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Diálogo País / Top News / 04/09/2019

SOMOSMASS99

 

Oscar Alzaga*

Miércoles 4 de septiembre de 2019

 

Dos capítulos similares ocurren con apenas 16 años de distancia: la invasión norteamericana del país de 1846 a 48 y la intervención francesa de 1861 a 67. En la primera, fuimos derrotados y la nación perdió la mitad del territorio; en la segunda, triunfamos y expulsamos a tan poderosos invasores ¿Por qué fueron distintas las experiencias, si ambos poderes externos eran más fuertes económica y militarmente que México? ¿A qué se debieron entonces resultados tan diferentes?

México quedó debilitado por 11 años de la guerra de independencia de 1810 a 1821 y por 300 años de saqueo, como lo señaló Humboldt en 1804. Ante la evidencia de que España ya no era una potencia, pues quedaba atrás en lo económico con toda Europa del norte y en lo militar había perdido con Inglaterra y Francia, los conservadores como Iturbide y Santa Anna, que lucharon contra la independencia, en 1821 se pusieron al frente de ella y al triunfar se proclamaron “Agustín I” y “Alteza Serenísima”, respectivamente, mostrando su ideología retardataria. Nunca dejaron de ser reaccionarios y enemigos de los liberales y del pueblo, como después lo fueron Márquez, Miramón, Mejía y, siempre, el alto clero y los ricos hacendados.

Al quedar al frente de México los conservadores y Santa Anna ante la agresión de Estados Unidos (EEUU), éste primero intentó comprar Texas, luego poblarlo para reclamar su independencia y al final, con el pretexto de sentirse “agredido”, el gobierno de EEUU declaró la guerra en 1846. La intervención militar yanqui careció de fundamento legal y racional, se trató de una obra de rapiña ante la débil nación. EEUU ya había comprado Luisiana, en 1803, a Francia; en 1809 compra la Florida a España y en 1823 declara la doctrina Monroe: “América para las americanos”, o sea, su expansionismo por las armas.

Con titubeos y cobardía contestó Santa Anna a las agresiones, con individualismo y sin formar un frente nacional en defensa de la nación; finalmente, con traiciones, se perdió la guerra ante un enemigo más fuerte militarmente, pero la derrota se dio por la falta de unidad, organización y resistencia nacional; se le dio “legalidad” a una guerra ilegal con el tratado Guadalupe-Hidalgo, de febrero de 1848.

Pese a todo siguieron los conservadores al frente del gobierno, contaban con el reconocimiento de EEUU, Inglaterra, Francia y España, hasta que en 1854 los liberales llamaron al pueblo con el “Plan de Ayutla” a desconocer a Santa Anna. Pero como se vivía una economía en bancarrota y una elevada deuda extranjera, el país y los conservadores se debilitaron, avanzando los liberales (entre ellos divididos), pero con los mejores de ellos al frente: Juárez, Álvarez, Ocampo, Zaragoza, Vallarta y otros. El más afectado por la guerra y el desorden económico, fue el pueblo y, de él, los indígenas de la nación. 

Al sentir temor Santa Anna de su seguridad en México, huyó. Avanzaron los liberales con Juan Álvarez al frente y Juárez, el más firme y claro, que quería cambiar la nación, promoviendo varias leyes que limitaban poder de la iglesia, separándola del Estado; limitaba al viejo ejército terrateniente y a los hacendados, cuya mayoría seguía siendo de ascendencia española. En 1857 logran conjuntar todo el programa liberal en la Constitución, que resulta muy adelantada en su época, que suprimía la esclavitud, que en EEUU seguía vigente.

Ante la impotencia, los conservadores recurrieron a la guerra civil con el apoyo del viejo ejército, el alto clero y hacendados privilegiados. Tres años sufrió la nación esa guerra interna, venciendo al final los liberales y el pueblo, el 13 de diciembre de 1860, en la batalla de Calpulalpan. Tantas derrotas de los viles conservadores no fueron suficientes, tuvieron que acudir al extranjero, a entregar la nación y al pueblo a los poderes de Inglaterra, Francia, España y Austria.

En el fondo, los conservadores de 1810, 1821, 1846-48, de 1857 y 1861 al 67, seguían siendo los mismos; muy parecidos a los de hoy llamados neoliberales, si se les mira bien; sobreponiéndonos a las circunstancias y anécdotas de su época, la reacción siempre está contra el pueblo y a favor de los privilegiados. Mantienen viva “su” lucha de clases.

Con el pretexto de la deuda externa (que México nunca negó), los gobiernos de Inglaterra, Francia y España acuerdan intervenir en el país militarmente, no por las leyes, para exigir el pago, imponer su voluntad expansionista y declararse, apoyados por los conservadores traidores al país, contra el gobierno de Juárez, los liberales y el pueblo de México. El 31 de octubre de 1861 quedó firmado el pacto ilegal e irracional de las tres naciones, con una fuerza muy superior a la de México, que revela la cobardía de esos gobiernos. Desde luego se oponían a la Constitución de 1857, a la nación independiente y a su gobierno.

La milicia francesa realizó una farsa: bajo sus bayonetas hizo votar el pueblo a favor de Maximiliano. Los conservadores aprendieron a hacer fraudes electorales.

La derrota de los franceses el 5 de mayo de 1862 y la victoria sobre las tropas invasoras, que significativamente marcó el fusilamiento de Maximiliano, Mejía y Miramón en Querétaro, el 19 de junio de 1867, se debió a que Juárez nunca claudicó, ni negoció la soberanía nacional, ni, menos, se dio por vencido; al contrario, organizó a la nación, unificó a los ciudadanos, puso a luchar a todos y, sobre todo, gracias a la generosa sangre y dignidad del pueblo que luchó contra fuerzas más poderosas militarmente, pero no moral, ética y patrióticamente. 


* Abogado de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos y la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas.

Imagen de portada: Benito Juárez | Foto: Internet.






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