SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 1 de junio de 2018
«La unión hace la fuerza»
– Adagio universal
En días pasados, durante una reunión entre amig@s, surgió en la charla el tema de las próximas elecciones presidenciales. Cabría subrayar que ninguno de los participantes en esa reunión mantiene un vínculo orgánico con alguno de los partidos políticos participantes en estas elecciones.
La conversación versó, más que en las virtudes o carencias de los candidatos o de sus partidos, en los posibles escenarios una vez pasado el día de la elección, lo cual, pensamos, debe preocuparnos como miembros de una sociedad.
Las elecciones de este año se dan en el contexto de una larga y en apariencia interminable crisis sistémica que inició en el último tercio del pasado siglo, agravada por la aplicación de políticas económicas y sociales, el neoliberalismo, cuyo objetivo era atenuarla, con resultados benéficos únicamente para las oligarquías local y extranjeras; del otro lado, la profundización de la desigualdad, la dependencia, la pobreza, la inseguridad, la violencia y el acelerado deterioro del medioambiente, entre otras «bondades» que acompañaron a tales políticas.
Así que no es raro que entre la ciudadanía exista un ambiente mezcla de desencanto, indignación, hartazgo y desesperación que la conduce a la búsqueda de algo distinto, ya sea mediante la organización o el ejercicio del voto en favor de quien en su oferta electoral considere algunas de sus necesidades más urgentes.
Tal situación ha producido un elevado nivel de simpatía hacia el candidato de la coalición encabezada por el partido Morena, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien según las encuestas relativas a la intención del voto, supera por un amplio margen al candidato que ocupa el segundo lugar en ese aspecto.
Esa preferencia de los electores puede constatarse entre la mayoría de los ciudadanos tanto en zonas urbanas como rurales, por lo que, sin lugar a dudas, si las elecciones se celebraran en un ambiente de democracia, AMLO sería el próximo presidente de México.
Sin embargo, si de algo adolece nuestro país y el sistema en que vivimos es, precisamente, de democracia en el sentido de poder o gobierno del pueblo, lo que agrega una gran dosis de incertidumbre a un resultado que por el sentir de la ciudadanía y la lógica podría esperarse.
Del ambiente presente en la ciudadanía y la ausencia de democracia en el país surge la necesidad de considerar los posibles escenarios que pudieren presentarse después de la jornada electoral del 1 de julio próximo.
En este contexto, en la citada reunión se mencionaron los siguientes:
- El triunfo lo obtiene cualquiera de los candidatos de las coaliciones que encabezan el PRI o el PAN. Esta situación implicaría más de lo mismo, quizá en condiciones cada vez más desventajosas para la mayoría de nuestro pueblo, con controles políticos, económicos, sociales, ideológicos y represivos más rigurosos y difíciles de remover; además de la entrega a intereses privados de lo poco que nos queda como «derechos» o propiedad de la nación.
- La elección favorece a AMLO, le reconocen el triunfo, la coalición encabezada por Morena obtiene mayoría en el Congreso y las fuerzas sociales que lo impulsaron se desmovilizan y la ciudadanía se queda con la esperanza, y la ilusión, de que el presidente de la República les resolverá sus problemas. En este escenario más tardaría el nuevo gobierno en intentar llevar a cabo sus propuestas que la oligarquía local e internacional echarlas abajo y volver a camino trazado por ellos desde hace más de tres décadas.
- AMLO gana la elección, le reconocen su triunfo pero tiene minoría en el Congreso. Esa condición significaría un sinnúmero de obstáculos para llevar a cabo sus propuestas. Tendría que pactar y hacer concesiones a la «oposición»; además, pudiera darse el caso de que muchos de los que renunciaron a sus partidos originales para incorporarse a la coalición que impulsó su candidatura se declaren «independientes» y lo aíslen aún más, convirtiéndolo en presa fácil de las fuerzas de derecha y retornar a más de lo mismo pero disfrazado.
- Se recurre nuevamente al fraude, antes, durante o después de la jornada electoral, para evitar la llegada de López Obrador a la presidencia de la República, cosa que no puede ni debe descartarse pues lo han hecho en tres ocasiones en los últimos treinta años (1988, 2006 y 2012). El futuro pintaría similar a lo planteado en el primer escenario.
- López Obrador gana la elección por un amplio margen y con mayoría en el Congreso, le reconocen su triunfo y se mantiene e incrementa la movilización y organización de la gente y movimientos sociales que lo apoyaron, con la finalidad de impulsar sus propuestas y ampliar el alcance de las de carácter estratégico. En este utópico escenario cabría esperar el contraataque de la oligarquía local y extranjera y se tendrían que prever formas de neutralizarlo sin concesiones que lesionen la soberanía nacional y la popular, lo que necesariamente implicaría la búsqueda de la solidaridad internacional, sobre todo la de los pueblos de Latinoamérica y el Caribe.
Pudieran presentarse otros escenarios, sin embargo, en cada uno de ellos se manifiesta la necesidad de que exista un mínimo de organización ciudadana ya sea para paliar los efectos adversos a la mayoría de la población o para ampliar los benéficos.
Consideramos que sería un error quedarnos a esperar a que una persona o un partido como los actuales resuelvan los graves problemas de la sociedad y del país, o que lo hagan quienes han sido los causantes del actual estado de cosas que nos tiene al borde del precipicio y a punto de ordenar un paso al frente.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Andrés Manuel López Obrador en La Barca, Jalisco. | Foto: Sitio oficial de AMLO.
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