Breaking

El placer de leer e imaginar

Diálogo País / Para Ver, Oír y Comer / Top News / 19/02/2020

SOMOSMASS99

 

Esther Sanginés García*

Miércoles 19 de febrero de 2020

 

Decidí que ese diagnóstico que se leía terrible «Trombosis venosa profunda de extremidad inferior derecha (Femeropoplitea y de vasos tibiales)» y se escuchaba peor, además del dolor que sentía cada vez que me movía o apoyaba el pie (y vaya que lo tenía que hacer para ir al baño), no me iba a quitar la paciencia, ni el buen humor, tampoco era mi intención amargarle la vida a mi compañero. Que había de estar en cama, ni hablar. Que no podía practicar Kung fu, ni Chi Kun, ni Tai Chi, tampoco compartir con mis amigos del Colectivo Miguel Hidalgo, ni de la comunidad académica Aprendientes Somos, ni modo, pues al fin y al cabo sería por un ratito.

Me quedaba el placer de leer, no podía realizarlo por mucho rato, pues las medicinas me tenían medio embotada, así que opté por darle tiempo a los cuentos e historias. En diciembre, en mi visita anual al pasaje entre  las estaciones Pino Suarez y Zócalo del metro de la Ciudad de México, visité la librería de la Editorial Somos Maestros (stand 15), allí distribuyen la colección El barco de vapor. Pregunté por los premios, compré cinco libros con la idea de irlos leyendo poco a poco y compartirlos con mis amigas-alumnas de la UPN, especialmente con las maestras Rocío y Mariela Llanos, pues podrían servir para sus trabajos de tesis, cuatro me parecieron fascinantes, uno francamente malo, les comparto las breves reseñas de dos.

Empecé con Lili, libertad. Me encontré con una historia muy bella, narrada por la directora de una escuela, érase que se era una niña, Lili, que había perdido su espacio, su pueblo y sus amigos. Tras el divorcio su madre se la había llevado de su pueblo, frente al mar, con su olor a sal y a flores, a una ciudad gris, ruidosa, llena de humo sopasosa y, como todo cuento, me llevó por las alas del tiempo a mi querida Ozuluama y al dolor de perder mi cerro, ese que me permitía ver el mar en los días claros, mis árboles y mis amigos, pero también a mis incongruencias como mujer adulta que por estudiar una maestría se lleva a sus hijos de su Celaya natal, de su casa con jardín y frutales a un departamento estrecho de la Ciudad de México, con nuevos maestros, una de ellas harta ya del magisterio.

Vuelvo a Lili, quien se va a enfrentar a un mundo que no comprende y entre más trata de entenderlo más confusión le genera. Las exigencias y rituales de un maestro cansado que había perdido la vocación, la imposibilidad de Lili para comunicarse con su madre, con su profesor, le impiden cumplir con la orden de disfrazarse para el lunes de carnaval. “La única niña sin disfraz”, el maestro vuelto un energúmeno y las burlas de los compañeros hacen que Lili explique su dolor a su mamá, señora joven, atarantada, que le hace un bello vestido de bailarina para el día siguiente, martes de carnaval. Lili va feliz, pero es la única disfrazada. La vuelven a castigar, no entiende nada, y en ese no entender y defender su dignidad, Lili va encontrando el valor que necesita para emprender el camino a la libertad. Ese camino es terrible y a la vez maravilloso, cierra y abre puertas, pasa por la intolerancia, la frustración, la tristeza, el valor y la perseverancia, ¿Qué pasa con Lili? ¿Qué sucede con el maestro?

A la mitad del libro encontramos un diálogo que me trae el eco de muchas situaciones vividas.

−¿Puedo decir algo?

Silencio, todos los demás estaban callados, más asustados que la propia Lili

−¿Qué? ¿Eh? –Don Mauricio sentía que le faltaba el aire.

−El lunes me castigó por no venir disfrazada.

−¡Pero es que el lunes tenías que venir disfrazada!

−¿Por qué?

−¡Porque todo el mundo se tenía que disfrazar!

−¿Por qué?

−¡Porque formaba parte del programa!

−¿Por qué?

−¡¡¡Porque lo digo yo!!!

¿Cuántos Don Mauricio hemos encontrado en la vida? ¿Cuántas veces nos hemos convertido en Don Mauricio? ¿Qué nos sucede ante la imposibilidad del diálogo?

Hay que seguir a Lili. El desenlace no es predecible, es,  como la vida, no les cuento más para no echarlo a perder.

No se lo pierdan. Lili, Libertad[1].

La segunda historia-cuento es La leyenda del rey errante[2], que inicia así:

Hubo una vez una época, antes de Mahoma y el islam, en que Arabia fue tierra de misterio y leyenda. En aquella era que los árabes llaman yahiliyya o “tiempo de ignorancia” todo era posible, porque no había más reglas que las del honor y el amor, que a menudo las rompen todas…

En ese mundo lleno de magia vivía Walid ibn Huyr, príncipe de Kinda, todos decían que al nacer había sido tocado por los djinn, hermoso de cuerpo, bello del semblante y del alma, generoso con su pueblo, gentil, elegante, buen guerrero. Todo lo aderezaba con su gran deseo de saber, en esos tiempos en que leer y escribir eran privilegios de los que muy pocos gozaban, había reunido en palacio una gran biblioteca.

El príncipe parecía poseerlo todo, sin embargo guardaba en su alma una ambición secreta, el deseo de ser el mejor poeta de todos los tiempos. Su drama inició cuando le solicitó a su padre el permiso para participar en el certamen de poesía que se celebraba año con año en la ciudad de Ukas. Al ganador se le concedía el honor de ver su casida escrita en letras de oro y colgada de los velos del templo de la Kaaba.

Su padre que era un rey muy sabio, le puso como condición que demostrara ser primero el mejor poeta de su reino. Para eso había de organizar su propio certamen.

Laura Gallego va narrando como se preparó el certamen, las condiciones del rey para que los jueces fueran los mejores poetas de toda Arabia, por tanto insobornables…

La magia de la narración nos lleva a un mundo en el que las pasiones se desbordan, no es una repetición de los cuentos de las mil y una noches, es lo impredecible, todas las posibilidades que se encierran en el ser del hombre cuando la envidia y la soberbia van devorando sus cualidades.

Se cruzan las historias; la de Amir ibn Hammad, artesano que teje en sus alfombras la belleza del desierto, los oasis, la vida dura y al mismo tiempo plena, en sus poemas cada palabra posee “una misteriosa magia que  llega al corazón y que puede renovar las cosas caducas una y otra vez”, comparte el amor por su mujer, sus hijos, el mundo… con la del príncipe que quiere arrancarle a Amir ibn Hammad el secreto de la creación; mientras el drama se desarrolla, se escuchan fragmentos de poemas antiguos:

“El verdadero bandolero es aquel cuyo rostro resplandece como la llama que ilumina a quien alza una brasa”

“Cuando quejarse no sirve de nada, la paciencia es de lejos preferible”

“La herida que provoca la lengua es como la que la mano provoca”

Vidas, decisiones, destinos que nos llevan a largas cabalgatas por el desierto, las ciudades árabes, los mercados. Viajes al corazón humano, donde los caminos del amor, la envidia y el honor se entremezclan. Como se dice en la contraportada: “Esta narración combina leyenda, historia, novela y sueño. Hace volar la imaginación a un tiempo y una geografía distantes”.

Una excelente lectura para niños grandes, adolescentes y jóvenes; también para que los adultos la disfrutemos.


[1] Gonzalo Moure Trenor; Lili, Libertad, Premio Barco de vapor 1995, Ediciones SM, 2da edición,  México, 2017.

[2] Laura Gallego García; La leyenda del Rey Errante, Ediciones SM, 2da. edición, México, 2016.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.

[email protected]

Foto de portada: Kinga Cichewicz (@all_who_wander) / Unsplash.






Luis López




Entrada Anterior

Veroír el fracaso iluminado, retrospectiva de Cecilia Vicuña en el MUAC

Siguiente Entrada

Pautas poéticas I: José Carlos Becerra a 50 años de muerte





0 Comentario


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

Veroír el fracaso iluminado, retrospectiva de Cecilia Vicuña en el MUAC

SOMOSMASS99   Redacción / SomosMass99 Ciudad de México / Miércoles 19 de febrero de 2020   Parte del trabajo...

19/02/2020