner nuestra huella en la papeleta. Cada tres y seis años, así como cada fin de semana se acude al mercado y se elige de entre aparadores y puestos, elegimos dentro de una boleta entre la misma opción segmentada y escalada cromáticamente.

La democracia representativa no es democracia. Aunque este país se haga llamar democracia naciente, porque se compara con los viejos estados-nacionales del Norte global, europeos y norteamericanos, de neonata no tiene nada, porque la democracia no cabe en la urdimbre del Estado. Ni en el viejo mundo, ni en el no tan viejo.

Así que ejercer un voto no es participar políticamente, tampoco es decidir y mucho menos es favorecer la alternancia o la oposición. El voto en las urnas es un mecanismo de control del Estado, una estrategia antimotines de legitimación constitucional para alejarnos de la vida pública, aquella que se gesta en el barrio, en la calle, en la colonia o en la comunidad; aquella que se pare como nuevos mundos posibles en las asambleas y en las comisiones de trabajo consensuadas en colectivo. La vida pública, el espacio de lo político, la que se debate cuando entre vecinos/as y compañeras/os hacemos propio el acontecer cotidiano, haciéndolo palabra, crítica y propuesta, es más que un conteo de sufragios al “menos peor”.

Yo digo que olvidar, cada periodo electoral, que la clase política nos ve la cara de forma cínica no sólo es un desatino, sino un asunto que se ha vuelto arte en su conjunto. El arte de olvidar. Cada periodo de elecciones el marcapasos reinicia, el lienzo en blanco, el tronco sin esculpir. Dejamos a un lado a las y los muertos que yacen bajo nuestros pies y frente a nuestras narices. Y, me permito decirlo: lo hacemos bien, con soltura, con bombo y con tarola. Podría asegurar que como en ningún otro lado somos capaces de comenzar de nuevo cada trienio y sexenio con la mente reseteada. Ahí estábamos de nuevo el domingo viendo un soliloquio autonombrado debate presidencial.


* Gestor intercultural y trabajador comunitario. Co-fundador de Hilando Utopías. Educación para la comunalidad y el buen vivir A.C.

[email protected]

Foto de portada: Noti2.






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2 Comentarios

el 26/04/2018

Al leerte no pude evitar pensar en «La democracia radical» de Lummis. Tampoco puedo evitar estar de acuerdo contigo en que la «vida pública se gesta en el barrio, en la calle, en la colonia o en la comunidad». Sin embargo, el individualismo ha afectado la raíz de las sociedades (no me refiero aquí a los pueblos), por ello es imposible no volver a votar por quien ha movido grandes grupos, porque esa movilización también es fruto y motor de una toma de conciencia sin la que no existe la democracia. Sin ese voto por el «anciano» nos llevará la chingada o sobrevivirán sólo pequeñas islas, un pequeño resto.

    el 01/05/2018

    Hola, Patricia. Antes que nada, me da gusto que hayas leído el texto. Yo cuestionaría el que los amplios grupos que mueve el «anciano» se movilicen por una toma de conciencia real, puede ser un gran fastidio y hartazgo. El gran problema es que un individuo no puede contra toda una maquinaria. Da cuenta de ello el que el «anciano» haya tenido que pactar con personajes corruptos dentro de su partido y haya incluido políticos que anteriormente perfilaban una ideología distinta por adherirse a partidos tradicionalmente llamados de derecha, como es el caso de Sheffield aquí en Guanajuato (anteriormente en el PAN y ahora como candidato a gobernador de la Esperanza de México), o como es el caso del PES, lejos de toda visión democrática y progresista; ello revela que, para garantizar el triunfo, abandere la «inclusión» en su partido. Aun ganando el anciano y la Esperanza, no podemos hablar de alternativas políticas. Las alternativas yacen en lo profundo de México, en los pueblos, como bien apuntas.



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