SOMOSMASS99
Víctor Corona*
Lunes 19 de agosto de 2019
El alcohol siempre ha estado presente en mi vida
desde que tengo memoria.
La pistiada, la tomadera.
En mi familia, el alcohol siempre ha sido como un demonio
que lo devora todo.
Como una pinshi astilla clavada en el pie.
Como una bolita de esas del desierto que no me acuerdo cómo se llaman,
que se te clavan en la carne
y que borran cualquier esbozo de felicidad.
Pero la neta no es para menos.
Mis dos abuelos fueron destruidos por el alcohol.
Mi abuelo materno murió carcomido por el pisto.
En medio de alucinaciones.
Encerrado en un cuartusho.
Flaco como cashora del desierto.
En calzones, poniéndose vicks vaporub imaginario
a los cuarenta y dos años,
y desapareció.
Algún recuerdo me queda de él.
Yo, con cinco años, sentado en sus piernas.
Hablándome con ese acento tan shilo de la gente del sur de la Baja.
Ese acento que me arrulla en los momentos de soledad,
que me recuerda que yo también soy desierto,
que yo también soy cardón y pitaya.
De mi abuelo paterno no recuerdo nada.
Creo que ni lo conocí.
Mi padre me contaba la primera vez que lo vio.
Le dijeron:
«ves a ese borracho que está tirado, es tu papá»,
como un perro sucio
tirado
con la lengua de fuera
sin zapatos
como si ya estuviera muerto.

Poco más sé de él
que se llamaba Fidel
que tuvo como quince hijos
que pistiaba chispiretas
que era bravo y golpeador
que tenía los ojos zarcos
que era de los Altos de Jalisco.
Yo cierro los ojos bien fuerte
bien fuerte
para volver a recordar a mi padre
ahora muerto
recientemente muerto también
en parte
por esta supuesta maldición del alcohol.
Pero más que cerrar los ojos lo que tengo que hacer es abrirlos.
Y mirar el espejo
o el reflejo del agua
porque su cara y su sonrisa es
en gran parte la mía.
su tristeza
en gran parte
se parece a la mía.
La tomadera.
El trago.
En palabras de Elvia, El Pinshi vicio.
Ese pinshi vicio que te tendría que llevar a la sepultura
como bien decía mi abuela Lorenza.
Yo confieso que desde niño entendí que así sería
Sufría profundamente verte beber
Caguamas
Bacardí
Tequila
Whisky
Vodka
Rompope
Lo que cayera.
Lo sufría pero al mismo tiempo lo disfrutaba
lo disfrutaba porque te veía contento
te veía sonreír
animarte
hacer una carne asada
o visitar a alguien
o dar una vuelta al cerro.
Te volvías amoroso
platicador
me decías que sí podría tener un perro
o te escapabas bien pedo al supermercado
y nos comprabas
un Atari 2600
una Nintendo
o le dabas un beso a mi madre
«te quiero vieja»
y te aventabas una de Jorge Negrete.
Yo entendía entonces que ese veneno
era veneno
pero veneno del bueno
me dejaba llevar por la corriente.
Volteaba a mi alrededor y pensaba:
¿quién no pistea?
En el barrio todos pistean
mashín
al límite
con la música bien alto
hasta que se pueda acariciar la muerte.
La raza trabaja bien duro en lo que puede
en parte
por el lujo de ponerse tan estúpido
tan pendejo
y olvidarlo todo.
Mi jefe al menos era responsable
trabajador
disciplinado
obligado
buen padre.
De morro todo esto se vive diferente
Porque yo te culpaba
incluso te odiaba
¿por qué nos pasabas todo ese dolor?
¿por qué nos hacías vivir con ese miedo?
de que te mataras manejando
de que mataras a alguien
de que te atropellaran
de que ya no despertaras
de dejarnos solos en medio de toda esta mierda.
Pero ahora que se supone
Que se supone que ya soy un hombre
ahora que me veo en el espejo
y sin quererlo
en mi cara descubro la tuya
llego a entender un poco
los demonios que llevabas dentro.
Y yo también disfruto esa copa de vino
de esa sheve que te brinda el compa
o que vas a buscar al OXXO
un lunes
o un martes
estando solo
y que tomas en el porshe
estando solo y dices
no me hace falta
pero no quiero que me haga falta
porque es veneno
y es veneno del bueno.
No puedo borrar de mi cabeza el día de tu muerte
esos días en mi vida se estaban muriendo muchas otras cosas
pero tu muerte lo borró todo
lo arrasó
como hacen las olas del final de set de olas
esas que hasta los surfers más bravos les sacan la vuelta.
Estaba en Barcelona
Hablando con el Koki, decidiendo si venir esa noshe o la siguiente
bailando con los pocos euros de mi cuenta.
Fuimos por los niños a la escuela
Que li passa al papa, mama? Per què plora?
Preguntaban los niños
El abuelito está enfermo.
Y volvimos a casa
Recibí el mensaje de que se había acabado
de que estabas muerto
de que ya nunca más.
Ya nunca más te volvería a hablar
Ni volveríamos a discutir
Sobre el peje
Sobre la izquierda
Sobre Lucio Cabañas
Sobre nada.
Lloré y di golpes a las paredes
De rabia
De impotencia
Nada podía hacer para estar cerca de ti.
Y me salí a la calle
Fui a la peluquería
mi refugio estos últimos años.
Había gente esperando pero Wander me vio
Y preguntó qué pasaba
«Me voy para México, mi padre acaba de morir»
El silencio fue absoluto
Wander me peló sin palabras
El silencio lo inundó todo
Porque no hay miedo más profundo para el que emigra
que uno de los suyos se muera
que se muera y tú estés lejos.
Y lloré mashín
Lloré mashín por lo dicho
Pero sobre todo por lo no dicho
Por lo que no pude decir.
Y me acordé de esa vez
o de esas veces que ibas a la playa a pescar con shinshorro
en las playas bravas de la Mona Lisa
tú querías ir solo pero mi mamá te obligaba a llevarme
para que no pistiaras
pero pistiabas
mashín
Bacardí con coca
pal frío.
Allí estábamos
ese día
Tú, con poco más de 25 años en un bañador color vino
Yo, abrigado lo más que podía, oyendo música en mi casetera
Te metiste al mar con el shinshorro cuando ya casi era de noche
Y no salías
Y yo tuve miedo
Mucho miedo de que no salieras
de que te ahogaras.
Pero saliste por el lado izquierdo
bien contento
con unos lenguados
y encontrarte
verte vivo y sonriente
fue una de las cosas más shilas de mi vida
verte riendo
con esa sonrisa
que ahora es la mía.
Vine aquí para enterrarte
despedirme de esta ciudad
de estas tierras
que nunca volverán a ser las mismas
ni las carnes asadas
ni la birria
ni las tardes.
Pero igualmente te busco
no solamente en los recuerdos
ni en las historias de alcohol
te busco también
en la profundidad de mi tristeza
en ese vacío tan grande que se abre
como un boquete en el centro de mi pecho
que atraviesa la brisa marina
allí donde retumban
las risas de los morritos que corren en la playa
mientras sus padres pescan
con shinshorro
y pistean
Bacardí con coca cola
en estas playas traidoras de Ensenada.
* Víctor Corona estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato, México, y el doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona, España. Actualmente es investigador en la Universitat de Lleida.
Foto de interiores: Jon Tyson (@jontyson) / Unsplash.
Foto de portada: Alasdair Elmes (@alelmes) / Unsplash.
Comparte en Facebook
Twittéalo








