Breaking

Salvador Allende, Chile 1973; El Gabo

Diálogo País / Top News / 04/09/2019

SOMOSMASS99

 

José Antonio Bueno Saucillo*

Miércoles 4 de septiembre de 2019

 

Antes

Gabriel García Márquez narra magistralmente que desde fines del año 1969 se planeó el brutal Golpe de Estado de 1973 en nuestro hermano país de Chile, cuando éste se había convertido efímeramente en la segunda República Socialista de América, después de Cuba.

Nos dice el Gabo que en una cena para honrar al general chileno Toro Mazote en los suburbios de Washington, organizada por el coronel Gerardo López Angulo, a donde asistieron también tres generales del Pentágono, se ideó la masacre y el crimen que puso fin a los anhelos y la lucha de Unidad Popular de aquel país minero por excelencia, dueño del cobre de la mejor calidad que hay sobre la tierra; esta concurrencia, compuesta así, respondiendo siempre a los esquemas del imperialismo norteamericano.

Cuenta que el plan estaba ideado para efectuarse casi de inmediato pero, por una inusitada minucia de la logística golpista «casi risible», se pospuso para realizarse tres años después. 

Después de todo, militarmente era un éxito asegurado. El chileno, es un ejército que está entre los más sanguinarios del planeta, además lo iban a hacer con el apoyo logístico y económico de los estadounidenses. La crueldad y filosofía del ejército chileno están registradas en su historia, exponiendo muchos casos de represión interna donde sobradamente se demuestran violencia y crueldad inverosímiles, con grandes saldos de muerte.

En aquella cena se planeó el Golpe de Estado como un simple acto de guerra, bajo la consigna: «si triunfa Salvador Allende en las elecciones, tomaremos La Moneda en menos de treinta minutos, aunque tengamos que incendiarlo».

Es importante hacer denotar de la participación de las agencias de espionaje y de las operaciones desmanteladoras de gobiernos democráticos de los Estados Unidos a nivel mundial; nos aporta que estos agentes del derrocamiento instrumentaron primero una campaña de espionaje político desde 1965 llamada Plan Camelot, que consistió en investigar qué pensaban los chilenos respecto a un posible triunfo de los candidatos socialistas en Chile. 

Así obtuvieron la seguridad de que el ganador sería Salvador Allende, incluso antes que los chilenos.

El 4 de septiembre de 1970 pudieron comprobar que los resultados le daban la razón a su Plan Camelot.

¡Salvador Allende no se lo podía creer, habían ganado las elecciones, la Unidad Popular había triunfado! 

Sin embargo, la estrategia gringa mediante el Contingency Plan diseñado por la Defense Intelligence Agency del Pentágono y ejecutado por varios organismos, incluyendo a la CIA, todo bajo la dirección del Consejo Nacional de Seguridad, conformando una inmensa red de conspiración subterránea con el Ejército Chileno, la Democracia Cristiana y el Partido Nacional de Extrema Derecha para aplicarlo; todos estaban listos para dar el golpe cuando las condiciones les fueran más idóneas.

Para entonces el país ya estaba sufriendo a su máxima expresión la asfixia económica que Estados Unidos aplica a los países que tiene bajo su mira para apoderarse de sus recursos naturales y su poder político; la ayuda económica y en especie que la Unión Soviética y Cuba estaban aportando no era ya suficiente.

Fue el momento oportuno para que salieran las señoras burguesas a golpear sus cacerolas vacías en la calle.

Después la CIA propició y financió un paro patronal de transportistas de modo que a los patrones no les importara llegar a ningún acuerdo con los sindicatos (recibían dinero constante y sonante de Estados Unidos).

Cuando faltaba una semana para el Golpe de Estado no había pan, leche, ni aceite.

El país se encontraba al borde de una guerra civil, los mandos militares habilitados por el gobierno de Allende comenzaron a ser destituidos o muertos para imponer en su lugar a los militares que habían asistido a aquella ignominiosa cena de 1969.

Que el golpe militar sería cruento, lo sabía el propio Allende, pues así se lo manifestó a la periodista Rossana Rossanda. Chile era ya en ese entonces un país con tradición golpista, pues las dos últimas Constituciones que había tenido el país en esas fechas se habían instrumentado por medio de las armas.

El golpe militar acordado sería el sexto en un lapso de cincuenta años.

Como sangre trae a colación sangre, recordemos que lo sanguinario del ejército chileno data de muchos años, desde el siglo XVI, en aquellos años se fundó una escuela de guerra cuerpo a cuerpo para luchar contra los Araucanos; uno de los que encabezaron dicha escuela se jactaba de haber dado muerte a más de dos mil personas en una sola acción de enfrentamiento.

Durante el padecimiento de una epidemia de tifo, el ejército arrancaba de sus casas a los enfermos y los mataba con un baño de veneno para acabar con la epidemia.

En 1906, para acabar con una huelga de trabajadores portuarios masacraron a 8 mil obreros.

Durante una huelga de mineros de la mina El Salvador, bajo el mandato de Eduardo Frei, mataron a seis personas sin respetar a mujeres y niños, quién lo ordenó fue el comandante de la plaza: Augusto Pinochet.

(Estos registros son sólo unas muestras negras de la historia del ejército chileno)

El Golpe

Textual: 

El 11 de septiembre se llevó a cabo el plan de la cena de Washington, con tres años de retraso, pero tal como se había concebido: no como un golpe de cuartel convencional, sino como una devastadora operación de guerra.

Numerosos agentes extranjeros tomaron parte en el drama, el bombardeo del Palacio de la Moneda, cuya precisión técnica asombró a los expertos, fue hecho por un grupo de acróbatas aéreos norteamericanos que habían entrado para ofrecer un espectáculo de circo volador el 18 de septiembre, día de la Independencia Nacional.

Cuatro meses después del golpe, el recuento fue atroz: 20 mil personas asesinadas, 30 mil prisioneros políticos sometidos a indecibles torturas, 25 mil estudiantes expulsados y más de 221 mil obreros licenciados sin motivos.

La Muerte

Gabo dice que la experiencia le enseñó demasiado tarde a Allende que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.

Salvador Allende murió disparando una metralleta que le regaló Fidel Castro, fue la primera y última arma de fuego que disparó; al lado del periodista Augusto Olivares resistió seis horas en el segundo piso del palacio, en donde esperó y enfrentó al general Javier Palacios y sus esbirros, al que le gritó «traidor», disparando al grupo e hiriendo a Palacios.

Cayó acribillado después en un ritual de sangre, le dispararon todos los integrantes del grupo y finalmente, uno de ellos le machacó la cabeza con la culata del fusil.

Quedó tan desfigurado que el rostro no le fue descubierto a la Señor Hortensia Allende.

Murió el revolucionario, con él sus pensamientos; uno de sus ministros le comentó a Gabo: «Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende».

El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo y que se quedó en nuestras vidas para siempre.


Fuente bibliográfica: Gabriel García Márquez; Chile, el golpe y los gringos; Cuadernos Alternativa, Editorial Latina, 1974.

* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

[email protected]

Foto de portada: Horacio Olivera / Signs Of The Times.






Luis López




Entrada Anterior

IT: Capitulo Dos, más y más terror

Siguiente Entrada

Enseñanzas vigentes de la Historia





0 Comentario


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

IT: Capitulo Dos, más y más terror

SOMOSMASS99   Rodrigo Barajas Fonseca / SomosMass99 Ciudad de México / Miércoles 4 de septiembre de 2019   Para...

04/09/2019