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La docencia en los tiempos del coronavirus

Diálogo País / Top News / 20/05/2020

SOMOSMASS99

 

Agustín Ramírez Agundis*

Miércoles 20 de mayo de 2020

 

Durante 44 años me he dedicado a la docencia en instituciones públicas de educación superior impartiendo cursos de diferentes materias de la ingeniería electrónica, con mayor énfasis en las de diseño digital. Con la experiencia lograda a través de tantos años pudiera pensarse que estaba preparado para enfrentar situaciones adversas o imprevistas que pocas veces dejan de estar presentes cuando uno intenta contribuir a que todos los estudiantes aprendan.

Pero esta vez llegó el malvado coronavirus y ése sí acabó con el cuadro. El letal virus vino a poner de manifiesto que el sistema educativo no estaba preparado para hacer frente a situaciones extraordinarias. La organización, la infraestructura, la metodología, la preparación de los profesores, los materiales de estudio, los recursos escolares de los estudiantes, las habilidades  y las técnicas de enseñanza-aprendizaje, todo en su conjunto, no había alcanzado la madurez requerida para haber podido continuar el desarrollo del ciclo escolar de manera virtual con el nivel necesario para alcanzar los objetivos educacionales: el logro de las competencias, como se dice ahora.

Todo comenzó el 14 de marzo, esa fecha que ahora nos parece tan lejana, cuando la Secretaría de Salud anunció el inicio de la Jornada Nacional de Sana Distancia oficialmente para el lunes 23 de ese mes; ese mismo día la autoridad federal a cargo de la institución donde laboro publicó una circular a través de la cual informó que el último día de clases y actividades académicas sería el 20 de marzo, para reanudarse el 20 de abril. Luego, el 17 de abril, la misma autoridad informó que a partir del 20 de abril las actividades continuarían a distancia por medio de la plataforma institucional.

Todo eso es lo oficial. La realidad es que la semana que transcurrió entre el 16 y el 20 de marzo, semana clave en tanto que fue considerada por quienes programaron la Jornada Nacional de Sana Distancia para ser utilizada con el fin de comunicar y acordar con los estudiantes los mecanismos de trabajo y la adecuación de fechas y formas de evaluación, simplemente se perdió. En Guanajuato, el gobernador, con una postura más política que técnica, decidió  acelerar la suspensión de las actividades docentes y la adelantó para inicios de esa semana.

En el caso personal, estos casi tres meses han sido de mucho apuro y aprendizaje. A pura prueba y error, tratando, ante todo, de mantener el interés de los estudiantes por continuar a pesar de las condiciones francamente adversas en la mayoría de los casos.

Comencé a lo fácil, siguiendo al pie de la letra un libro de texto y seleccionado ejercicios del mismo para que los estudiantes los resolvieran. Pensaba que utilizar como base ese texto, bastante bien estructurado, con buen número de ejercicios y acompañado de casos prácticos de estudio, pudiera facilitar el autoaprendizaje. En parte por cuenta propia y en mucha mayor medida porque así me lo hicieron saber los alumnos, tomé conciencia de que les hacía falta orientación más directa para comprender los temas y resolver los problemas.

Elaboré presentaciones que les hacía llegar a través del correo electrónico, también grabé videos que puse a su disposición, abrí un canal de youtube para subir allí videos donde expusieran  sus trabajos para compartirlos así entre todos, etcétera.

Al final de cuentas he llegado a una serie de conclusiones:

Una, en la docencia se vale y en ocasiones es enriquecedora la improvisación, pero todo tiene un límite, incluso la improvisación se debe planear, aunque suene paradójico.

Segunda, la actitud del estudiante ante el autoaprendizaje no se ha sabido fomentar y promover a través de la experiencia propia.

Tercera, una cosa es saber manejar las herramientas audiovisuales que nos brindan las computadoras y el Internet y otra muy distinta es conocer la manera adecuada para hacer uso de ellas metodológicamente hablando.

Cuarta, un buen número de estudiantes no cuenta en casa con los recursos tecnológicos mínimos para el aprendizaje a distancia, incluso algunos ni siquiera para mantener la más mínima comunicación.

Quinta, la interacción directa y al momento entre el estudiante y el profesor es muy difícil de reemplazar repentinamente. Es necesario un proceso previo y sistemático de adaptación que gradualmente conduzca a una menor interdependencia y a nuevas formas de retroalimentación.

Sexta, la urgencia de la situación generada por el coronavirus nos ha obligado a experimentar en el uso de nuevas herramientas, métodos y sistemas de los cuales poseíamos un conocimiento y domino desigual por parte de estudiantes y profesores, mismo que habrá que evaluar y hacer nuestro de modo más consciente una vez pasada la contingencia.

Hoy, en el ánimo de todos, directivos, profesores y estudiantes, está en el centro el problema de la evaluación. Este asunto de asignar una calificación, incluso más si se trata de decidir entre apuntar con el dedo gordo hacia arriba o hacia abajo, no es algo nada fácil, incluso en situaciones normales. En condiciones extraordinarias, como las que hoy vivimos, es también necesario aplicar mecanismos y criterios no ordinarios. Es imprescindible tomar en consideración lo que menciono en la cuarta conclusión: la evidente desigualdad en las condiciones de estudio en casa y en las posibilidades de acceso a los recursos tecnológicos. Está también  el hecho constatado de que un considerable número de alumnos se han visto obligados a trabajar para suplir el desempleo del padre o de la madre como consecuencia de la contingencia sanitaria.

Los estudiantes están viviendo una situación de mucho estrés, provocado por un conjunto de circunstancias: el aislamiento, las limitaciones económicas, el exceso de trabajo escolar como consecuencia del autoaprendizaje, la escasa o nula posibilidad de la actividad física, el reducido espacio físico en la casa o departamento ahora compartido entre todos los miembros de la familia la mayor parte del tiempo.

Antes de cerrar este breve comentario comparto tres reflexiones expuestas por sendos estudiantes:

“Físicamente estoy bien, mentalmente a veces sufro de crisis pero son momentáneas y no les tomo tanta importancia, considero que es algo que podría solucionar por mi cuenta. Sufro de estrés a tal grado en que aprieto mis dientes al dormir y me he enfermado de colitis nerviosa, probablemente por eso y por problemas que he estado sobrellevando un buen tiempo. Por otro lado no hago ningún tipo de ejercicio físico”.

“Para atender las clases virtuales compro tarjetas para teléfono celular ya que en mi casa no hay servicio de Internet, vivo en una comunidad rural y la conexión es muy lenta. No tengo videocámara ni micrófono para atender las clases virtuales, tengo que usar unos audífonos económicos que compré en el tianguis y con ellos escucho las clases virtuales. Algunos profesores me han pedido grabar videos, pero no cuento con los recursos para ello, así que me he visto obligado a trasladarme a la casa de otros compañeros. En veces tengo que subirme a la azotea de mi casa o salirme a la calle a realizar mis trabajos para tener cobertura o acudir al templo de mi comunidad para tener acceso al Internet”.

“Despierto a la 8 de la mañana, hago las tareas utilizando la computadora que comparto con mi hermana; a mí me toca en las mañanas y a ella en las tardes. En la tarde ayudo a mi mamá a atender la tienda hasta las 10 de la noche”.

Por mi parte, he modificado diametralmente el formato y el propósito del trabajo que estoy realizando en las condiciones actuales, eso a lo que le llaman clases virtuales. El formato consiste en utilizar las videoconferencias como el principal medio de interacción con los estudiantes para estar en contacto más directo. Mi propósito primordial ahora es el de contribuir a que exista  la mejor y mayor comunicación posible entre ellos, tanto para suplir unos con otros sus carencias, sobre todo las que tienen que ver con sus limitaciones tecnológicas y económicas, como para aprender en equipo y no individualmente. Por esto, el principal criterio para la evaluación será el grado de comunicación entre ellos.

Bueno, todo es seguir poniendo el esfuerzo tratando de transitar por este camino tan desconocido lo mejor que se pueda.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

[email protected]

Foto de portada: Alan Navarro (@alannavarro) / Unsplash.






Luis López




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1 Comentario

el 23/05/2020

tuve la oportunidad de ser colega de Agustín durante 34 años, lo respeto y admiro sobre todo por su capacidad, su responsabilidad y su solidaridad social. Su artículo como siempre muy puntual y certero, sin embargo, como se deduce, el cuenta con los recursos y conocimientos para adaptarse a la mejor estrategia que favorezca a sus alumnos; mi inquietud que me despierta el artículo, es que estará sucediendo con los profesores que no cuentan con dichos recursos.



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