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Esperando la llegada del hijo

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 18/10/2018

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©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 18 de octubre de 2018

 

 

Una vez que se han realizado los trámites correspondientes para la adopción y un consejo técnico ha declarado que los adoptantes son idóneos, inicia un periodo de cierta incertidumbre: la espera. Una vez ahí, nadie sabe en qué momento se hará la propuesta para adoptar a un niño o a una niña. Ni los adoptantes, ni los miembros del Consejo Técnico, ni el personal de la institución que acoge al niño. Todo depende de la evolución de la situación jurídica, pues para que la adopción proceda, primero es necesario que los padres biológicos pierdan la patria potestad o que se declare la exposición en los caso de abandono.

La espera suele ser un momento de incertidumbre y ansiedad para los adoptantes. ¿Cómo vivirlo? ¿Cómo tramitarlo? ¿Cómo hacerlo más viable?

Adopción. La construcción feliz de la paternidad, es el título del libro donde la periodista e implicada en la adopción Flavia Tomaello y la psicóloga Marisa Russomando nos proporcionan un listado de acciones en las cuales invertir el tiempo “hasta que la cuna tenga dueño”:

– Cuidarse personalmente: ponerse en forma tanto en el aspecto físico como en el emocional. No se debe permitir que la angustia y la incertidumbre nos dejen emocionalmente agotados. Cuando el niño llegue a casa, habrá que estar al ciento por ciento. Si es la primera vez que se va a ser padre o madre, puede que sorprenda el esfuerzo físico que supone llevar en brazos a un pequeño de nueve kilos o agacharse mil veces al día (o el esfuerzo físico que implica jugar y seguirle el paso a un niño o a una niña de cualquier edad).

– Buscar información que ayude a prepararse. Ha llegado el momento de interesarse por esas cuestiones que hasta ahora parecían ajenas. ¿Qué comen los niños de una determinada edad? ¿Qué trámites hay que seguir para escolarizarlos? ¿Qué tipo de educación se estila? ¿En qué actividades lo anotaríamos?

– Analizar y discutir en pareja (si se está acompañado), o bien escuchar opiniones sobre el modo de organizar los tiempos, por ejemplo, qué se hará con el empleo: ¿habrá cambios? Si los hay, ¿de qué tipo? ¿Cómo ir preparando el terreno?

– Ir pensando en la obra social o la cobertura médica. Elegir al pediatra es un gran avance. Se lo va a necesitar en el mismo momento en que el niño arribe, de manera que ir consultando, teniendo reuniones y eligiendo alternativas es una tarea previa ineludible.

– Eliminar la lista de “cosas pendientes”. Durante la adaptación, parecerá que el día se encoge y las horas vuelan. Aprovechar ahora para ponerse al día con esas tareas que siempre se postergan, como reorganizar los armarios, pintar la casa, hacer los arreglos caseros que llevan meses pendientes.

– ¡No armar el cuarto del niño! El espacio debe estar elegido y sería adecuado tener claro cómo va a ser cuando el pequeño esté presente, pero no hay nada más angustiante que ver un cuarto sin dueño día tras día.

– Aprender de los demás. Si se trata del primer hijo, pasar algún fin de semana con los sobrinos o con amigos que tengan niños servirá para hacerse una idea más clara de lo que significa convivir con chicos y aprender algunos pequeños trucos.

– No obsesionarse. Es inútil darle mil y una vueltas cuando nada de lo que se haga puede agilizar las cosas. Cuando tenga que ser, será.

Sí, hay muchas cosas en qué ocuparse en la espera en lugar de impacientarse.

Las personas que asisten a conferencias, cursos o talleres pre-adopción, tienen la oportunidad de encontrarse con otros adoptantes, con lo que se abre la oportunidad de tejer una red de relaciones a través de la cual vivir acompañados la espera, compañía que aporta seguridad y confianza en el paso que se está a punto de dar.

La espera también se convierte en una oportunidad para ir creando el nicho familiar que las crías humanas necesitan, así como para buscar información en libros y artículos sobre la formación del apego, las características y necesidades de estos niños y sobre los desafíos a los que se enfrentan las familias adoptivas.

Finalmente, la forma de vivir la espera es una decisión personal.


* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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