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La idea que llevó al hombre a creer que podía dominar la Tierra

Diálogo País / Para Ver, Oír y Comer / Top News / 20/05/2020

SOMOSMASS99

 

Sara Rivera*

Miércoles 20 de mayo de 2020

 

Una pequeña palabra trazó el destino en favor de la banalidad masculina (ser el dominus: propietario o Señor), aunque ello implicara la destrucción de todo lo bueno de la vida.

 

Recientemente la Tierra, antes doblegada, conmovió los cimientos del hombre moderno. Sin embargo, miles de años han pasado desde que el ser humano cultivó la tierra por primera vez y extrajo de ella semilla y frutos; de sus entrañas saca minerales y recursos. La explotación de la naturaleza, su desertificación y extinción (el ocaso alarmante de animales) son la consecuencia de esta primera intervención que fue modificando el ambiente gracias a sus avances tecnológicos e ideológicos. Mas ¿qué incentivó al ser humano a creer que podía someter a este mundo hasta la aniquilación, como si fuese su dueño?

El desarrollo de esta narrativa brutal se gestó mediante préstamos ideológicos entre culturas desde hace casi tres mil años atrás, misma que se difundió lentamente durante siglos por territorios, culturas y lenguas de manera diversa. Una forma de trasmisión operó a través de traducciones y neologismos empleados por los intérpretes del texto hebreo (el Pentateuco), que luego pasaron al griego, de ahí al latín y más tarde al castellano, por citar sólo un ejemplo.

Por otra parte, no se discute que el escritor abre la puerta a una nueva realidad, en tanto que el traductor la interpreta, expone o impone en una segunda lengua: lleva de una algo nuevo a su cosmovisión. Asimismo, traducir, por qué no decirlo, es mentir. Esto ocurrió con las culturas que tomaron del Génesis (1: 28) la idea de “[…] llenar la tierra, sojuzgarla, y gobernar […] en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. Podemos corroborar lo anterior a partir del original al que ahora se tiene acceso gracias al Internet y otras fuentes. 

En este sentido, el texto escrito en hebreo originalmente decía: “[…] arrebañad la tierra, y estad al frente de ella, y cuidad de los peces del mar, de las aves de los cielos, y de todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. Algo semejante ocurrió con muchos otros textos antiguos que han gestado en buena medida la historia y desarrollo de la civilización actual, por lo menos en Occidente. 

De esta trágica y sencilla práctica de “traducir” puede conformarse un corpus de ideas y hechos que se encaminaron a gobernar la tierra en su sentido militar que ofrece la traducción del texto en la lengua latina y no como el original proponía como “arrebañar” o “rebañar” que, según el Diccionario de la Real Academia Española, significa “juntar y recoger algo, sin dejar nada”, tal como lo hace el pastor que recoge su rebaño para resguardarlo por la noche (RAE, 2014). 

Por supuesto, podemos creer que una idea, una creencia o un libro pueden influir en una persona, pero no en un pueblo y menos aún afectar el destino de una civilización. Ciertamente son muchos los componentes que edifican una cultura. Sin embargo, no puede desdeñarse el hecho de que se han enarbolado conceptos y nociones para justificar acciones ilegales o irracionales como la violencia o el exterminio, que beben de esta fuente. 

Está, por ejemplo, el debate que alguna vez sostuvo el clero y la corte española en 1550-1551 (siglo XVI) en torno a dos visiones basadas en una creencia religiosa respecto de las culturas recién conocidas por ellos. La primera defendía el derecho de los españoles a dominar a los indígenas con el fin de reducirlos a servidumbre y esclavitud por ser estos incapaces de gobernarse a sí mismos. Y la segunda abogaba por creerles seres racionales capaces de actuar con la misma capacidad, crueldad y gobernanza que cualquier otro humano. Sin duda, al paso de los siglos, ambas ideas fueron sembradas en la Nueva España, dividiendo para siempre el espíritu de su pueblo y aún vigentes en ciertos grupos sociales.

Otro ejemplo reciente puede hallarse durante la pandemia, donde personas (por miedo, ignorancia, desconocimiento) han agredido al cuerpo médico dedicado a la atención de los enfermos por Covid-19. Atacan también a animales “trasmisores”, y la crueldad se exacerba en un espiral incontenible, que encuentra un agujero por el cual manifestarse. Sin duda, estas acciones están soportadas en interpretaciones y creencias que prevalecen, no del virus, sino de algo más antiguo y cínico, cuyos pies son esas creencias antiguas que han derivado en irracionables discursos.  

De esta manera, también el falocentrismo hace creer a millones de hombres que tienen dominio (como el dominus latino o “Señor de su casa” con “S” mayúscula asociado a la categoría divina) sobre la Tierra y de lo que en ella habita: hombres, animales; tierras, ríos y campos; de mujeres e hijos; de piedras y semillas; de lo grande y lo diminuto. Pueden, según ellos, tomar de donde no han sembrado lo que no es suyo, y sojuzgar plantas y animales mediante ingeniería genética, sometiéndolos a experimentos inhumanos. 

El error de traducción, contextual e histórico, trastocó la idea primera trazada por los pueblos provenientes de aquella cosmogonía vinculada con la naturaleza y con su noción del “cuidado de la tierra” por “someterla”. Y henos aquí siglos más tarde enfrentados a una coyuntura que parece constituirse como la nueva realidad. La verdad es que la Tierra, sus fronteras, han sido allanadas y su respuesta constituye su única defensa. Lo que acontece este día también fue dilucidado por aquellos antiguos y tomado cuerpo en películas de ciencia ficción, como aquellas donde la naturaleza se manifiesta a través de tornados, temblores y cataclismos. Toma venganza de quien alguna vez se creyó el rey de todas las bestias. 

Por supuesto, el discurso largamente perfilado por Occidente sobre el derecho del hombre a domeñar la tierra se niega a desaparecer. La globalidad y sus oropeles concitan a millones de personas que obtienen beneficios de esta creencia a continuar por el camino de la explotación terrestre pese a la evidente destrucción. Una antigua confusión o un pretexto sustentó culturas y economías. Una pequeña palabra trazó el destino en favor de la banalidad masculina (ser el dominus: propietario o Señor), aunque ello implicara la destrucción de todo lo bueno de la vida.


* Sara Rivera López es doctora en Teoría Literaria, escritora y profesora de Teoría Literaria, Análisis de Discurso, Crítica literaria, Ensayo, entre otras materias en diversas instituciones universitarias (UNAM) nacionales, presenciales y a distancia. Se desempeña como especialista en procesos de lectura y escritura a gran escala.

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Twitter: @Sara_Rivera

Foto de interiores: Elia Pellegrini (@eliapelle) / Unsplash.

Foto de portada: Elena Mozhvilo (@miracleday) / Unsplash.






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7 Comentarios

el 23/05/2020

Muy atinado el análisis que hace la doctora, basado en la literatura e historia originaria de los hechos que nos comenta, lo cual a través del tiempo se ha agravado y ahora esa avalancha de abuso de poder sobre todo y todos es casi o totalmente imparable, agudizandose más en los niveles que gobiernan literal el mundo.

    el 26/05/2020

    Gracias, Oltia, por tus comentarios. Saludos.

el 23/05/2020

Me parece una excelente reflexión de la pandemia con un análisis histórico, de género, psicológico , político y económico. Sara atraviesa todos estos distintos ámbitos en este magnífico escrito

    el 26/05/2020

    Dra. gracias por leer el texto y comentarlo. Saludos.

    el 29/05/2020

    Viviana, Doctora, gracias por tus palabras.

el 25/05/2020

Desde la historia de lo humano y su cultura contextualiza el fenómeno mundial que el covid 19 ha ocasionado a través de la salud en las sociedades y lo resalta como un ejemplo más de la.perversion del hombre.

    el 26/05/2020

    Dra. Gracias por tus palabras, un abrazo.



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