SOMOSMASS99
Ana María Méndez Dardón / Nómada
Guatemala /Agosto de 2018
En un día como hoy, hace 11 años, mataron a mi hermano Pepe Méndez por ser un controlador aéreo que no cedió ante las mafias que cooptaban (y cooptan) el Aeropuerto Internacional La Aurora. Este texto es un tributo para él y para todos los familiares que buscamos que los crímenes de nuestros seres queridos no queden en la impunidad.

Pepe. | Foto: FOTO: Ana María Méndez Dardón / Nómada.
Todos los años rindo un homenaje a la vida de José Méndez Dardón -Pepe-, mi hermano. No es la celebración de su cumpleaños, es el aniversario de su asesinato. Escribo para reivindicar su memoria y no callar ante la impunidad del crimen que le quitó la vida.
Guatemala es un bello y horrendo país, exclamó Otto René Castillo. Aquí no vivimos, aquí morimos. Aquí nos matan. A Pepe, como muchísimos en Guatemala, lo mató la impunidad porque ésta no es más que una afable invitación al crimen. ¿Quién o quiénes? ¿Por qué? Son las preguntas que como familia, nos hemos hecho los últimos once años.
Pero no solo fue la impunidad, también lo mató la corrupción: esa podredumbre fétida del sistema de justicia que protege a los delincuentes de cuello blanco que operaban (y siguen operando) en el Aeropuerto Internacional La Aurora. Criminales con un nivel de conciencia animal que matan como si nada, ya no se diga otro tipo de crímenes. Pepe trabajaba en Aeronáutica Civil y por afectar intereses oscuros de estructuras criminales que han cooptado y controlado al aeropuerto, le quitaron el derecho a vivir y disfrutar de su familia, de sus dos hijos gemelos que con siete añitos perdieron a su papá.
Ya no me salen las palabras para explicar a detalle la lucha y lo que hemos pasado como familia para que a Pepe se le haga justicia. Me viene un vértigo al recordar todas las reuniones infructuosas en el Ministerio de Gobernación, las largas esperas en salas del Ministerio Público, las audiencias repetitivas en Tribunales, abogados mafiosos leyendo machotes y defendiendo a delincuentes. ¿Qué más les puedo decir? Pasamos hasta por una exhumación del cuerpo de Pepe por la negligencia e incapacidad en la investigación del caso.
Mi vida y la de mi familia fueron truncadas ese 17 de agosto de 2007, se marcó una pausa y ya nada volverá a ser igual. El daño está hecho y ninguna sentencia nos regresará a Pepe.
Con toda mi solidaridad, hoy quiero extender este homenaje a todas las víctimas que, como Pepe, han pasado a ser para la justicia, un número más en las cifras de impunidad de Guatemala. Maynor y Héctor Lucas, Claudina Velásquez Paiz, Juana Raymundo. ¿Cuántas madres, hijos e hijas, hermanas seguimos llorando? Mando un abrazo solidario a todas aquellas familias que lloran a un ser amado, a los familiares de los y las dirigentes de campesinos recientemente asesinados, a las viudas de los pilotos.
Nuestra experiencia nos ha enseñado que hay que resistir para vivir y ser felices; y aunque el dolor nos permita vivir “un día a la vez”, no debemos de perder la esperanza para que en Guatemala algún día podamos, como lo anheló Otto René Castillo, ser humanos, comer, reír, enamorarnos, vivir la vida y no morirla.
Imagen de portada: Pasillo del Aeropuerto La Aurora. | Foto: Javier Aroche.
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