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Cambio de rumbo / y II

Diálogo País / Top News / 06/02/2020

SOMOSMASS99

 

Jatzibe Castro*

Jueves 6 de febrero de 2020

 

Llegaron a Madrid y Rebeca se fue directo al piso en que le tenían preparada una recámara de un tal Paco que no estaría en el congreso. En aquel departamento vivía Rafael, el hermano menor de una amiga de la secundaria, quien fue encantador anfitrión y más adelante excelente amigo. El piso estaba a unas cuadras de la Antigua Universidad de Alcalá de Henares, sede del congreso, pretexto de aquel viaje que podría dar nuevo rumbo a la vida de Rebeca.

La mañana siguiente iniciaban las actividades del congreso. Entrar en aquel espacio fue como regresar cinco años en el tiempo, cuando Rebeca apenas con 22 años, había estado en aquel lugar, estudiando informática para administradores públicos. Aquellos habían sido unos meses intensos, de encontrarse con gente nueva, viajar cada semana, aventurarse a conocer España caminando, en tren o autobús, descubriendo sus ciudades, sus pueblos, sus calles y reencontrándose a cada paso con la libertad, la posibilidad de decidir, de sentirse responsable de sí misma.

Universidad de Alcalá de Henares.

Ya en el congreso, la bienvenida culinaria, después de la protocolaria y académica fue en aquel patio que, sin congreso y en verano, era el comedor donde los alumnos saboreaban en el desayuno las tostadas con mantequilla y mermelada, el café con sabor a café, el zumo de naranja; a media mañana la tortilla con pan, las aceitunas; las diversas comidas que incluían entre otras cosas lentejas, huevos estrellados, paella, pescado, ensaladas, todas con pan y con el vino que no podía faltar. Y a media tarde el pacharán o el anís que disfrutaban los alumnos de aquella casa de estudios, haciendo honor al dicho: a donde fueres, haz lo que vieres.

Ahora las mesas se unieron y formaron una mesa larga donde seguramente había cosas riquísimas que ni siquiera se podían ver porque los asistentes se arremolinaron alrededor, de tal manera que difícilmente se podía penetrar. Como siempre pasa, había mucha gente esperando que los más abusados o avorazados les dejaran paso. En eso estaban Rebeca y Thelma cuando ésta última llamó a un tipo realmente alto que estaba por sobre todos disfrutando con la vista, el olfato y el gusto de las delicias que estaban dispuestas para los invitados: ¡Manuel!, que volteó y al hacerlo sus ojos se encontraron con los de Rebeca de tal modo que sus energías chocaron en el limbo y armaron una ola de protones y neutrones que los hizo sentir cosas brillantes los siguientes instantes, hasta que las palabras de Thelma interrumpieron la transparente comunicación para dejar paso a la posibilidad de probar el ambigú. Manuel se convirtió en el puente que nutrió de alimento a las amigas que al parecer se habían reencontrado y se divertían comiendo y platicando. ¿Quién es ese?, un compañero de mi curso. ¿Está guapo verdad? dijo Thelma. Rebeca le contestó afirmativamente con los ojos y una sonrisa pícara que reflejaba su encantamiento.

De pronto se daba cuenta que los días le parecían muy largos, llenos de situaciones emocionantes, con gente agradable que la rodeaba desde el amanecer, cuando con Rafael iban juntos al congreso y pasaban a una pastelería en la que compartían un pan y un café deliciosos y, después, cuando Manuel la esperaba en las sesiones con una sonrisa que le iluminaba el día.

Las actividades del congreso resultaron muy divertidas, Manuel y Rebeca, aunque estaban presentes y atendían, encontraban la ocasión, las palabras y la manera de compartir comentarios agradables que los conectaban. Aquel vínculo que había iniciado días antes, se curtía con el paso de los minutos, de tal manera que parecía que el tiempo se detenía.

El fin de semana que siguió al congreso y que era parte del tiempo programado por Rebeca para su viaje, ella y Manuel decidieron ir al Valle de los Caídos y a Aranjuez. Fueron y vinieron el mismo día. La convivencia fue aterciopelada y divertida. Rebeca no lo podría creer. Estar un día entero con un hombre que le estaba encantando, que la trataba con respeto, con el que se sentía en total libertad de ser ella misma sin sentir la angustia de detenerse a pensar qué decir para que no se molestara, era algo que hacía mucho no le pasaba. Tal vez otros momentos similares los vivió en su adolescencia cuando convivía con su grupo de amigos. Sus últimos dos noviazgos le generaban angustia en muchos momentos. No podría dejar de pensar si estaría haciendo bien en casarse con un hombre que le generaba tanta intranquilidad.

La historia de cuento que vivía Rebeca llegaba a su fin, cuando Manuel le sugirió que se quedara unos días más, harían un viaje a la Costa Azul y la invitaba. El sueño podría continuar y el regreso a la realidad esperar un poco más. Le parecía imposible atreverse a enfrentar la reacción de Rodrigo ante el retraso de su vuelta. Sin embargo, ante lo extraordinario que estaba viviendo, lo hizo.

El viaje a la Costa Azul lo harían en dos autos, en uno de ellos irían las dos parejas con las que compartió el viaje a Portugal, y en el otro iría ella con Manuel y dos de sus amigos. Todos menos ella eran compañeros del mismo curso. Con Manuel había conversado sobre la experiencia con los compañeros de Thelma, sin embargo en esta ocasión ella iba principalmente con él. Pensó que, si en Portugal no había dejado que le afectaran las circunstancias, ahora menos sucedería. Y así fue. Partieron rumbo a Zaragoza, viajaron toda la noche hasta llegar a Marsella donde se detuvieron a desayunar.

Rebeca había sugerido que ella podía manejar en algunos trayectos, a lo que los compañeros de Manuel se opusieron argumentando, como buenos machos, que las mujeres manejaban mal. Por ello muy grata fue su sorpresa cuando Manuel, al salir del restaurante donde desayunaron, le dio las llaves del carro y le dijo que no estaba de acuerdo con sus amigos, que ella podría manejar cuando quisiera. A los otros dos no les quedó más remedio que acceder y, después, darse cuenta que las mujeres pueden manejar aún mejor que ellos. Después, hubo un pequeño contratiempo. Los viajeros del otro auto, que iban siguiéndolos porque ellos guiaban en ese trayecto, se les perdieron. Nunca se supo si fue intencional o no, sencillamente cada uno de los dos grupos continuaron su viaje por separado. Esta circunstancia ahora sería imposible, en aquel entonces no había teléfonos móviles.

Lo que vivió Rebeca durante aquellos días de viaje por la Costa Azul fue una de las experiencias mas bellas de su vida. Sus acompañantes resultaron excelentes compañeros, caballerosos, divertidos y solidarios. Un ejemplo de ello fue que, cuando llegaban a pernoctar, dividían la cuenta entre cuatro, aun cuando Rebeca dormía en una habitación individual y ellos compartían la suya.

Rebeca recuerda cómo en su amanecer en Niza los empleados del hotel la despertaron con toquecitos sutiles en su puerta y una linda charola con chocolate caliente y dos croissants deliciosos. En verdad parecía un cuento de hadas, princesas y castillos rodeados de magia y encantamientos. Fueron a Saint-Tropez, Mónaco, Cannes y Niza, en los días en que ocurría el festival de cine y la Fórmula 1. Sencillamente de sueño. Lo mejor de la aventura fue que Manuel y ella mostraron abiertamente su gusto por el otro, lo que daba un toque quimérico a cada momento, trayecto y lugar que compartían. Una noche en Niza presenciaron sin asistir un concierto de música francesa con Julian Clerc. Al pasear por el malecón, después de cenar, vieron una gran carpa blanca de la que salía el sonido de una música que los cautivó y decidieron sentarse en una banca cercana. Escucharon, disfrutaron y festejaron su encuentro, su empatía, su enamoramiento y a la vida que les daba ese viaje como un gran regalo que nunca olvidarían. Fue en aquella ciudad que se dieron su primer beso, lleno de emoción y ternura.

Al llegar a Cannes los sorprendió el festival de cine que habían seguido cada cual desde su lugar años anteriores, una afición común que los unía de otra manera, ya que encontraron semejanza en su gusto por películas especiales que habían disfrutado mucho. Visitaron un barco pirata, un tema más de alegría y gozo. En Mónaco vieron pasar los autos de la Formula 1 a lo lejos; esa bella ciudad también envolvió su enamoramiento, al igual que Saint-Tropez y algunos otros lugares que visitaron.

La experiencia pudo haber sido un sueño de Rebeca, un bello sueño que la hizo despertar, que la hizo cambiar de perspectiva. Pero no fue un sueño, fue una catarata de realidad. Manuel y ella se despidieron y después se visitaron en sus respectivos países. Viajaron juntos y nunca tuvieron una discusión o un desencuentro. Incluso hicieron planes de matrimonio, que no llegó a concretarse y ni siquiera eso fue motivo de pleito o molestia. Ambos se recuerdan con mucho cariño.

Aquel viaje con sus momentos de soledad, compañía, alegría, diversión, enamoramiento, fue una mirífica experiencia que perturbó los planes de Rebeca y Rodrigo. Lo vivido permitió a Rebeca reflexionar profundamente sobre el paso que estaba a punto de dar. Se percató de la posibilidad de conocer a un hombre que la quisiera y respetara como es debido, alguien con quien podría sentir paz y sentirse plena siendo ella misma, quien la apoyara en sus decisiones y la alentara a atreverse, alguien de quien sentirse orgullosa y con quien complementarse.

El día que Rebeca volvió a México, Rodrigo la esperaba en el aeropuerto, estaba a unos pasos de ella y ella no lo veía, era transparente ante sus ojos, no lo reconoció, le tuvo que decir que era él, que ahí estaba, porque ella simplemente no lo veía. Ese mismo día le dijo que no sabía cómo había podido estar con él en una relación tan dañina. Le expresó su enojo con él por todo lo que la había hecho sufrir y también habló del enojo que sentía con ella misma, aún más profundo que el que sentía hacia él, por habérselo permitido. Ese, había sido el más error grande en su relación.

Ese día también agradeció la oportunidad que tuvo de rectificar el rumbo de su existencia.


* Jatzibe Castro es pintora y escritora.

Imágenes de portada e interiores proporcionadas por Jatzibe Castro.






Luis López




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4 Comentarios

el 06/02/2020

Qué gusto que no lo haya re-conocido.

el 08/02/2020
el 09/02/2020

Que bien que Rebeca tuvo la oportunidad de revalorarse conocer otras amistades y cerrar esa relación enfermiza con Rodrigo
Mujeres estar atentas!!!

el 11/02/2020

Una bella historia, muy clara, con excelente sentido y emoción.



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