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De 1998 a 2015, el primer ensayo de unidad latinoamericana

Diálogo Global / Diálogo País / Top News / 20/04/2020

SOMOSMASS99

 

Oscar Alzaga*

Lunes 20 de abril de 2020  

 

De 1810 a 1823 ocurre el primer intento latinoamericano de independencia para acabar con 300 años de colonialismo y sometimiento al imperio español, al final en decadencia. Pero el colonialismo adoptó formas modernas en el norte de Europa y en Estados Unidos (EEUU) desde 1823, con políticas expansionistas hasta llegar al final del siglo XIX a ser otra potencia imperialista, la primera para Latinoamérica. 

De la mitad del siglo XVII y todo el XVIII, España trasladó su atraso económico a sus colonias, mientras que Inglaterra llevó a Estados Unidos un capitalismo industrial, dejando dos herencias distintas, que influirían en el futuro de América, haciendo más difícil el desarrollo al sur del Río Bravo, a donde para finales del siglo XIX llegaría al capitalismo, sí, pero un capitalismo dependiente y subdesarrollado. 

Durante los tiempos de Bolívar y por iniciativa de él, el sueño latinoamericano fue su unidad para hacer contrapeso al imperio del norte y lograr su independencia plena. Así, hasta finales del siglo XX hubo muchísimos acontecimientos históricos y heroicos en cada país de esta región, pero pocos intentos unitarios. México pierde la mitad del territorio en manos de la rapiña yanqui en 1847; en cambio, bajo la dirección firme de Benito Juárez, el pueblo unido organiza la resistencia cinco años y acaba con la invasión francesa en 1867. Muchas experiencias de liberación enfrentaron nuestros países en el siglo XX, pero fueron aisladas. 

Cuba, con la revolución, logra su independencia y llega al socialismo de 1959 a 1961, derrotando al imperialismo yanqui. Un quiebre histórico. Chile, en 1971, triunfa por la vía electoral con el socialismo. Ambas naciones logran lo que ningún país de Europa alcanzó, menos hacer frente al Imperio, como Cuba en 60 años. 

El siglo XX fue muy importante en las experiencias políticas latinoamericanas que intentaron, en cada país, la independencia de EEUU: la revolución y el cardenismo en México; Perón y la lucha sindical en Argentina; Sandino y los sandinistas en Nicaragua; Vargas y CUT en Brasil; tupamaros en Uruguay, y tantas luchas más.  

El siglo XX concluyó con broche de oro para el imperialismo yanqui y socios. En los 70, Reagan y Thatcher impulsan el neoliberalismo y el adelgazamiento del Estado de cada país: privatizaciones, agresiones al sindicalismo y la derechización de la política del mundo. La caída del socialismo en 1988-90 ayuda a la unipolaridad. Desde la década de los 80 del pasado siglo el Consenso de Washington se vuelve dogma y obliga a su cumplimiento con la presión del Banco Mundial (BM), Fondo Monetario InternacionaI (FMI), Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Organización Mundial de Comercio (OMC), Organización de Estados Americanos (OEA), Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y otros. La vieja Europa se corre a la derecha como casi todo el mundo, salvo Cuba en América y unos pocos más. La ONU baja la voz ante la invasión yanqui a Irán, cuando la mayoría de los países votó en contra de la invasión y la mentira yanqui; lo mismo se repite cada año con la condena mundial al cerco yanqui a Cuba. EEUU se impone. 

Veinte años de hegemonía aplastante llevaron a conmemorar en EEUU el fin del siglo XX como el siglo de ellos. En realidad abusando como nunca del poder y agudizando las contradicciones, desigualdades sociales y económicas del mundo, haciendo de la guerra y el intervencionismo un negocio permanente, apoyado por la OTAN y la OEA, según el caso. La política neoliberal se caracterizó por adelgazar el Estado social, con todas las consecuencias y daños a la mayoría de la población del mundo, en particular a los trabajadores y sus familias: la mayoría de cada país. 

Disminuyó la tasa de sindicalización internacional y debilitaron los sindicatos, se perdieron derechos laborales básicos con reformas para flexibilizar y modernizar las relaciones de trabajo, adaptarlas a las nuevas tecnologías y otras mentiras más, a medias o completas, todo para favorecer al capital. 

Ni qué decir de la degradación del medio ambiente y la ecología con responsabilidad principal de las oligarquías de países desarrollados y sus repetidoras, los países en desarrollo (así llama la ONU al subdesarrollo crónico y dependencia estructural, que juntas anteponen el negocio y el lucro a la preservación de la naturaleza). Como ocurre igual con la educación y la salud públicas, y los derechos humanos, a los que anteponen el derecho mercantil siguiendo el modelo de EEUU.  

La experiencia democrática y unitaria del siglo XXI 

El lector disculpará que la exposición de cada país sea breve y esquemática, mucha información escapa y el análisis no abarca la complejidad y profundidad de la realidad y los hechos más importantes. Veamos: 

En Venezuela Hugo Chávez gana la elección de 1998 y en 1999 lanza la primera Constitución que impulsa el poder ciudadano, con una democracia participativa (el referéndum, plebiscito, rendición de cuentas, remoción del cargo, etcétera, y avanza el poder popular. La gran movilización popular argentina logra la renuncia de Fernando de la Rúa y aborta su Estado de sitio decretado el 20 diciembre de 2001, lo que da inicio a la segunda nueva emancipación de Nuestra América. En marzo de 2002, la lucha popular y militar de Venezuela logra abortar el golpe de Estado contra Chávez, preparado por EEUU, Inglaterra, España, la oligarquía trasnacional y nativa, incluida la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV), también golpista. 

Tales triunfos levantaron la moral y ánimo de Latinoamérica, como pocas veces había ocurrido en la historia. Dos actos pro-yanquis contra la soberanía del pueblo fracasaron ante la organización y lucha de las fuerzas democráticas, espontáneas en Argentina y en Venezuela, incluidas las fuerzas militares. Los viejos recursos -yanqui y oligarca- del golpe de Estado y el Estado de sitio para poner fin a las luchas del pueblo, usados reiteradamente en Nuestra América, fallaron. 

En Brasil Lula gana la elección de 2002. De origen obrero y líder sindical, es presidente en enero de 2003, gana su reelección y llega a 2010, en periodos de 4 años. Como Allende, Lula ganó hasta la cuarta elección; su gobierno hizo crecer el PIB per cápita tres veces a favor del pueblo, la mayoría. Dilma Ruosseff gana la elección en 2010, siendo la primera mujer presidenta en Brasil y gana su reelección en 2014, pero a la crisis económica la manipulan las fuerzas de la reacción para lograr la derrota política y jurídica de Dilma; en el parlamento es suspendida del cargo y la llevan a un juicio controlado por la derecha. Mientras encarcelan a Lula en 2016. 

En 2003, en Argentina gana la elección Néstor Kirchner; la unidad Latinoamericana adquiere gran fuerza regional e internacional. En 2007 gana la presidencia Cristina Fernández de Kirchner, dando continuidad a la democracia -no neoliberal- que caracteriza a los nuevos gobiernos independientes del Consenso de Washington. Pero en 2015 gana la derecha, asume la presidencia el neoliberal Mauricio Macri y Argentina entra en un caos económico con grandes daños a la población. En 2019 pierde Macri las elecciones y vuelven los Fernández a la presidencia, esta vez de la mano de Alberto Fernández. 

Un común denominador en los países donde gana la democracia es el apoyo popular y que se abandone la política neoliberal. En cambio la derecha, al volver al poder, retoma medidas contra los trabajadores y restablece políticas laborales de los 80 y 90, retomando los demás aspectos neoliberales. En ambos casos la lucha de clases se intensifica, en cada uno con los apoyos y recursos propios de su clase, sea nacional o internacional. El comercio lo diversifican los gobiernos democráticos con China, Rusia y otros. La reacción vuelve a la sumisión con EU.  

En 2004 gana la elección de Uruguay el socialista Tabaré Vázquez, por la coalición Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría. En 2009 vuelve a ganar el Frente con José Mujica. En 2014 regresa la presidencia Tabaré Vázquez. Pero en 2019 el Frente Amplio pierde la elección. 

En 2005, en Mar de Plata la mayoría de los países rechazan el ALCA de Bush. La derrota de EEUU ocurre por primera vez, ya que desde la creación de la OEA en 1948 tuvo el control de ella y, por tanto, de la mayoría de los países de la región.  Venezuela con el apoyo de Argentina y Brasil oponen el ALBA, o sea, un nuevo elemento de unidad latinoamericana. De 2002 a 2006 se hicieron reuniones anuales en La Habana para apoyar la lucha contra el ALCA y por el ALBA, en asambleas presididas por Fidel Castro y Hugo Chávez, a las que asisten ALAL y varias asociaciones de abogados, y los todavía líderes Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador) y otros. 

El ALBA inicia en 2002 con el acercamiento de Cuba y Venezuela, ya que el proyecto yanqui existió desde 1994. Luego siguió creciendo el ALBA y la unidad latinoamericana en otros frentes sociales, económicos y políticos. 

Nadie olvida los golpes de Estado, la suspensión de garantías, los gobiernos militares y las invasiones militares de EEUU sobre los países que se atrevían a ser o querían ser soberanos e independientes; esas agresiones fueron recursos de la política de seguridad nacional implantada por EU en mancuerna con las oligarquías y gobiernos títeres en toda Latinoamérica, desde el siglo XIX. Al inicio del siglo XIX, los precursores fueron Inglaterra y Francia. 

2006 el año clave de la unidad regional 

En 2006 gana Evo Morales la elección en Bolivia, que con políticas nacionalistas y sociales logra grandes avances económicos y de política social para el pueblo, y la soberanía. Gobernó hasta el golpe de Estado de 2019. Su gobierno siempre estuvo rodeado de enemigos internos y externos. Pese a todo avanzó.  

Evo recreó la política de Lázaro Cárdenas de 1934-40; de Getulio Vargas 1930-1954 y Juan D. Perón 1946-1955, que fueron proyectos nacionalistas y de liberación. Contra ellos actuó EEUU a fondo, al grado de que Vargas se suicidó en 1954 e hizo responsable a EEUU de su muerte, por ahogar la economía de Brasil. 

En noviembre de 2006 en Ecuador gana Rafael Correa. En el periodo de 2007 a 2011 promueve una nueva Constitución a favor de la ciudadanía, con una democracia participativa, siguiendo a Venezuela. En 2010, los militares y oligarcas paralizan actividades e intentan un golpe de Estado que fracasa. En febrero de 2013 gana la reelección, pero en 2017 gana Moreno, que desliza a la derecha el gobierno y apoya un “paquete” económico del FMI con recortes sociales que levanta protestas indígenas y populares en octubre de 2019, al que responde suspendiendo garantías y cambiando la sede del poder a Guayaquil. 

En 2006, en Nicaragua ggana la elección el Frente Sandinista con Daniel Ortega. En noviembre de 2018 Trump declara al gobierno nicaragüense una “amenaza a la seguridad nacional” de EEUU. Protestas estudiantiles y populares en Nicaragua son reprimidas en 2018 y 2019.

En 2006 gana Manuel Zelaya la elección en Honduras (sustituye al derechista Ricardo Maduro). Al declarar su simpatía por Hugo Chávez, la derecha internacional y local montan una campaña en su contra; para el 28 de junio de 2009 el ejército y la oligarquía dan el golpe de Estado, con el apoyo de EEUU. 

En julio de 2006, en la elección en México, la reacción comete un fraude contra Andrés Manuel López Obrador y a favor de Felipe Calderón, que dijo ganar con un margen del 0.5% de votos. El antecedente había sido el fraude de 1988 a favor de Carlos Salinas y contra Cuauhtémoc Cárdenas. En ambos casos se hicieron campañas ilegales con publicistas de EEUU y falsos conteos de votos.  

No reconocer el triunfo de AMLO de 2006, era la estrategia de EEUU y la oligarquía nativa, ante el panorama latinoamericano. 

Un fraude más contra AMLO fue en 2012, con la compra de votos a favor de Enrique Peña Nieto y el PRI, en alianza con el PAN y PRD. Pero en 2018 el triunfo de AMLO arrolla con la mayoría, lo que llevaría al PRI y al PAN a su peor derrota, igual que a los apoyos de clase que tuvo, internos y externos. En 2018 inició el cambio en México por la democracia y la soberanía. El PRI en su caída arrastró a la Confederación de Trabajadores de México (CTM), la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) y sindicatos sumisos. Las centrales, en 2018, fueron expulsadas de la Confederación Sindical Internacional y del Comité y Consejo de Administración (CCA) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por la venta de contratos colectivos a patrones; es el Caso 2694 de la OIT. 

En 2008 gana la elección presidencial el ex-obispo Fernando Lugo en Paraguay, pero cae con un golpe de Estado en 2012; avanzan el partido conservador Colorado y sus candidatos, en 2013 y 2018. 

De 2006 a 2015 prevaleció la democracia en casi todos los países. Este periodo se caracterizó por la negativa a implementar la política neoliberal y sustituirla por la soberanía nacional y popular auténticas, sin destruir el capitalismo del subdesarrollo y la dependencia estructural. Esos gobiernos democráticos experimentaron un tipo de Estado muy diferente al neoliberal, fortaleciendo el Estado Social. 

Salvo excepciones, los gobiernos democráticos no se inclinaron a la izquierda o al socialismo, la mayoría coincidió en la unidad regional democrática. Pero tuvieron experiencias extraordinarias con Cuba y Venezuela y los aceptaron para impulsar la unidad con planes comunes económicos, ecológicos, medios de comunicación y otros. Tomando en cuenta el modelo de los años 80 de la Unión Europea. 

Como se advierte, varios países quedaron al margen del esfuerzo unitario: Chile, Colombia, Perú y otros. Lo que no quiere decir que en ellos no haya habido luchas intensas por lograrlo, como México de 1988 a 2018. 

Para varios analistas internacionales la experiencia latinoamericana fue un avance notable; para otros fue de vanguardia en un mundo que se derechizaba. Lo cierto es que se trata de una experiencia muy amplia, compleja e inédita en la región, que es necesario analizar con cuidado y sacar sus mejores enseñanzas, porque nuevos tiempos y contradicciones profundas abre la crisis del Covid-19 en todos los campos de la realidad, que apuntan a la necesidad de cambios importantes.   

De 2014 a 2020 retorna un neoliberalismo decadente y vociferante 

En los centros de poder imperialista, encabezados por EEUU, advirtieron el cambio en Latinoamérica de 1998 a 2015. Ellos mismos lo fueron atacando momento a momento desde que surgió, como vimos, pero su alarma subió en 2005 y 2006 por la amenaza que significaba la Unidad Latinoamericana y la independencia de los países de la región a la hegemonía de EEUU y sus aliados. 

Lograron atacar y cambiar el rumbo de varios países, los más grandes: Argentina primero, luego a Brasil e hicieron todo lo posible por acabar con Venezuela. Pero sus triunfos han sido efímeros. Veamos si no: en Argentina duró poco tiempo, y nos atrevemos a afirmar que en Brasil con Bolsonaro será similar, cuando el mismo Donald Trump no sabe cómo enfrentar la crisis del Covid-19 en su país y su pupilo más avanzado menos lo ha podido hacer en Brasil. 

Venezuela, con una admirable resistencia, ha librado todo tipo de ataques hasta ahora, por haber iniciado y encabezado consecuentemente la emancipación regional que mantiene, y reclama nuestra solidaridad más que nunca. 

Es cierto que el retroceso quedó en la mayoría de los países, que hubo errores y varios aciertos, que no han sido bien evaluados crítica y autocríticamente, pero también es cierto que con la nueva crisis del coronavirus se abren perspectivas nuevas, que han agudizado las contradicciones que venían de antes, junto con las nuevas contradicciones de 2020, como son la emergencia de salud ante la que no estaba preparado un mundo dominado por la derecha y su política neoliberal. Al contrario: habían destrozado el Estado Social y convertido el derecho humano a la salud en derecho mercantil, profundizando la desigualdad de clases como nunca.    

En 2018 y 2019 las “recetas” del FMI levantaron más protestas que acuerdos en varios países doblegados que obedecieron su mandato: Colombia, Ecuador, Chile y otros. Los problemas sociales de educación, vivienda, pensiones, salud y, el derecho humano esencial: ¡de género!, se agudizaron antes del Covid-19. 

Es decir: antes del Covid-19 ya estaba en crisis el modelo de Estado neoliberal, el “adelgazado”; crisis cada vez más fuerte de 1980 a 2020. Por falta de información, parto de la experiencia mexicana tan común en la región: en 1983 el “Ajuste Estructural” del gobierno de Miguel De la Madrid consistió en reducir los presupuestos de salud, educación, vivienda y las pensiones; política que siguió hasta 2018. Así, los pupilos latinoamericanos de Reagan y Thatcher aprobaban y repetían las clases de sus maestros y se reconocían leales a los “Chicago boys”. Aquella generación de futuros gobernantes formados en EEUU y Europa en los años 70 y 80.  

Es cierto, cayeron muchos intentos democráticos de 2014 a 2020, y descuidamos hasta qué punto se ha debilitado el capitalismo en su fase imperialista actual, sobre todo en 2020: ¿cómo enfrentarán ellos de fondo la crisis de hoy 

En 2020 el Covid-19 pone en crisis la política neoliberal mundial 

¿Qué tipo de Estado puede hacer frente a la crisis del Covid-19 y a la secuela de profundos daños económicos sociales y humanos? Desde luego que no será ni podrá el actual modelo del Consenso de Washington. La naturaleza del Estado neoliberal es contraria a los derechos humanos: el Estado “delgado” resulta inútil ante la pandemia y la crisis económica global, ya que deja el peor y más grave desempleo universal. La decadencia del neoliberalismo viene de antes y, peor aún, la larga crisis del capitalismo monopolista.  

La magnitud y amplitud de la crisis de 2020 es difícil de calcular, pero resulta claro que es la peor y más brutal de 1929 a la fecha. En el mundo se hacen varios estudios, pero desde ya desconfiamos de los pronósticos del FMI, BM y otros, que más parecen viles deseos que análisis, como el que hacen de la caída del PIB de México a menos del 6.6%, coincidiendo con el Financial Times y con la reacción interna: “todos contra AMLO”. Desde luego comete errores, pero la mejor señal de que va bien en lo fundamental, es la reacción de la derecha y del FMI, que tantas “recetas” dio a países de Nuestra América. ¿Quién puede confiar en los lobos? 

Demos la bienvenida a un personaje que hoy exige su digno lugar en toda la humanidad e historia: la mujer y el género, que marcó su lugar al organizar la primera manifestación contra Trump, al día siguiente de su toma de posición como presidente de EEUU. Ellas encabezan las marchas del 21 de enero de 2017, en EEUU y el mundo. Su irrupción no pidió permiso a nadie, al contrario, exigió y ocupó su lugar prioritario en la humanidad, el que le corresponde, haciendo conciencia de que las tradiciones reaccionarias y retardatarias deben desterrarse: el patriarcado, el machismo y otras taras, disfrazadas de virilidad y autoridad. Ellas lucharon por salir de la sombra, de la oscuridad mental que algunos llamaban “un lugar normal”, demostraron que la dignidad se toma, como corresponde a un derecho humano, primario y anterior a todos.  

El panorama actual deja claro: sin la Unidad Latinoamericana no habrá un cambio de fondo en Nuestra América ni en cada una de nuestras naciones. Lograr una fuerza continental estratégica es la gran enseñanza del primer Ensayo de Unidad,  de nuestras luchas de ayer y hoy, de nuestras metas comunes.

¿Qué haremos después del encierro e inmovilidad mundial por esta crisis?


* Abogado miembro de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos y la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas.

Foto de portada: Branimir Balogović (@brandaohh) / Unsplash.






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