SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 29 de marzo de 2019
«Lo cierto es que el desarrollo desigual en México, que ahora se ha querido presentar como encuentro cultural pacífico, fue un traumático choque entre las sociedades prehispánicas hechas de fina cerámica y el acero de la barbarie del conquistador…»
– Jorge Carrión
Los recuerdos del porvenir
Excelsior, 30 de diciembre de 1991 [1]
La polémica que ha desatado la reciente declaración del presidente Andrés Manuel López Obrador con relación a los agravios que se cometieron contra los pueblos originarios en lo que posteriormente sería nuestro país, durante la época de la «conquista» y, agregaríamos, durante la etapa colonial, debe servir para retomar críticamente nuestra historia y entender el porqué de nuestro desarrollo como nación y como sociedad.
En esta polémica han surgido dos posiciones principales: una, que exige al Estado español solicitud de disculpas por agravios, y atrocidades, cometidos durante aquella época y; otra, que demanda el reconocimiento a España por haber traído la civilización a estas tierras.
Ambas posiciones invitan a un examen crítico de la historia, para entenderla en el contexto de la época, comprender las causas por las que ocurrieron determinados hechos y la manera en que se ha dado el desarrollo de nuestros pueblos; cabe aclarar que de ninguna manera con tal examen se intente justificar acciones deplorables cometidas tanto por el Estado español como por el mexicano.
Recordemos que en las postrimerías del siglo XV, cuando ocurre el «descubrimiento» del Nuevo mundo, este hecho se da en una etapa de expansión del capitalismo mercantil; a ello obedeció la conquista, ocupación, colonización y explotación de nuevos territorios y sus pueblos.
La conquista de México significó el inicio de la destrucción de culturas ancestrales y « […] el choque con la cultura, las técnicas, los modos de vida y las instituciones del conquistador, ha de ser mucho más violento que la diseminación del capitalismo mercantil en España y otros países europeos». [2] Además, en esa época, « […] España sufre un evidente atraso económico y técnico, […] espera recibir beneficios inmediatos y no está, objetivamente, en condiciones de imponer un desarrollo acelerado que transforme de prisa el orden social vigente en Mesoamérica [por lo que] el proceso destructivo es lento y accidentado». [3]
De esa época, la conquista y la colonia, heredamos una formación social y un modo de producción, el capitalismo, que iniciaba su expansión a nivel mundial y del que históricamente no hubo forma de sustraernos.
Después de independizarnos de España, los agravios contra los pueblos originarios, y de manera general contra la mayoría de la población, no pocos cometidos por el Estado, no han cesado y se manifiestan de diferentes formas.
El Estado español no se queda atrás. La monarquía mantuvo en el atraso y la pobreza al pueblo durante mucho tiempo, la dictadura franquista lo lastimó severamente y el neoliberalismo que, igual que en nuestro país, con el aval de un Estado dominado por la oligarquía, produce una dramática desigualdad y lacera constantemente sus condiciones de vida y trabajo.
Creo, personalmente, injusto e innecesario ofrecer disculpas por algo malo que hicieron mis ancestros; sin embargo, el conocimiento y comprensión del ´pasado es necesario para entender el presente y cambiarlo en caso que nos sea adverso.
Por ello, a ambos pueblos, español y mexicano, nos sería sumamente saludable, enriquecedor y liberador, realizar el examen crítico de nuestras historias y, quizá, después de hacerlo, podamos en y desde una sociedad nueva, reforzar no tanto nuestra reconciliación sino nuestra hermandad.
[1] Tomado de: Quesada, Marta y Alzaga, Óscar (compiladores). Crítica a la ideología burguesa. Antología de Jorge Carrión. México, Altres Costa-Amic Editores. Primera edición, 2013, p. 305.
[2] Aguilar Monteverde, Alonso. Dialéctica de la economía mexicana. México, Editorial Nuestro Tiempo, séptima edición, p. 22.
[3] Ibid.
* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Instituto de Investigaciones Históricas, Políticas, Económicas y Sociales.
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