SOMOSMASS99
Agustín Galo Samario / SomosMass99
Guanajuato / Jueves 20 de septiembre de 2018
En nuestro país existen alrededor de 64 distintas razas de maíz criollo, 58 de ellas nativas. En la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda de Guanajuato se han registrado y validado ocho de esas semillas, que han logrado preservarse gracias a la cosmovisión y a la lucha constante de los habitantes de ese lugar, enclavado en el noreste guanajuatense, contra las sequías y la introducción de semillas híbridas.
En los surcos de la milpa se divisan las cañas del maíz alternadas con el chile, frijo, calabaza y tomate verde. Es la continuación de la tradición ancestral de siembra bajo condiciones de temporal. A ello se deben la fiesta del 15 de mayo, dedicada a San Isidro Labrador, al que se le pide que la temporada de lluvias que inicia en esa fecha sea benevolente; y la Feria del Maíz Criollo, que el 8 de septiembre cumplió con su sexta edición y que celebra, pese a las sequías, la preservación de la milpa y la de esas ocho semillas criollas.

La milpa se encuentra en peligro de desaparecer, debido -entre otros factores- al abandono del campo mexicano y a la agricultura comercial que sustituye las variedades nativas por híbridos mejorados, para así aumentar su rendimiento aunque requieren, para su producción, muchos pesticidas.
En el noreste guanajuatense, como en otras partes del país, la introducción de las semillas híbridas por parte de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) tiene sus consecuencias. En las comunidades de Palomas, municipio de Xichú, y La Joya y San Antón, municipio de Atarjea, la temporada de lluvias no ha sido la que se esperaba. En la primera no se lograron las cosechas, en la segunda sólo una y la tercera fue la más beneficiada con tres cosechas logradas, pero sólo en las parcelas cercanas al río que da nombre a la comunidad. Por eso, en las dos primeras esperan tener más suerte en las semanas que vienen y poder cosechar en octubre y noviembre.
Enclavadas en la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda de Guanajuato, las tres comunidades son habitadas por indígenas chichimecas jonaz. Son ellos y ellas las que, a pesar de todos los pesares, han preservado la milpa y las ocho variedades de semillas de maíz criollo. Porque no sólo han tenido que enfrentar los estragos de la sequía, sino el embate de la Sagarpa con la entrega a los campesinos de semillas híbridas que requieren del uso de pesticidas y contaminan los sembradíos de maíz criollo, calabaza, tomate verde, chile y frijol, que constituyen la base de su alimentación.
Las semillas híbridas se ofrecen a los campesinos, en su gran mayoría en situación económica difícil, con el argumento de que son más resistentes, son de más alto rendimiento y garantizan cosechas mayores. Sin embargo, los agricultores comienzan a darse cuenta que, a diferencia de las semillas nativas, no se pueden volver a utilizar porque su vida termina al año y entonces hay que comprar nuevas y más pesticidas, que contaminan los campos aledaños y afectan las siembras que les sirven para el autoconsumo.
La Feria
De ahí que resalten las palabras de Luis Felipe Vázquez Sandoval, director de la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda de Guanajuato, durante la celebración de la VI edición de la Feria del Maíz Criollo en Xichú: “El orgullo de los serranos tiene sus raíces en la tierra que los vio nacer, en su entorno natural, en especies como el puma o león de la sierra, el oso negro y el águila real que ahí habitan; en la tradición del huapango y por supuesto en los maíces que han heredado de sus padres y abuelos”.

El programa de la feria incluyó la presentación de dos conferencias relacionadas con la conservación de los maíces criollos y las actividades productivas sustentables. En la primera, Alfonso Aguirre, investigador del programa de recursos genéticos del INIFAP, expuso los orígenes del maíz cultivado, la forma de conservarlo y la aplicación de la estrategia de cinco pasos (labranza de conservación, nutrición orgánica, selección de semilla propia, manejo ecológico de plagas y almacenamiento eficiente de grano y semilla). En la segunda, José Flores González, de la Hacienda Zamarripa, presentó su proyecto agrosilvopastoril para crianza de ganado bovino, bajo la premisa de conservar el suelo y agua a través del cultivo de maguey, mezquite y pastos forrajeros.
Los asistentes degustaron catorce platillos elaborados por familias de la comunidad de Misión de Santa Rosa, con base en el maíz criollo y otros productos de la milpa; tamales envueltos en hojas de acelga, atole de maíz crudo o endulzado con piloncillo, palomitas, carnitas de “kuino” (puerco criollo engordado con los residuos de la milpa), charape, pozole, curado de pulque, quesadillas de huitlacoche, enchiladas, sopes, elotes asados y el tradicional pinole. En la muestra gastronómica también hubo un concurso que calificó la originalidad de la receta, su preparación con productos de la milpa, sabor, aroma y la presentación del platillo. Se premiaron los tres mejores platillos.
Artesanos de distintos estados expusieron y vendieron productos elaborados a base de carrizo, ixtle, ocoxal, hoja de maíz, madera, mimbre; agave (mezcal), licor de manzana, además de arte huichol.
Para honrar a uno de los alimentos derivado del maíz, e infaltable en las mesas mexicanas, la tortilla, se llevó a cabo el concurso de la tortilla más grande. Ocho mujeres, provenientes de diferentes comunidades de la Reserva, fueron las participantes. El reto consistió en elaborar la tortilla de maíz criollo con mayor diámetro, utilizando algunos utensilios básicos en un tiempo limitado a cinco minutos. La ganadora, por tercera ocasión, fue la señora Fulgencia Díaz, de la comunidad de El Toro, Atarjea, y el segundo puesto fue para la señora Araceli Ruiz, de la comunidad de Palomas, Xichú.
En la feria se destinó un espacio para promover la cultura ambiental, mediante exposiciones fotográficas de los maíces criollos, el águila real, la biodiversidad y el monitoreo biológico comunitario; también se presentaron stands informativos de las instituciones invitadas, así como juegos de mesa, lúdicos y tradicionales (lotería y serpientes y escaleras del maíz). Todo gracias a la participación de 35 expositores provenientes de 11 instituciones, como la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, en coordinación con la Asociación Faunística.

Guillermo Velázquez y los Leones de la Sierra de Xichú.
Los Biodefensores, pertenecientes a la red de Ecochavos Guanajuato, expusieron las fotografías de algunas de las especies que han registrado en sus actividades de monitoreo de la biodiversidad; mientras que los voluntarios de Cuerpos de Paz-México, presentaron un estand denominado “Xichú Limpio”, en donde ofrecieron información sobre la importancia de separar los residuos y realizaron actividades de pintura y reciclaje mediante el armado de portarretratos.
Para concluir, y con el fin de mostrar cómo a través del teatro, la danza y la música se pueden transmitir valores de apropiación de la cultura, tradiciones y conservación del maíz, en el Foro cultural se presentaron los Vázquez Brothers y una obra de teatro guiñol relacionada con la importancia de los polinizadores y la milpa tradicional, a cargo del grupo de Ecochavos del CECyTE de Xichú.
El grupo de danza Folklamist, de Xichú, presentó cuadros de los estados de Aguascalientes, Nuevo León y Puebla; el ballet Tepzicore del CBTA 34, de San Luis de la Paz, presentó cuadros de los estados de Chihuahua e Hidalgo, la Danza del Venado y el tradicional Huapango Arribeño. El programa culminó con un ambiente festivo con las décimas y música de Guillermo Velázquez y los Leones de la Sierra de Xichú que hablan de la milpa, el maíz, el riesgo de los transgénicos y la erosión de la tierra que tan generosamente nos da vida.
Fotos de interiores: Reserva de la Biosfera Sierra Gorda de Guanajuato.
Foto de portada: Pixabay.
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