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Agua de lluvia

Cote Avello / Para Ver, Oír y Comer / Top News / 24/04/2015

SOMOSMASS99

 

María José Avello*

Estrepitosa, derramándote sobre todo lo perenne,
anuncias tu infrenable presencia, casi con solemnidad.

De cierto, a través de los grandes ventanales,
de mansiones, edificios y miradas,
reposas como un manto que acaricia la ciudad.
Al calor de costosos abrigos y chimeneas
resplandece tu indomable fuerza
que no alcanza a tocar las venas
del indolente habitar guarecido.

Estésica, a los rostros que te buscan
sobre un cemento cada vez más tupido
como un indicio de un algo
que no está del todo perdido
en el corazón mismo de la humanidad.

Y ese corazón, mientras late, parsimonioso,
¿Acaso recuerda que también te vuelves lodo,
en las chozas sin suelo de millones de pies entumecidos?

Tu manar incesante, reverdece la tierra toda,
revive esta inanimada naturaleza
de la que imaginamos ser dueños,
aquella que hemos capturado en jaulas de cristal.
Se funde con la podredumbre de nuestros desechos,
con la densa masa gris que arrastra
hasta nuestros miserables monumentos,
anunciando su venidera muerte.

La decapitación inevitable de todo mito fundante,
donde al final quedarán las palomas defecando
y tu presencia lavando cada ruina abandonada.

Nos lo susurras en las intermitentes garúas
como un secreto que roza nuestros sordos oídos,
Nos lo gritas en tu granizar encarnecido
sobre los techos de lujosos coches
y de antiguas chatarras que resisten al tiempo,
con la porfía de su triste modernidad.
Nos lo cantas, alegremente,
en el tarareo indescifrable de tu murmullo
dentro de cada partícula viva.

El anuncio de un desborde aguardante en la noche de la historia.

Ves pasar los hombres, los caminos, los edificios.
Las bombas, las epidemias, los lamentos que acoges.
Ves pasar las estaciones que llevan año con año
la estela de vida y muerte del desperdicio.

¿Aguardas el renacer del viento salvaje,
galopando sobre valles de azarosa desnudez?
Tal vez con cada ínfima gota de tu inmensidad,
ya has vencido a todas las atrocidades
que aún no acabamos de acometer.

Desde eternidades congeladas respiras como el Kraken.
Para borrar el último rastro de sangre doliente y amarga
sin degollar una sola de nuestras frágiles cabezas,
solo anuncias tu infrenable presencia, casi con solemnidad.

* Socióloga

 






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