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NO TODO ESTÁ PERDIDO
Agustín Galo Samario
Pablo Gómez, quien dirige la Comisión Especial del PRD para investigar la postulación de José Luis Abarca a la presidencia municipal de Iguala, Guerrero, descubrió lo que todo mundo suponía: la corriente de Los Chuchos lo hizo candidato sin debate público ni a través de algún medio, asamblea o reunión dentro o fuera de ese instituto político.
De acuerdo a la información difundida ayer, el diputado federal Sebastián de la Rosa lo invitó para convertirse en abanderado de su partido y el ahora ex gobernador Ángel Aguirre Rivero decidió que así fuera. El ex secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, no informó a la dirigencia nacional perredista que había una denuncia anónima en contra del ex edil y de su esposa, María de los Ángeles Pineda, por enriquecimiento ilícito con recursos del crimen organizado, ni respondió a las solicitudes para que informara si la pareja tenía vínculos con grupos criminales relacionados a los hermanos Beltrán Leyva. La investigación de la Procuraduría General de la República (PGR) concluyó que no era procedente el ejercicio de la acción penal y, luego de la desaparición en septiembre pasado de los 43 normalistas de Ayotzinapa -a manos de policías municipales-, el entonces procurador Jesús Murillo Karam “no intentó sacar conclusiones sobre los motivos de los actos criminales ni sobre la relación entre las personas que intervinieron directa o indirectamente en los hechos”.
El informe de Pablo Gómez, cuyas conclusiones no por previsibles son menos importantes, se presenta como si obedeciera a un calendario explícito. A un mes de las elecciones en todo el país, pone en entredicho su cercanía con Los Chuchos, con los que se había juntado pocos años atrás, y hace suponer que el resquebrajamiento del PRD no se ha detenido.
Como líderes reales de ese partido, Jesús Ortega, Jesús Zambrano y aun Carlos Navarrete, presidente nacional en turno, deberían explicar a sus militantes y a los ciudadanos qué papel jugaron en el entresijo de intereses que, dirimidos bajo las sombras, hicieron posible la candidatura de José Luis Abarca. Lo hagan o no, el caso Ayotzinapa luce hasta ahora como el punto más negro en la historia del perredismo, culmen de la progresiva descomposición y debacle de una organización política que un día fue de izquierda.
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