Breaking

De cuentos y princesas

Para Ver, Oír y Comer / Top News / 19/08/2019

SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 19 de agosto de 2019

 

Había una vez, en un país no tan lejano, una princesa. No era ni rubia ni trigueña, ni alta ni baja, ni flaca ni rolliza. No tenía los ojos ni almendrados ni redondos. Su boca era rojo normal, ni carmesí ni granate y mucho menos color rubí. Ningún lunar adornaba su garganta y sus senos adoptaban la forma del soporte del día.

A veces actuaba como princesa, sonreía sin razón y agitaba la mano ante una multitud deferente. Otras, sólo paseaba callada, ante la gente indiferente.

Vivía, como toda princesa, en un castillo de los que tienen 473 alcobas pero ningún baño interior. Comía, como lo hacen las princesas, poco y delicadamente, aunque sin tenedor ni cuchara. Vestía, como lo hacen las princesas, ropa fina y costosa, aunque no siempre hermosa.

Y era, como tantas princesas, alteza por hombre interpuesto: su padre era rey.

 

Alrededor del castillo, había un jardín, cuidado por un hombre ya muy anciano, pero muy sabio. A él nadie le hacía caso, pues era de humilde abolengo.

En medio del jardín, una arbolada. Dentro de la arbolada, un claro. Y dentro del claro, como en todos los jardines de todos los castillos de todas las princesas, una flor diferente a las demás.

La princesa tenía prohibido acercarse a la flor. Se lo había dicho el rey, a quién todos debían obediencia, y se lo había dicho el cuidador, a quién nadie hacía caso.

La princesa tenía algo de cultura, no demasiada y ciertamente no constructiva. Su madre, cuya presencia nunca había sido relevante en su vida, como en la de cualquier princesa, le había contado todas las historias de princesas habidas y por haber: dragones, brujas, ruecas, ranas, burros y finales felices eran los pilares de su saber.

Y claro, supo desde el primer momento que desobedecer era su deber y que su buena fortuna brillaría en el preciso instante en el que ella se acercara a la famosa flor. O la oliera. O la tocara. O la cortara.

Y sucedió, en efecto, lo que tenía que suceder.

La flor, carnívora por cierto, se comió a la princesa.

 

Moraleja:

Prohibir, no es educar.

 

Y colorín, colorado, no te creas los cuentos que te han contado.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Foto de portada: Anaïck Lenz Folange.






Luis López




Entrada Anterior

A los 83 años de su asesinato por el fascismo, y sin una gota de justicia, recordamos a Federico García Lorca

Siguiente Entrada

Historias de alcohol / I





2 Comentarios

el 19/08/2019

Jajaja! Qué bueno está! Bravo

    el 19/08/2019

    Gracias!



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

A los 83 años de su asesinato por el fascismo, y sin una gota de justicia, recordamos a Federico García Lorca

SOMOSMASS99   Redacción / El Molino Online Domingo 18 de agosto de 2019   Hoy 18 de agosto de 2019 recordamos...

19/08/2019