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Martha Heredia Ávila*
Martes 14 de abril de 2020
Todo síntoma, cualquier malestar sentido de manera subjetiva, debe, en la atención médica, ser de trascendencia diagnóstica.
En los tiempos del Covid-19 (así se le llama a la enfermedad pandémica cuando ya está diagnosticada, es un caso positivo) y en cualquier otra enfermedad, la sensación de falta de aire es subjetiva. Es decir, lo siente, vive, el o la paciente, sin existir evidencia, sólo lo percibe, por ende sustancial. Cuando ésta se convierte en un dato objetivo, por la evaluación médica clínica y un pequeño dispositivo llamado oxímetro, es un signo, una señal que hay que seguir como acto detectivesco, pensar rápido, no cejar, y con suma atención; está de por medio la vida.
Para este mal que nos acecha, la pandemia por el virus SARS-CoV-2, mejor conocido como Coronavirus (hay varios tipos de ellos), la falta de aire, la dificultad respiratoria en el diagnóstico ágil y rápido es el dato con mayor puntaje (según la tabla modificada, adaptada por médica del sector salud mexicano, que para la práctica diaria se adoptó, en la sospecha clínica, y que sigue en acción el/la médico- detective).
- Dificultad para respirar, 20 puntos.
- Supera a la fiebre de 38°C , al dolor de cabeza, a la tos seca, cada síntoma con 5 puntos.
- A la secreción nasal, el dolor muscular, el articular, el dolor de garganta, la conjuntivitis y el dolor torácico sólo se les otorga el valor de 1 punto.
La, o el paciente con menos de once puntos se envía a su casa, con todas las acciones sanitarias a detalle, mientras las autoridades sanitarias, locales y federales, dan seguimiento al o la paciente citada. De ahí, a más puntos, se canaliza a la atención por especialistas y debe darse atención hospitalaria.
Respirar conlleva una doble acción, dos momentos de vida: uno, aspirar, sentir el ingreso suave del aire cuando roza las paredes húmedas de nuestra nariz hasta las estructuras minúsculas llamadas alveólos (pequeñas bolsas o celdillas como los panales de miel); y el segundo, espirar, la lenta salida de éste, desintoxicando al líquido rojo brillante que recorre a gran velocidad todo nuestro territorio corporal. La baja de oxígeno celular requiere intervención; una pronta, serena y firme acción profesional, dando al enfermo/a en lo posible paz y seguridad (difícil labor).
Liberar del engrosamiento, congestión o resistencia que limita el paso de oxígeno al conocido como «árbol respiratorio» es vital. ¡Qué metáfora! El árbol genera oxígeno, esa molécula diatómica, indispensable para cada una de las millones de estructuras que nos conforman, las células; ellas nos dan vida, energía para seguir viviendo, para servir a los demás, compromiso encargado por nuestro origen. Árbol respiratorio, que en el final de sus ramas posee pequeñas celdillas como panales de miel. No cabe duda, ¡somos naturaleza!… a su imagen y semejanza.
Día 47 del primer caso de Covid-19 en México.
* Martha Heredia Ávila es médica egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. Creación Literaria, en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
Foto de portada: Engin Akyurt (@enginakyurt) / Unsplash.
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