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De colchoncitos y almohaditas

Diálogo País / Para Ver, Oír y Comer / Top News / 12/11/2018

SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 12 de noviembre de 2018

 

Desperté en un cuarto oscuro, sobrecalentado, saturado de humores encerrados. Del mundo sólo me llegaban ruidos ahogados y uno que otro golpe sobre la pared.

Me bañé, largamente, tratando de recobrar el aliento.

Y como todos los días, absolutamente todos los días, el milagro se produjo. Al ponerme los calcetines, la vida irrumpió de nuevo en mi cuerpo.

Lo sé, calcetines milagrosos es algo así como blasfemia. Pero te juro que cuando empieza el tiempo de frío, el usar calcetines de nuevo me da gusto, disfruto el roce del tejido contra la planta de mis pies, disfruto no sentir ya cada costura de mis zapatos y soñar que camino entre colchoncitos y almohaditas.

Es la cosa más rica del mundo.

 

Bajé, con la idea de desayunar, pero el cielo gris entrevisto a través de la ventana me llamó, irresistiblemente.

Salí. El aire frío me envolvió, me levantó y embriagó, una y otra vez. Así como cuando el sol vive en cada gota de sudor del jornalero, el frío vivía en cada una de mis bocanadas de aire.

Me sentí en Bretaña. El piso estaba mojado, una ligera llovizna envolvía la vista con gotas transparentes. Caminaba, en mi mente, por un acantilado cubierto de lavanda, respirando mi mar.

De repente, un olor a madera quemada envolvió mi viaje y sin más preámbulos, me encontré caminando por los bosques de Valle de Bravo.

Feliz, allá y acá.

Esos respiros, los que me permiten evadirme, son la cosa más rica del mundo.

 

Decidí darle vuelta al edificio. Hacía cada vez más frío, abotoné mi suéter y mi paso se volvió más decidido.

Regresé a Bretaña. Y soñé que le daba una gran mordida a un chocolate. Uno con leche, firme. Tableta familiar, de envoltura morada. Conseguí pan y mantequilla, salada, y combiné sabores.

Y recuerdos.

Playa sombría, mar oscuro, olores profundos, chocolate fundiéndose en mi boca y calcetines puestos.

La cosa más rica del  mundo.

 

¿Te pasa lo mismo?

¿La textura de un abrigo, el olor de un guiso, la calidad del aire te hacen viajar?

No es realmente un viaje al pasado. Ni son ganas extremas de huir.

Es sueño exquisito. Es volver a vivir decenas de momentos a la vez.

 

Hace poco me enteré de que uno de los momentos que he vuelto a vivir tantas veces, que pensaba ser invento de mi mente fértil, realmente sucedió.

Viví, por ahí del 68, en un parque, camellón o terreno baldío de la Avenida Reforma, entre pintores y artistas. Pintaban bardas de cartón, las transformaban en vida alegre, llenándolas de pasto verde y de flores amarillas.

El olor era una mezcla de sol vibrante, de brochas decididas, de risas y de esa esperanza que invade a los artistas cuando se convencen de que el arte puede cambiar al mundo.

Era también risa de niños corriendo, mi hermana y yo, vestidos cortos, sonrisa viva de mi madre revolviendo colores, trazos amplios de Rodolfo Aguirre, pintor chihuahuense, de pie frente al gobierno.

Era, es, olor a pintura, el mismo que me exalta cuando entro a mi taller.

La cosa más rica del mundo.

 

Te estoy oyendo.

¿Cuántas cosas más ricas del mundo puede seguir enumerando?

Y pienso dos cosas que se me ocurrieron al caminar bajo la lluvia.

O vivo en un mundo en el que se vale coleccionar y disfrutar mil cosas más ricas, o vivo en mil mundos a la vez, cada uno con su estrella particular.

Y las dos ideas son compatibles.

 

Porque las voces que me hablan lo afirman.

Tengo mundos en los que Dioses me otorgan el infinito gozo de vivir.

Y mundos en los que me lo otorga la energía que emana de mí.

Otros en los que se conjuntan energías físicas, intelectuales y emocionales, propias y ajenas.

Y uno en el que la vida es. Simplemente.

 

Escribí en lugar de desayunar.

Y ahora, frente a mí, tengo un plato lleno de frutas, colores y olores. Miel a la derecha, yogurt y nueces a la izquierda. Explosión. Vida.

La cosa más rica del mundo de hoy.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Imagen de portada: Campanarios de la parroquia de Nuestra Señora de la Luz en Salvatierra, Guanajuato.

Fotos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.






Luis López




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2 Comentarios

el 12/11/2018

Sensacional! Es tan rico recordar todo lo que nos hizo tan felíz. Instantes inolvidables, la nostalgia, extraña sensación que te hace sentir bien, recordar el lugar donde naciste, anécdotas bellas, el clima ufff. Todo el escrito me fascinó.
Amo el frío y la forma como lo describiste woww, me hace todavía amarlo más. Los calcetines, mmm, qué sensación. Gracias por compartirlo mi querida Gwenn Aelle

el 12/11/2018

Me encanta cómo describes el frío y las sensaciones! Bravo!!!



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