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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 16 de octubre de 2020

 

A la reacción interna, que desde su derrota electoral el 1 de julio de 2018 está en la búsqueda de caminos para recuperar el gobierno y sus privilegios parcialmente mermados, ahora se le han sumado organismos como el Financial Times y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Ya contaba con el apoyo internacional de personajes como Mario Vargas Llosa, José María Aznar, Luis Almagro, Mauricio Macri y otros de similar calaña, dedicados a la defensa del orden neoliberal y, por tanto, de los intereses de los sectores oligárquicos, de la alta burguesía y, en general, de la derecha internacional.

En México, con el ascenso del nuevo gobierno, que se autocalifica de antineoliberal (mas no anticapitalista), sectores de esa derecha que perdieron ciertos privilegios derivados de la corrupción, se muestran inconformes y pretenden, a como dé lugar, generarle obstáculos mediante descalificaciones, propaganda con base en mentiras, denuestos y otras acciones que forman parte del arsenal de prácticas sucias de sus similares a nivel internacional.   

Sin embargo, esa derecha padece un enorme desprestigio debido principalmente a las condiciones en que dejó al país tras seis gobiernos de corte neoliberal, en los que prácticamente se despojó a la nación de sus bienes, riquezas naturales, avances sociales, conquistas laborales; además, se lesionó la soberanía nacional y popular y dejaron al país inmerso en un ambiente de desigualdad, pobreza y miseria, violencia, inseguridad, injusticia, corrupción e impunidad.

Ese desprestigio, patente en la debilidad de convocatoria a sus manifestaciones de descontento (lo cual, además, muestra su reducido tamaño como sector social), no ha sido obstáculo para que medios como el Financial Times se haga eco de las descalificaciones al presidente de la República, y el FMI reitere una serie de «recomendaciones» como fórmula única para que el país supere la actual crisis; recomendaciones que fueron fielmente seguidas, y aún superadas, durante seis sexenios consecutivos de gobiernos neoliberales, con el resultado que conocemos y actualmente vivimos.

Estas y otras instituciones instan al gobierno mexicano a cambiar de rumbo. Eso significa, en el fondo, volver a la obediencia ciega a los dictados del capital financiero y los monopolios, y dejar en manos de la oligarquía la conducción del país, a quien no cuestionaron por lo que significó su dominio total en el pasado neoliberal.

Los esfuerzos de la derecha mexicana por recuperar sus privilegios y el control total del gobierno no reparan en obviar las consecuencias de las administraciones neoliberales, que en gran medida contribuyeron al agravamiento de la crisis actual, ni ocultan su deseo de retornar a ese pasado, argumentando motivos de crecimiento económico, sin tocar, para nada, el enorme rezago social que se generó en esa etapa por la desigual repartición de la riqueza y el despojo a la nación.

Históricamente, el retorno de las fuerzas de la derecha al control de gobiernos ha llevado a los pueblos a peores condiciones que las existentes en sus gestiones previas; muestras recientes las tenemos en Argentina, Brasil, Ecuador y Bolivia, por citar ejemplos en esta parte del mundo. En nuestro país no sería diferente.

La derecha en México actúa desde dos frentes principales. Uno, como un sector opositor al gobierno, que organiza protestas, marchas, plantones y a través de los medios de información difunde llamados a la violencia y propaganda sustentada en mentiras, verdades a medias o situaciones fuera de contexto, fiel a los manuales de «golpes blandos». El otro frente, quizá el más peligroso porque tiene miembros o representantes incrustados en el equipo de la presidencia de la República, actúa desde una aparente alianza con el gobierno, como inversionista, presentándose como benefactor y salvador del país, no sin antes asegurar sus elevadas ganancias y exigir continuamente mejores condiciones y mayor seguridad para sus intereses.

Independientemente del frente en que actúan esas fuerzas, su objetivo es el mismo: restaurar, al más corto plazo posible, el orden anterior que a la oligarquía y a la alta burguesía les permitan el control y dominio total del país y sus recursos; y, para sus lacayos, recuperar los privilegios que tuvieron debido a la corrupción imperante en el orden a que aspiran regresar.

Los aliados externos, representantes o lacayos de los monopolios y del capital financiero internacional, miembros de la misma clase social y partícipes de la misma ideología y objetivos, también fueron beneficiarios del despojo a nuestro país; pretenden, con su alianza, mantener y ampliar esos beneficios.

Y aunque para muchos mexicanos la transformación que se propone desde el gobierno carece del alcance necesario para lograr una vida digna para tod@s y el necesario respeto a la naturaleza, ello no debiera ser obstáculo que impida la unidad necesaria para evitar el retorno de la derecha. En estos momentos pudiera ser importante impulsar, críticamente, esta transformación, la 4T, y plantearnos tod@s, de la manera más organizada y democrática posible, nuevos y más ambiciosos objetivos y alcances que conduzcan a una verdadera transformación de nuestra sociedad.


* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Imagen de portada: Concepto.






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