SOMOSMASS99
ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 20 de abril de 2020
¿Está rudo verdad?
Lo del encierro no me pesa, total yo vivo encerrada, mi trabajo es de casa, de taller casero, compu casera y pinceles caseros.
Pero entiendo que los que acostumbran moverse todo el día, correr, hablar y sonreír con todos y con nadie se sientan un poco desfasados.
Te diré que ya no sé bien si es lunes o domingo, cambia poco el run-run diario. Veo a mis hijos encerrados en sus cuartos, trabaje y trabaje, y los admiro, no sé cómo se concentran. Yo ando relativamente en la baba, caliente que hemos estado acá a 31 grados diario.
Pero sí me fijo en cosas que logran traspasar mi muro de contención.
La salud acá en casa no es sólo cuestión de virus coronados. Tenemos nuestras pequeñas costumbres hospitalarias y urgentistas y dos veces ya nos topamos con decisiones difíciles.
Una, nada grave pero sí molesta, me lastimé la mano y parecía que algo se había roto por dentro, es decir huesitos no piel. Más de dos días sopesando el “¿voy a que me chequen o no?”. Total sí fuimos, sólo me lastimé no sé qué tendón. Pero eso no es lo importante. Lo duro fue tomar la decisión, no nada más de salir, pero de ir a un lugar en el que a priori hay gente jugando Atari con coronas (broma, es broma, no digas que dije, y sí Atari, que yo soy del periodo antediluviano).[1]
Luego el rollo de los medicamentos. Resulta que en casa se usa mucho la hidroxicloroquina, la sustancia que tuvo a bien declarar el presidente vecino como cura para el Covid-19. Y claro que muchos, muchísimos corrieron a comprar, más que no se necesita-ba receta para hacerlo. Para nosotros es un medicamento indispensable y cuando no hubo en ningún lado, ni en los laboratorios que la producen, lancé un llamado de auxilio en redes sociales. Y conseguimos dos cajas, una nuevecita y otra ya empezada, que nos vendieron a precio bajo, muy bajo cuando sólo le faltaba una pastilla. Gracias a todos, a todos por correr y buscar. Pero no, no gracias a un tipo que decidió que el negocio estaba bueno y que tenía 35 cajas (!) que vendía a más de 40% de su valor real. Una vergüenza para la humanidad. Pude decir que no, no gracias, porque ya teníamos una caja. Pero si no hubiéramos tenido… ¿qué habría ganado en mí, el miedo o la honradez, la cobardía o la responsabilidad civil? ¡Vergüenza, ignominia y rayos (Silver) centelleantes!
Y a la par de todo esto, o al triple o cómo quieras, saber de enfermeras rociadas con cloro, de camilleros golpeados, doctores echados de su edificio… ¡Vergüenza, ignominia y rayos (Silver, Silver, Silver) centelleantes!
Y por otro lado a los doctores, enfermeros, ayudantes de mantenimiento en hospitales y clínicas, los de los laboratorios, los de urgencias se les llama una y otra vez guerreros. Eso he oído en todo caso.
No estoy segura de que el término guerrero aplique. Mira, esto dice Wikipedia, nuestro gran dios moderno del término: “Se denomina guerrero a la persona que tiene la guerra como forma de vida, preferentemente a los pueblos de las civilizaciones basadas en la guerra.”
Pues los doctores que yo conozco no andan en guerra todo el tiempo. De repente van a casa a descansar, a tomar café, a ver a la familia. Y no, las civilizaciones de por acá no se basan en guerras.
Para mí un guerrero que decide ir a la guerra, no es que de repente se le venga encima y a darle con todo. Como los enfermos de cáncer, que apodan así también. Y luego si pierden la batalla, cómo se llaman: ¿“Dados de baja”? Mira que la quimio que viví de cerquitita no tuvo nada de guerra, fue un esfuerzo sobrehumano para llegar a cada día siguiente, prostrado, pero aguantando vara.
Son, estas personas y en mi punto de vista, combatientes, que no es lo mismo y que tampoco es igual. Algo así como “aquí estoy porque debo, porque quiero,- también porque si no, me quedo sin chamba- y tengo miedo, caray, pero vengo diario, es más, me quedo a dormir”. Y el debo y quiero está compuesto de deber moral, de comunión con la sociedad, de humanismo y de espanto también, claro, que no son de palo todos ellos.
El que combate, lo decide así. Ya sea en una guerra de las de bombazos y balazos, en un tribunal de esos que aplican las leyes, en una escuela como maestro, o como lo que estamos viendo hoy, al pie del cañón los que llevan encima los contagiados de Covid-19 tratando de librarla con ellos, por ellos.
La parte de ser víctimas me queda muy clara: entre los que agrede la gente ignorante –y tal vez tan asustada que no piensa- y los que mandan, ora sí, al frente sin armas, pues está claro el asunto. Un tapabocas no es un fusil, pero ayuda, caray, ayuda.
Hoy, en lugar de sobarme el cerebro y sacar múltiples ejemplos y metáforas, escogí darle la palabra a tres de esos combatientes que conozco: dos doctoras, una laboratorista, las dos de la CdMx.
La doctora Mireille Arango es especialista en Medicina de Urgencias con Alta Especialidad en Toxicología Clínica y en un momento tuvo problemas con sus manos, que de tanto y tanto lavar e higienizar, se le empezaron a descarapelar. Y eso que es doctora, vamos, que está acostumbrada a hacer esa clase de maniobras N veces al día. Respondió a mis preguntas como médico, es decir mega súper científico el asunto y al pedirle que se saliera del personaje de doctora, que buscaba yo el “lado humano” del asunto me contestó lo siguiente:
No puedo pensar no siendo doctora. Estoy agotada física y emocionalmente y esto apenas empieza, hay que tratar a todos como si fueran portadores asintomáticos, ésa es la triste realidad, no debemos abrazarnos ni besarnos incluso con nuestras parejas. En la cafetería del hospital no he visto ningún cambio porque la verdad es que no me he asomado, pero al menos se quitaron las mesas y sillas para que no estén ahí de contagiosos. Procuro comer en casa y mis idas al baño son muy escasas por la demanda de pacientes y porque con el equipo de protección personal te deshidratas. Los colegas, la mayoría, entienden la magnitud de problema que se viene encima pero me preocupa que a nivel institucional dicen que hay protocolos de atención, pero la realidad es que ni las instalaciones son las adecuadas, ni los recursos de protección son los que se necesitan y además hacen cosas fuera de contexto, no tengo idea de dónde sacaron la información pero es una desgracia institucional.
¿Habías pensado en sus manos y en sus idas al baño? Yo no.
Cuando le pregunté si podía dormir, si el agotamiento no la ponía tan tensa que los brazos de Morfeo se quedaran a Susana D’istancia, y sobre el rollo que traigo de si son guerreros o combatientes, me dijo: (Bueno escribió, ¡ja!):
Depende del día, la carga de trabajo física y emocionalmente hablando, pero por lo general estoy tan cansada que aunque algo me esté agobiando, sí logro dormir y descansar.
Cuando estudias medicina te das cuenta a lo que te estás metiendo y conozco a médicos que estudiaron medicina por equis razón, y cero es su pasión. Hay algo curioso con nosotros los urgenciólogos, bueno al menos en mi caso, cuando me llega un paciente muy grave o incluso sin signos vitales y empezamos la reanimación cardiovascular, ya no libero adrenalina y eso se explica porque te acostumbras a recibir y manejar a este tipo de pacientes y a tomar decisiones en segundos. Sin embargo, en estos momentos de pandemia cambian muchas cosas en relación al manejo del paciente grave, todos los pacientes que llegan a urgencias son Covid positivo hasta no demostrar lo contrario, no debemos poner en riesgo nuestra salud y si tengo que elegir entre el paciente o yo… pues primero yo. Es complicado, muy complicado explicar el miedo que verdaderamente se siente al estar con pacientes infectados; las ovaciones se agradecen pero no te protegen y no somos héroes, somos humanos que nos tocó estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, nos tocó y hay que trabajar.
Nuestros mexicanos están demostrando en muchos lugares gran ignorancia al agredir a los compañeros médicos y enfermeras, y eso es el reflejo de la terrorífica combinación de: falta de información + falta de educación + gran ignorancia. Es desesperante, decepcionante y alarmante darte cuenta que no tenemos una autoridad capaz de poner límites a algo tan serio.
Como breviario cultural, la doctora Arango atendió a una persona que no avisó, o no lo hizo su familia en todo caso, que tenía Covid-19. Tuvo que quedarse aislada, los días de rigor, antes de poderse hacer una prueba, la cual resultó negativa. ¿Imaginas el miedo? ¿El nervio? ¿El enojo?
Total, que con resultado en mano regresó a urgencias. Porque quiere. Porque debe.
Luego, otra doctora con la cual hablé, que yo no conocía desde endenantes, y que me ha estado cuidando como si “fuéramos carnalas, wey”, eso dijimos, y que está de acuerdo conmigo en la onda de las cadenas humanas, las manos extendidas y apretadas. Me mandó varias ideas. Una de ellas ya se publicó acá en SomoMass99, que la verdad escribe re-bien Martha, porque se llama Martha, doctora Martha Heredia. Te pongo la liga al final.
La doctora Martha Heredia es médico generalista -dice ella que por lista y digo yo que por generala- y hasta hace unas semanas trabajaba en una prepa, pero el llamado del sistema de salud fue imperativo, y ahora está en el triage en Pediatría, CdMx. Es de las que ya tiene 60 años, pero no le aunque. Y van así como me las mandó, estas palabras que emanan de un intercambio suyo con una amiga/colega:
Z0 (Zobra) Miedo
Tengo un miedo terrible que no me deja en paz.
Espero que todos salgamos bien de todo esto.
Te abrazo con el corazón, querida Martha.
Querida Nelly, no eres la única, son las cinco de la mañana, me desperté con la garganta seca, arenosa, la siento un poco inflamada desde anoche, y siento me falta el aire. Entré al sanitario, veo mi rostro, cansado, asustado, y empiezo a respirar con mayor profundidad. Buscando en mi mente la calma, me doy cuenta que respiro bien, con un poco de opresión en el pecho que va disminuyendo poco a poco conforme inhalo y exhalo varias veces. No quiero utilizar el oxímetro, por miedo, mi saturación es de 94%, 95%, máximo 96%, y temo en este momento, en que la oscuridad está por abandonarnos, encontrar dígitos menores a mi ya conocida ligera hipoxia.
Hace muchos años, veinticinco para mayor exactitud, dejé de fumar, yo digo que esa es la razón de esta sensación parecida a los últimos respiros de vida, digo parecida porque no la conozco todavía, aunque he vivido ese momento difícil en la mujer más amada, mi madre.
Mientras hablamos, me di valor, tomé con mi mano temblorosa el oxímetro, respiré profundo, llegué hasta 97% y luego lentamente, mirando, con los ojos bien abiertos las cifras, lentamente descendiendo hasta mi ya conocido 94%.
Con la luz que amanece, te digo que tengo miedo también, que no tenemos equipo de protección sanitaria, salvo cubrebocas, que estamos comprando lo que hay en el mercado acaparador, o sin suministro de las grandes empresas trasnacionales de estos dispositivos.
Esas siete horas diarias de tensión, traer algo a mi familia, a la comunidad donde habitamos, eso es también una responsabilidad más.
Sigamos platicando, podríamos formar un grupo virtual para abrazarnos en solidaridad, ayudando a nuestra salud mental y emocional.
Desde esta recámara, mi guarida, mi búnker seguro, te doy un cariñoso abrazo.
Martha Heredia Ávila.
Día 42 de la primera persona con COVID19 en México.
Sí, hay personas que cuentan los días, yo no he logrado calcular.
¿Por qué te hablo del miedo de los que andan entre contagiados? Para que veas que no somos los únicos tú y yo, no somos cobardes… Y la valentía no se mide sólo en lo que haces si tus poderes son médicos, también con los demás poderes, hacer sonreír, cocinar, tomar el pesero con cuidado y cuidar, cuidar, cuidar a los demás.[2]
Y la verdad, valen más las palabras, no importa si son guerreros, combatientes o qué. Importa la parte que en la que los estamos victimizando, unos al actuar, otros al callar.
Y la parte en la que están. Y la parte en la que sólo se puede decir “gracias”, palabra que no significa nada si no se le pone el corazón.
La liga prometida: https://www.somosmass99.com/sin-aire/
[1] Antediluviana te digo, antediluviana.
[2] Ahora resulta que siempre sí soy solidaria a pesar de envolverme en mi letargo casero.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Imagen de portada: Gwenn-Aëlle Folange Téry.
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