SOMOSMASS99
Jack*
Diente de León

I
Ya no importa a quién escriba
o quién sea yo;
Tu cuerpo solía exaltar el perfume
que traen los días plenos de verano
y que en mi recuerdo
se anclaba a ti como principio y fin,
y que hoy yace ante la expectativa de lo incierto.
Tu nombre solía exaltar cierto aroma a misterio
que esporádico, parecía entregarse a su propia suerte,
y en fugaz destello
-tiempo-
solía trazar con mi lengua
la línea curva que perseguía tus caderas
y en la espiral del infinito,
volver, dibujar las guías, perderme;
y tus rizados cabellos
perseguían el dolor de mis versos.
Y en tus caderas
solía extraviarme –como siempre–
en la memoria.
Tu nombre es el arte de un poema
que no he escrito aún,
y en el que entra en juego
toda posible disertación sobre el amor
que hoy ya no siento.
Tu belleza resbala del dorso de los dioses.
Tu nombre es como un poema
–jamás escrito–,
como el momento más álgido de la noche;
una canción nunca antes cantada,
escuchada o terminada.
El ausente aroma de una flor
que no comparte la vigila
ni mis versos
que menguan por las noches sin consuelo.
Y en la estación más próxima a mis desvelos,
la sobriedad
de quienes fuimos antes mortales.
II
Hermosa flor…
Jamás una estación/aroma
ha sido contemplada tantas horas por los hombres
como lo ha sido tu figura.
Basta oler tus pétalos
–observarte–
para amarte
–pero nunca tenerte–.
Eres verdad en vestidura de elegancia.
Pasión que en los hombres despierta
el vertido furor;
un guiño tuyo provoca
las arduas tempestades
y la exaltación
–exasperante sed de poseerte–.
Mi cuerpo constipado por tu recuerdo,
en la ausencia de tu figura,
emerge hoy como el vaho de un fuego no consumado
y que en su ir y venir
no hace más que no hacer.
Rendido ante las sombras,
el dulce aroma de tu encanto palidece,
produce la flor que nace
del misterioso encuentro del amor idealizado.
lll
Es hoy,
cuando el viento rompe la espiral
del infinito y el cristal colapsa, se rompe;
llevando en vista tu dispersa figura,
que me rodea ilusorio
como un enfermizo brote de lujuria,
pasión, amor, deseo;
-humo y fuego disipados en la nada-
que me confieso:
te quiero o quizás te quise
como en un eterno sueño,
aquél que no admite
–nunca jamás–
amor.
Te quiero en contra de la indiferencia
del valor nulo
que provocan mis rezos,
mis versos y mis piensos en el mundo.
Y en el sentido de incongruencia
que me envuelve y me dispersa
y que de noche se convierte en la oración
más próxima a mis desvelos
-entre los sueños-
a la penumbra de tu recuerdo.
Eres tú, mi prórroga actuación,
el fantasma que hace tiempo
fue una especie de agonía
sin nombre.
Y hoy, sólo somos como dos hojas que flotan perdidas…
arrastradas por el helado viento de la indiferencia
y de la noche.
Y en fechas que preceden
a la estación más próxima,
el otoño.
* Jack es el seudónimo de nuestro autor. Reservaremos su nombre real hasta que él lo decida. Lo que sí podemos decir es que estudió Letras Hispánicas y que no sólo ama la literatura sino también el cine, los atardeceres y las nubes, ante las que de tarde en tarde se convierte en fotógrafo.
Fotos de portada e interiores: Pixabay.
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