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Betsabé, el feminicidio que salvó la vida de otra mujer

Diálogo País / Top News / 18/10/2018

SOMOSMASS99

 

LA COLUMNA ROTA

Frida Guerrera*

Jueves 18 de octubre de 2018

 

Hace un año aproximadamente leía con interés el artículo de Jorge Gómez Naredo en que, magistralmente, narraba la historia de Betsabé García Hernández. En el relato, Jorge detalla la espeluznante historia de Betsabé y José Alberto, su esposo. Ya estaba en los medios, ya era visible. Y aunque duro, me gustó la manera en que su historia salió a la luz ante los ojos de una sociedad llena de violencia como es la de Jalisco.

María Amparo Hernández Ramírez y Mario García Gómez son los padres de Betsabé y cinco hijos más. Casados hace 35 años, ella se dedica a atender su mercería; él es campesino, siembra lechugas, además de criar caballos y borregos para sacar los gastos diarios de la familia.

Bechi, como le dicen cariñosamente todos aquellos que la conocieron, era la segunda hija de este matrimonio, nacida el 30 de agosto de 1986, en San Sebastián El Grande, del Municipio de Tlajomulco de Zuñiga, Jalisco. Su nombre fue elegido de un pasaje bíblico. “Desde muy pequeña fue muy amiguera, le gustaba ser atenta con todos, muy trabajadora, reservada, pero siempre alegre”, me cuentan sonrientes sus padres.

Fue en la secundaria que conoció a José Alberto e iniciaron una relación de noviazgo. Cuando cursaba el cuarto semestre de la preparatoria se fugó de casa con él. Tenía 17 años. “Yo creo que desde entonces empezó el calvario de mi hija: él desde el inició fue celoso, posesivo, la encerraba porque no quería que nadie la viera”, detalla Amparo.

El primer bebé de Bechi, lo perdió en un aborto espontáneo. Amparo ahora se cuestiona qué tan espontáneo fue. Tal vez la golpeó y por eso se interrumpió el embarazo. “A Beto poco le importó o le dolió, no se paró en la clínica. Yo estuve cuidando a mi’ja porque él nunca la fue a ver”. En 2005 nació el primer hijo de la pareja. Bechi era una excelente madre, a todos sus hijos, incluido su esposo, los cuidaba más que a ella. Tanto que él no movía un dedo si necesitaba algo porque Bechi de inmediato se lo acercaba.

Algunas veces la culpa llega a Amparo cuando recuerda que varias veces su hija les llamaba para pedirles apoyo y que la sacaran de casa. Sin embargo, en aquel momento no entendían cómo y por qué la convencía y ella regresaba con él.  En muchas ocasiones Amparo le preguntaba qué sucedía. La joven madre se quedaba callada, no se quejaba. “Siempre me decía: ‘amá, no se meta’. Recuerdo que en algún momento lo vi llegar a la casa con un cuchillo en la mano, ahora estoy segura que Bechi regresaba porque la tenía amenazada de que nos iba a asesinar a nosotros”.

Betsabé.

Beto se quedó huérfano de madre. Mario y Amparo creen que por eso estaba traumado y era tan celoso y violento con su hija. Además sabían por rumores en el pueblo que se drogaba, situación que no podían comprobar y que por eso no hicieron mucho caso. Bechi siempre lo cuidaba, era muy dedicada con él y sus hijos, pero nunca estaba contento. Durante doce años las peleas eran constantes, los insultos, la humillación. Se le fue aniquilando la confianza, el alma, aunque la joven madre no siempre enteró a sus padres. Bechi era una excelente costurera, hacía vestidos de novia, disfraces, trabajaba con Amparo, por lo que la madre se daba cuenta de que las cosas no marchaban bien y constantemente trataba de intervenir para evitar que Alberto siguiera lastimándola. La respuesta era siempre la misma: “Amá, no se meta”.

Bechi y Beto estuvieron casados por doce años, tuvieron cinco hijos. El mayor ahora tiene 13 años, en aquel momento tenía diez. Ian, el hijo mayor de la pareja, fue testigo junto con sus cuatro hermanitos de cómo su padre asesinó a su madre aquel 9 de septiembre de 2015.

En agosto de 2015, cansada, Bechi le habló a sus padres para hacerles saber que Beto la había golpeado. Amparo acudió a auxiliarla. “Ese día la sacamos de la casa, con los cinco niños. Beto todavía me dijo que el matrimonio es de dos, dándome a entender que no me metiera. A mí no me importo, ya era demasiado. El no se quiso salir en ese momento de la casa, nos fuimos y sus hermanos cuidaron de ella esa noche. Al siguiente día el sujeto me dijo que prefería irse el de la casa para que sus hijos no durmieran en el piso, por lo que Bechi regresó a la casa solamente con los niños. Fue muy astuto, sabía que si mi’ja se quedaba con sus hermanos, él ya no iba a poder lastimarla. Por eso accedió a supuestamente salirse”. Hoy Amparo se arrepiente de haber apoyado esa decisión.

Sentados frente a mí, ambos padres con los ojos llenos de lágrimas inician el relato de lo que sucedió aquel 9 de septiembre de 2015: Alberto acudía todas las noches -con el pretexto de ver a los niños- para insultarla, «de puta no la bajaba». Eso era todos los días. La casa de Bechi estaba a unos ocho metros del domicilio de sus padres, por lo que Amparo a diario, como a las once de la noche, pasaba a verla para cerciorarse que estuviera bien. Ese día no fue la excepción: “Llegué y vi que estaba la bicicleta de él. De inmediato le hable a mi esposo y fuimos. Él salió y se fue de la casa. Dejamos a Bechi bien y nos regresamos a casa. Más o menos como a la una de la mañana, Ian el pequeño de entonces 10 años golpeó fuerte la puerta de la casa de los abuelos. La chapa se trabó y no podían salir Amparo y Mario. Finalmente lograron romper la chapa y al llegar Ian ya se encontraba balbuceando y llorando desgarradoramente: “¡¡Mi mamá, mi mamá!!”.

Mario entró a la casa. Ahí estaba su pequeña, su hija, aquella que siempre sonreía y a la que poco a poco Alberto la fue asesinando, en medio de un charco de sangre. La acuchilló. “Todavía la encontré respirando, la abracé, pero no resistió”. El infame ya había escapado, las autoridades llegaron como dos horas después de que sucedieron las cosas. Ya no había nada que hacer.

Testigos de los hechos, los cinco hijos de la pareja se quedaron con sus abuelos quienes nuevamente regresaron a ser padres, ahora de sus nietos. Mario sigue sembrando y Amparo atendiendo la mercería. Los niños no son libres. “Ese día él les sentenció que si decían algo iba a regresar a asesinarlos, los niños nunca andan solos. Ian se asusta si alguien le llama por su nombre en la calle, aterrado piensa que es su papá, que en cualquier momento va a regresar a asesinarlos”.

– ¿Cómo están los niños?

“Ya mejor, pero con miedo. Al principio el grande decía que había sido su culpa porque cuando salió a pedir ayuda su padre aprovechó para atacar a su mamá. Afortunadamente ha ido entendiendo que él no pudo haber hecho nada, pero el miedo lo mantiene siempre alerta”.

A tres años un mes de los hechos, las autoridades de Jalisco nada les han dicho a los padres. Alberto sigue prófugo, ya ni siquiera lo buscan. “Cuando pasó todo esto mucha gente se enteró. Una de ellas, al ver lo que había pasado con Bechi, se percató de que su hija también estaba siendo violentada. Afortunadamente la rescató con vida”.

La agradecida madre le hizo saber a Amparo que su hija era una heroína porque había salvado la vida de su hija. “Me da mucho gusto que así haya pasado, pero yo no quiero una heroína, quiero a mi’ja viva, pero ya no es posible, ya no está”.

La solicitud de ayuda de los padres de Bechi, sigue vigente. “A muchos ya se les olvidó, a nosotros nunca, acudimos a marchas, a todos lados adonde nos llamen para que no se olvide que Beto sigue libre y mi Bechi sin justicia”. “Hoy, desde Frida Guerrera, nos unimos a la necesidad y derecho de esta familia para acceder a la justicia. Las autoridades de Jalisco ya se van, vienen nuevas, y les exigimos que se hagan cargo realmente de cada caso, de cada injusticia en un estado sumergido en la violencia, la corrupción, la impunidad, la indiferencia.


* Comunicadora libre, bloguera mexicana.

¿Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo de una mujer víctima de feminicidio, desaparición o intento de feminicidio? Búscame, ayúdame a visualizarlas y a contar su historia.

@FridaGuerrera

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La foto de interiores se publica con autorización de la familia.

Foto de portada: Pixabay.






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