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Alto a la inseguridad o resistencia civil: Colonos de Real Providencia

Sociedad Estado / Top News / 05/05/2015

Agustín Galo Samario / SomosMass99

Lunes 4 de mayo de 2015

 

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Vecinos de la colonia Real Providencia reclaman al comandante de la Policía Municipal, Rosalío Ramírez Romero por la ola de robos y la ineficiencia de las autoridades.

Ante la ola de inseguridad que padecen y la ineficiencia y corrupción de las autoridades, habitantes de la colonia Real Providencia advirtieron: “Nos vamos a armar… yo ya me armé y al que se meta a mi casa le rompo la madre”, dijo uno. “Mientras se deciden a hacer su trabajo hay que darles donde les duele: no hay que pagar impuestos”, exigió otra.

En una reunión celebrada esta tarde, alrededor de 70 vecinos apabullaron a base de reclamos a Rosalío Ramírez Romero, comandante de la Policía Municipal, y a Juan Pablo Delgado, un joven funcionario que se presentó –acompañado de dos ayudantes- como director de Desarrollo Social, pero que no aparece en el directorio de servidores públicos del gobierno leonés.

La incesante inseguridad ha provocado que los propios vecinos vean sospechosos donde no los hay y generado consecuencias para ellos mismos. Antonio Quintero dijo que su hijo, un estudiante de ingeniería en sistemas automotrices, fue denunciado porque corrió la especie de que hay mecánicos que aparentan acudir a prestar algún servicio pero en realidad se dedican a vigilar las casas para robar. El joven tuvo que presentar una constancia firmada por el director de su escuela para comprobar que en realidad realizaba sus prácticas, aunque eso no evitó que uno de sus compañeros tuviera que correr para no ser detenido.

Otro vecino denunció que en el bulevar Hilario Medina no hay alumbrado público y que varios padres de familia tienen que ir todos los días a recoger a sus hijos al paradero de autobús para que no sean asaltados. Una joven corroboró lo dicho al relatar que una noche fue seguida por un hombre que la empezó a hostigar, denunció lo sucedido a una patrulla que estaba en el lugar pero el policía no hizo absolutamente nada.

María Elena Zapata, presidenta de los colonos, contó que desde hace años pidieron al municipio la instalación de luminarias, pero la respuesta que les dieron durante mucho tiempo fue que no había presupuesto. “Ahora sólo pusieron en dos calles”.

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La falta de alumbrado público en el bulevar Hilario Medina es otro problema; los padres tienen que ir por sus hijos al paradero para evitar que los asalten.

Ante la recomendación del comandante Ramírez Romero para que los vecinos poden los árboles porque en el follaje se ocultan los ladrones, Antonio Quintero intervino otra vez para decir que él ya lo hizo, pero el municipio lo multó.

Conforme avanzaba la tarde las quejas subían de tono. La señora Yolanda Martínez reclamó a los funcionarios que ya ha sufrido demasiados asaltos. “Ha habido balazos. El último fue a las 11 de la mañana y nadie hace nada. A mi hijo le desvalijaron su camioneta en frente de la casa. Mi otra hija y yo lo vimos desde la ventana de arriba. El ladrón dijo que regresaría si llamábamos” a la policía.

Indignada, otra mujer secundó el reclamo: “El otro día los policías se llevaron a un delincuente detenido por los vecinos y al siguiente estaba libre. Pasó y nos saludó burlándose de nosotros”.

En un testimonio más, un señor se quejó de que cerca de una escuela “hay una casa abandonada que utilizan personas que se dedican a vender drogas. Hacen hasta reuniones de hasta veinte gentes, jóvenes, muchachas y señoras llegan ahí. Presenté la denuncia, llegó la patrulla con las sirenas encendidas, vio cómo estaba la situación y se fue. A los tres días asaltaron mi casa”. Entonces enfrentó a Ramírez Romero: “¿Están coludidos con los delincuentes?”.

Ante ello, un señor de mediana edad le dijo: “”Yo vi a una patrulla que se llevaba a un detenido. Luego se paró, bajó una bicicleta, una mochila y el joven se fue. Yo no digo que usted sea corrupto, pero tiene elementos corruptos”. El comandante sólo movía la cabeza de arriba abajo, con una expresión indescifrable, que no permitía saber si aceptaba la colusión de la policía con la delincuencia o si lo que trataba de decir era que le quedaba claro lo que se le decía.

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Enmedio de la reunión para exigir que la autoridad detenga la inseguridad en la colonia, vecinos advirtieron que si no hay respuesta se van a armar.

Entre la indignación, el coraje y la impotencia, por momentos los vecinos se arrebataban la palabra. Dos mujeres coincidían en que no confiaban en las autoridades. Un hombre preguntaba en voz alta: “¿Qué vamos a hacer? ¿Hacernos justicia por propia mano”. O como dijo otra señora: “Yo siento que sólo ponemos nuestra queja al viento. Me asaltaron. Los del Ministerio Público me llamaron pero de forma anónima, querían que fuera para encararme con el acusado y yo no quise ir porque me da miedo. El del MP me dijo que tenía que ir, si no, sería por citatorio o a través de la fuerza pública. Luego vinieron las llamadas, las amenazas”.

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Alrededor de 70 colonos denunciaron ante el jefe policíaco que hay corrupción en la corporación.

 “Aquí señor”, le dijo un hombre al comandante, “se asalta a mano armada. Me robaron, nos ataron, nos vaciaron la casa. Se robaron mi casa y mi tranquilidad siete personas armadas. El día que mataron a Marco (Antonio Hernández Barba) yo lo reporté y nada, no hicieron nada. Nos vamos a armar… ya me armé y al que se meta a mi casa le rompo la madre”.

El asesinato de Hernández Barba, ocurrido el domingo 26 de abril cuando fue asaltado su negocio, fue el catalizador de la indignación de los habitantes de esta colonia: “Ya no nos vamos a dejar. Si no dan una solución, habrá consecuencias”, advirtió otra mujer a los funcionarios. “Que nos digan cuándo nos van a dar una respuesta. Que el comandante nos diga a qué se compromete. ¡Estamos hasta aquí!”.

Jesús Martínez exigió al enviado de Desarrollo Social que explicara si tenía conocimiento de la situación en esa demarcación. Como la respuesta fue un sí, le pidió entonces que expusiera sus propuestas para lograr el bienestar de los vecinos. El funcionario dijo que se recogerían las inquietudes, las sugerencias y que habría una nueva reunión, pero no dio una respuesta concreta. Se limitó, como hizo el comandante, a pedir que se le diera el beneficio de la duda.

Los reclamos incluyeron el de un niño que relató que ya no puede ir a los parques de la colonia porque asaltan todos los días, que juega con sus amigos en las calles y que por eso “la policía me quiso detener”.

Jorge Rodríguez Bolaños intervino para decir que, “para ser claros, los señores no estarían aquí porque estamos unidos y les dijimos que íbamos a entrar en resistencia civil, que no íbamos a pagar impuestos”. Comentario al que se sumó una mujer, quien consideró que “mientras se deciden a hacer su trabajo hay que darles donde les duele: no hay que pagar impuestos”. Porque sobre todo, añadió una joven, “hay muchos abusos de los policías que quieren detener a los vecinos sin motivos”.

Rodríguez Bolaños comentó al terminar la reunión que lo bueno es que los funcionarios se dieron cuenta de que “nada de esto es un invento. Hay gente que está muy preocupada, muy angustiada, que está muy enojada. No solamente los que les mataron a alguien sino a quienes los han asaltado varias veces y no ven la suya. Los señores van a tomar nota, van a ir a decirle al alcalde que la cuerda puede aguantar un poco. O si no van a decirle, hay que tomar medidas porque están muy enojados”.

Cuestionado respecto a si se confía que las autoridades van a actuar contra la inseguridad, respondió que no le queda más que confiar. “La resistencia civil, sí, pero no a lo pendejo. Sí, pero con inteligencia, con cuidado. Las casas con moños negros y el no pago de impuestos, igual, implementarlo pero de manera real, inteligente”.

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Los delincuentes nos amenazan con volver a atacarnos si los denunciamos a la Policía, dijo otro atribulado colono.

Jesús Martínez también comentó que las exigencias a las autoridades son porque se encuentran en una situación de angustia. “No se trata de que solamente te asaltan, sino que hay picados a plena luz del día y ha habido muertes. No es solamente que te quiten tu celular. Reconocemos la disposición de la autoridad, pero realmente no sabemos qué hacer, tenemos el problema de la inseguridad y necesitamos una respuesta pronta. Nos dicen que vamos a tener una nueva reunión con otras autoridades, pero no cuándo.

“Aunado a nuestra angustia de la inseguridad, (la reunión con los funcionarios municipales) nos da la impresión de que hay como un conformismo político más que voluntad de servicio a la comunidad. Así nos ha pasado. Por eso estamos aquí, exigiéndoles”.

Recomendación oficial: todos son sospechosos

Mientras los funcionarios de Desarrollo Social se dedicaron a registrar las quejas y las sugerencias de los vecinos, a quienes pedían identificarse con sus credenciales de elector, el comandante Ramírez Romero dedicó su tiempo a dar una plática a los colonos sobre cómo prevenir los delitos. Para empezar, presumió que “la Policía Municipal se adelantó a las peticiones, fueron testigos del despliegue policíaco en la colonia”.

Luego pidió a los vecinos “denunciar todo”. Para el funcionario cualquier persona merece ser considerada sospechosa: los señores que reparten volantes en fotocopias; las parejas “que se toquetean y echan reja” en el parque, pero que “observan lo que hacemos, observan el momento en que salimos de la casa”; los que lavan coches “eventualmente” y que no son conocidos; los que “vienen a ofrecer servicios”.

“Tenemos que recuperar la zona y volver a la tranquilidad”, añadió, y propuso crear “círculos de seguridad” a través de redes sociales como WhatsApp para denunciar lo que pasa en las calles. “Verán que al rato la policía les preguntará ¿cómo está Real Providencia?, y ustedes responderán: ‘sin novedad’. Tomen en cuenta una cosa: lo que no se denuncia no se conoce, y lo que no se conoce no se combate”.

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Luis López




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