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Diente de león

Para Ver, Oír y Comer / Top News / 19/10/2018

SOMOSMASS99

 

Jack*

 

Diente de León

I

Ya no importa a quién escriba

o quién sea yo;

Tu cuerpo solía exaltar el perfume

que traen los días plenos de verano

y que en mi recuerdo

se anclaba a ti como principio y fin,

y que hoy yace ante la expectativa de lo incierto.

Tu nombre solía exaltar cierto aroma a misterio

que esporádico, parecía entregarse a su propia suerte,

y en fugaz destello

-tiempo-

solía trazar con mi lengua

la línea curva que perseguía tus caderas

y en la espiral del infinito,

volver, dibujar las guías, perderme;

y tus rizados cabellos

perseguían el dolor de mis versos.

Y en tus caderas

solía extraviarme –como siempre–

en la memoria.

Tu nombre es el arte de un poema

que no he escrito aún,

y en el que entra en juego

toda posible disertación sobre el amor

que hoy ya no siento.

Tu belleza resbala del dorso de los dioses.

Tu nombre es como un poema

–jamás escrito–,

como el momento más álgido de la noche;

una canción nunca antes cantada,

escuchada o terminada.

El ausente aroma de una flor

que no comparte la vigila

ni mis versos

que menguan por las noches sin consuelo.

Y en la estación más próxima a mis desvelos,

la sobriedad

de quienes fuimos antes mortales.

 

II

Hermosa flor…

Jamás una estación/aroma

ha sido contemplada tantas horas por los hombres

como lo ha sido tu figura.

Basta oler tus pétalos

–observarte–

para amarte

–pero nunca tenerte–.

Eres verdad en vestidura de elegancia.

Pasión que en los hombres despierta

el vertido furor;

un guiño tuyo provoca

las arduas tempestades

y la exaltación

–exasperante sed de poseerte–.

Mi cuerpo constipado por tu recuerdo,

en la ausencia de tu figura,

emerge hoy como el vaho de un fuego no consumado

y que en su ir y venir

no hace más que no hacer.

Rendido ante las sombras,

el dulce aroma de tu encanto palidece,

produce la flor que nace

del misterioso encuentro del amor idealizado.

 

lll

Es hoy,

cuando el viento rompe la espiral

del infinito y el cristal colapsa, se rompe;

llevando en vista tu dispersa figura,

que me rodea ilusorio

como un enfermizo brote de lujuria,

pasión, amor, deseo;

-humo y fuego disipados en la nada-

que me confieso:

te quiero o quizás te quise

como en un eterno sueño,

aquél que no admite

–nunca jamás–

amor.

Te quiero en contra de la indiferencia

del valor nulo

que provocan mis rezos,

mis versos y mis piensos en el mundo.

Y en el sentido de incongruencia

que me envuelve y me dispersa

y que de noche se convierte en la oración

más próxima a mis desvelos

-entre los sueños-

a la penumbra de tu recuerdo.

Eres tú, mi prórroga actuación,

el fantasma que hace tiempo

fue una especie de agonía

sin nombre.

Y hoy, sólo somos como dos hojas que flotan perdidas…

arrastradas por el helado viento de la indiferencia

y de la noche.

Y en fechas que preceden

a la estación más próxima,

el otoño.


* Jack es el seudónimo de nuestro autor. Reservaremos su nombre real hasta que él lo decida. Lo que sí podemos decir es que estudió Letras Hispánicas y que no sólo ama la literatura sino también el cine, los atardeceres y las nubes, ante las que de tarde en tarde se convierte en fotógrafo.

Fotos de portada e interiores: Pixabay.






Luis López




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2 Comentarios

el 19/10/2018

¡Wow que hermosa forma de llevar a recordar o pensar en ese amor! Se llevan un poco de nuestro corazón cada cuerpo, cada piel y
con cuánto nos quedamos tambien!

el 21/10/2018

Es una exquisitez.



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