SOMOSMASS99
Esther Sanginés García*
Miércoles 9 de junio de 2021
Lucy González empezaba sus discursos diciendo “Soy una anarquista”[1].
En el momento que me senté a escribir la segunda parte del artículo sobre Lucy (por favor, leer la primera parte en SomosMass99 del pasado miércoles 19 de mayo) me di cuenta que no podríamos avanzar si no les dedicaba un espacio a los anarquistas, pues toda la primera fase de Lucy no se comprende si no nos empapamos de las propuestas de este movimiento que sigue intentando nuevas formas de relación. Veamos, pues, de qué se trata.
Fueron los griegos de la época clásica los que nos dieron las palabras para crear el término; si al prefijo “an”, que significa sin, le agregamos la palabra “arkho”, que quiere decir yo mando, tenemos un primer sentido, como traducción literal de anarquía; “sin persona que mande”, o lo que es lo mismo, “sin jefe” y el primer significado que nos da el Diccionario Anaya de la Lengua Española es “Ausencia de gobierno y autoridad en un estado”. Y como el gobierno está basado en la propiedad privada, los anarquistas están contra todo tipo de gobierno y contra la propiedad privada de los medios de producción[2].
Los anarquistas seducen porque proponen la redención del ser humano, la liberación de todas las cadenas, a partir de la acción individual; para ellos, es la acción la que puede redimir y lograr no sólo la redención del yo, también la resurrección personal por la hazaña, por el hecho. ¿De qué ha de redimirse el ser humano? De la religión enajenante que se usa para explotarlo, de la idea de patria, que separa a las personas, de la forma tradicional de la familia, del Estado y de su gobierno que está al servicio de una clase dominante, de la propiedad privada de los medios de producción y de la opresión sexual.
Los anarquistas consideran que todo hombre, toda mujer debe ser activista, debe liberarse totalmente en el sentido de hacer lo que realmente le plazca; ser uno mismo es más importante que el actuar de acuerdo con teorías sociales, estrategias o programas concretos de cambio. Y desde luego, aunque no lo dicen, mucho más fácil. Antes del movimiento francés de mayo del 68, los anarquistas ya habían considerado “Prohibido prohibir” (todo se vale).
Los anarquistas comparten con los socialistas utópicos el mismo supuesto simplista de que la naturaleza del ser humano es esencialmente buena, este supuesto desconoce la complejidad de las personas, el potencial inmenso tanto para lo que llamamos bien (la cooperación, la solidaridad, el amor, la justicia…), como para lo que llamamos mal (la violencia, el asesinato, la explotación…), y también las posibilidades de transformación que como seres humanos tenemos. Sobre todo en el Siglo XIX y a principios del Siglo XX, estaban convencidos de que la humanidad podía redimirse y los seres humanos liberarse de todas las formas de opresión si ponían el acento en la acción individual, es porque el trabajo personal corresponde a las formas de ser y hacer de los artesanos y campesinos. Su proselitismo a favor de la resurrección personal por la hazaña, por el hecho que reafirma, la crítica a toda forma de religión institucionalizada, del gobierno, de la patria, la familia, el Estado, o la opresión sexual, como cadenas que constreñían las posibilidades múltiples de las personas, tuvieron gran aceptación entre aquéllas que fueron despojadas por el desarrollo del capitalismo, por los que habían perdido sus tierras, su comunidad o sus pequeños talleres habían quebrado con el auge de la gran industria; eran seres desarraigados a quienes la palabra patria no les decía nada, y en cambio sufrían la explotación y la violencia que adjudicaban al sistema y no a las personas que lo creaban y lo mantenían y ante la impersonalidad del sistema gritaban “este soy yo”.
Su propuesta de que toda persona debe convertirse en activista para liberarse totalmente en el sentido de hacer lo que realmente quiera, era para las masas de artesanos empobrecidos y obreros explotados un sueño posible, con la identidad perdida en la muchedumbre, “ser uno mismo” era más importante, probablemente por ser más fácil, que las acciones organizadas, con fines y metas a cumplir; mucho más fácil que estudiar la historia real y conocer las teorías que pueden explicar el funcionamiento de la sociedad y la economía; más sencillo que planear estrategias o programas concretos de cambio y tratar de apegarse a ellos.
A ellos se puede aplicar lo que Dostoyevski escribe al referirse a Aliosha y quienes se le parecen “Lo malo es que estos jóvenes no comprenden que suele ser más fácil sacrificar la vida que dedicar cinco o seis años de su hermosa juventud al estudio, a la ciencia —aunque sólo sea para multiplicar sus posibilidades de servir a la verdad y alcanzar el fin deseado—, lo que supone para ellos un esfuerzo del que no son capaces”[3].
Nos dice Gil Green, en un trabajo muy bien documentado, que el anarquismo es: «El grito angustiado del individuo ultrajado, perplejo, frustrado, ante el monolito inconmovible del poder y de la autoridad establecidos». Green hace, a pesar de las dificultades, una síntesis excelente del anarquismo con su clasificación y agrupamiento en: anarquistas utópicos, anarcosindicalistas, anarcorrevolucionarios, conspiradores anarquistas y anarco pacifistas[4].
Los siguientes son los principios fundamentales del anarquismo:
- Los anarquistas parten del a priori de que el ser humano es bueno por naturaleza y la sociedad es la que crea todos los males[5], por eso entre sus tesis fundamentales sostienen:
- Todo ser humano debe estar completamente libre de presiones externas y ejercer su libertad total en cuanto al bien y al mal, probablemente mientras esté contaminado por la sociedad capitalista cometa algunos actos que podrían juzgarse de malos; pero sin presiones, poco a poco se inclinará al bien.
- Es un imperativo moral oponerse a todas las formas de poder del Estado, especialmente a sus leyes e instituciones.
- No debe existir ningún tipo de gobierno, ni de minorías, ni de mayorías, la mayoría en el gobierno puede ser tan opresora ante una minoría como ésta última ante aquélla. Todos los gobiernos son condenables porque hacen cumplir sus mandatos por la fuerza y porque usan al ejército para resolver disputas entre naciones. Se imponen mediante la guerra o la coerción y no mediante la razón[6].
- La salvación de la humanidad se logrará cuando todo ser humano se declare en contra de cualquier autoridad, social, civil, militar.
Por tanto, hay que derrocar al Estado por la desobediencia civil, permitir que todo mundo alcance la libertad personal, y «abrir la senda que lleva a la emancipación de la sociedad»[7], para ello hay que combatir no sólo la opresión, también el egoísmo, la competencia y las prácticas burocráticas.
El gran problema es que todos estos principios son verdades a medias y por tanto falsos; el anarquismo, más que ninguna otra teoría social, es producto del modo de producción capitalista y significa la protesta desesperada contra la opresión. A pesar de ello, en México y en el mundo tenemos una gran deuda con los anarquistas, entre los más notables están los hermanos Flores Magón, Praxedis Guerrero, Francisco Manrique o Manuel Sarabia y muchos más.
¿Por qué la deuda? Porque algunos han sido excelentes escritores, periodistas lúcidos con imprentas libres y horizontales, otros han promovido partidos políticos con características autogestivas y han sido precursores de grandes revoluciones como la rusa o la mexicana.
El anarquismo original se ramificó en varias tendencias[8]: anarquistas puros, anarco sindicalistas, anarcocomunistas, anarcorrevolucionarios, anarquistas utópicos, conspiradores anarquistas y anarco pacifistas (la clasificación de Gil, no incluye a los anarcocomunistas ni a los anarquistas puros, dos grupos que me parece han ejercido una influencia importante, los primeros en México y los últimos en la guerra civil española, que dieron al traste con varias posibilidades de organización).
En la actualidad, la corriente anarquista se considera la creadora de la idea de autogestión y sus formas organizativas, incluyen un excelente trabajo de discusión cooperativa en pequeños grupos. Entre los anarquistas que trabajan la autogestión en el Siglo XX están Amadeo Bertolo y René Loureau, quienes hacen una investigación interesante de experiencias cooperativas autogestionarias en diferentes países del mundo[9]; sus propuestas concretas son muy interesantes, pues se dirigen a terminar con los privilegios y el monopolio, el establecimiento del crédito gratuito y la organización de fraternidades mutualistas, como asociaciones que deben descansar en contratos libres entre sus miembros. Los productores individuales deben emplear sólo las formas de asociación voluntaria que las condiciones de la producción requieran.
Sobre la complejidad del cerebro humano y sus múltiples posibilidades, el neurólogo argentino Facundo Manes afirma que “El cerebro es la estructura más compleja y enigmática en el universo. Contiene más neuronas que las estrellas existentes en la galaxia»[10]. No sé cómo ha contado las estrellas existentes en la galaxia, o las neuronas que contiene el cerebro, lo que parece una verdad comprobada es que el cerebro es una estructura muy compleja y que afirmar que “el ser humano es bueno por naturaleza” o que “el ser humano es malo por naturaleza”, son simplificaciones que desconocen esa complejidad, derivar de esa simplicidad la idea de que se debe estar libre de presiones externas y ejercer una libertad total, sin límites, puede llevar a la destrucción, y a la autodestrucción. Ya en 1690 John Locke había llegado a la siguiente conclusión: “La finalidad de la ley no es abolir o restringir, sino defender y ampliar la libertad (…) cuando no hay ley, no hay libertad. Pues la libertad debe estar exenta de coacción y de violencia por parte de otros, lo que no puede conseguirse si no hay ley”[11], y así podríamos ir comentando cada uno de sus principios.
Con esta revisión a vuelo de pájaro del anarquismo, en una próxima entrega retomaré a la gran anarquista Lucy González, o Lucy Parsons, las dos formas como ella se hacía llamar.
Nota de la autora:
Este artículo está basado en una investigación que realicé para la elaboración de mi tesis doctoral Movimiento Cooperativo Autogestionario. Teoría y Práctica. Formas Emergentes de Organización del Trabajo en México, D.F. y en Celaya, Guanajuato. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM; Fecha de examen: 17 de mayo de 2001
Referencias:
[1] Lucy Parsons. Ambiguous Anarchist – Unambiguous Opponent of the Woman’s Suffrage Movement. suffrage2020illinois.org/lucy-parsons/
[2] Villanueva Georgina (coordinación editorial), Diccionario Anaya de la Lengua, Grupo Anaya, Madrid, 1991, p. 75
[3] Dostoyevski, Fiódor; Los Hermanos Karamazov, freeditorial file:///C:/Users/Esther%20Sangin%C3%A9s/Downloads/los_hermanos_karamazov.pdf
[4] Green, Gil; La Nueva izquierda ¿Anarquista o Marxista?, Nuestro Tiempo, México, 1972
[5] Esta idea es un desarrollo de las concepciones de Juan Jacobo Rousseau, sobre todo la del buen salvaje.
[6] Esta idea aparece muy clara en Godwin en su libro Enquiry into political justice que apareció por primera vez en 1793, para él la humanidad “debe empezar a prescindir de todas las formas de gobierno y a confiar por completo en la buena voluntad espontánea y en el sentido de la justicia de cada hombre”.
[7] Green (op.cit), p.323
[8] Gil Green los clasifica en cinco, no incluye a los anarcocomunistas ni a los anarquistas puros, dos grupos que me parece han ejercido una influencia importante, los primeros en México y los últimos en la guerra civil española, dando al traste con varias posibilidades de organización.
[9] El libro de Amadeo Bertolo y René Lourau Autogestión y Anarquismo se publicó en México, por ediciones Antorcha, sin fecha; y circuló ampliamente entre cooperativistas.
[10] www.bbc.com/mundo/noticias-54719567
[11] Locke John, The Second Treatise of Civil Government, 1690, Citado por Marina José Antonio, El vuelo de la Inteligencia, Barcelona, 2016, p.212
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo, de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.
Imagen de portada: Características.
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