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A bailar con Mike Laure

Para Ver, Oír y Comer / Top News / 09/11/2015

SOMOSMASS99

 

LA MÚSICA DEL OTRO LADO

Homero Flores*

Domingo 8 de noviembre de 2015

De 1939 a 2000, 63 años de edad y mucha, mucha cumbia.

La noticia de su muerte, el 17 de noviembre, en un periódico capitalino disparó los recuerdos. Un viaje interminable, a mediados de 1967, lleva el automóvil de Tucson, en Arizona, hasta Los Mochis, Sinaloa. El Chito iba en busca del amor de su vida. Un amor que nació en un centro nocturno de Nogales y acabó, dos días después, con el enamorado sentado en una banqueta de una calle de Tucson, recargado en un parquímetro y bebiendo cerveza caliente. 

Sólo se sabía que la muchacha era de Los Mochis y que había regresado a su antiguo trabajo de mesera en el restaurante El Gordo y El Flaco. 

Entre Hermosillo y Ciudad Obregón, en el radio escucharon Mazatlán con Mike Laure. La discusión se centró en si el músico había nacido en Sinaloa o en California sin llegar a ninguna conclusión. Aunque tal vez era de Jalisco pues tenía dos canciones dedicadas a Chapala. Años después se supo que era de El Salto, Jalisco, muy cerca de Chapala. 

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Mike grabó mucha música de cumbia y tocó en todos los lugares posibles desde Los Ángeles en California hasta Los Ángeles en la Ciudad de México. Esto no se sabía en el viaje. Tampoco se sabía que su grupo se llamaba Los Cometas y que empezaron, por 1957, tocando rock and roll. 

La verdad es que Mike quería ser el Bill Halley de los pobres e interpretar sus éxitos en español. Pero lo suyo era la música tropical, y así lo vio el productor de Musart que lo escuchó en Chapala y le propuso grabar para la compañía disquera. Tan era así su inclinación por el ritmo estadounidense que en su primer LP un lado era de rock and roll y el otro de cumbia. 

El viaje aquel terminó en una enramada de Marivi, una playita que está entre Los Mochis y Topolobampo. El Chito bailaba solo, borracho otra vez. Nunca encontraron a la mesera que habían ido a buscar, ni siquiera hallaron el restaurante. Bailó un buen rato al ritmo que Mike Laure le cantara desde la sinfonola de a tostón por pieza. No habrían encontrado mejor sica para ambientar una fiesta solitaria, en una playa solitaria una noche tropical plagada de mosquitos. El olor a pescado frito y mariscos era el acompañamiento perfecto para la música caliente del Laure. 

Adiós y guara mi amor, y llora cuando de vuelta yo esté, que yo de dicha también lloraré. No llores, no llores… La canción se repitió interminablemente aquella noche; y El Chito lloraba a moco tendido por el amor de su vida, perdido para siempre. 

No llores, no llores, la canción se repite ahora desde las bocinas estereofónicas de un reproductor de CD, y los recuerdos llegaron y se fueron esparcidos por el viento, como las cenizas del gran Mike Laure esparcidas sobre el lago de Chapala. 

 

* La serie La música del otro lado se publicó por primera vez en la revista MxSinFronteras en 2006. Se reproduce con la autorización del autor.   






Luis López




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